sábado, 10 enero 2026

Unas rocas de Canadá tienen 4160 millones de años, poco menos que la Tierra

Al azar

En una remota región del norte de Canadá, un grupo de geólogos ha encontrado lo que podrían ser las rocas más antiguas conocidas de la Tierra: al menos 4160 millones de años. El hallazgo, publicado en la revista Science, marcaría un hito en la comprensión del Hádico o Hadeano, el primer eón de la historia terrestre, del que casi no quedan registros materiales.

Estas rocas se ubican en el llamado Cinturón de rocas verdes de Nuvvuagittuq, en la provincia de Quebec. Aunque ya se sabía que esta formación tenía entre 3800 y 4000 millones de años, el nuevo estudio refuerza la idea de que una porción podría ser aún más antigua. Lo notable es que los investigadores usaron dos métodos distintos de datación radiométrica —basados en el decaimiento de elementos radioactivos— y ambos arrojaron la misma edad: 4160 millones de años.

Pero no todos están convencidos. El debate en torno a la edad de estas rocas comenzó en 2008, cuando un equipo de la Universidad de Ottawa publicó una primera datación revolucionaria. En esa ocasión, se empleó una técnica poco convencional que usaba los isótopos de samario y neodimio, elementos presentes en estas rocas basálticas, formadas por actividad volcánica submarina y que carecen de circón, el mineral habitualmente usado en geología para datar rocas por su resistencia al paso del tiempo y su capacidad para retener isótopos de uranio y plomo.

Ante su ausencia, anteriormente se recurrió al isótopo samario-146, que decae en neodimio-142 y cuyo uso era común en el análisis de meteoritos marcianos y rocas lunares, pero nunca se había aplicado con éxito en rocas terrestres. Según los cálculos de 2008, las rocas podrían tener hasta 4300 millones de años.

Una antigua intrusión de magma (las rocas estriadas del centro) en el Cinturón de Piedras Verdes de Nuvvuagittuq tiene 4160 millones de años, dicen los investigadores / Jonathan O’Neil.

La comunidad científica reaccionó con escepticismo, cuestionando tres aspectos: la validez del método, las inconsistencias con otros resultados y las posibles alteraciones químicas en las muestras a lo largo del tiempo. Por ejemplo, cuando se usó otro isótopo de samario, el samario-147, se obtuvo una edad mucho más joven: 3800 millones de años. La diferencia se puede deber a la distinta velocidad con la que decaen estos isótopos. El samario-146 tiene una vida media corta (96 millones de años) y por tanto conserva mejor la información original. En cambio, el samario-147 sigue desintegrándose hoy, por lo que cualquier evento geológico posterior —como el calor generado por el movimiento de placas tectónicas— puede reiniciar el “reloj” radiométrico, dando fechas más recientes.

Para evitar estas ambigüedades, el nuevo estudio se centró en analizar intrusiones de magma antiguo que se filtraron en las rocas. Estas intrusiones actúan como marcadores geológicos claros, ya que su relación temporal con las rocas circundantes es directa. Ambas técnicas de datación coincidieron esta vez, fortaleciendo la hipótesis de que partes de este sistema son efectivamente rocas hadeanas.

Tener rocas completas —no solo minerales aislados— de esa época abre una ventana única al estado químico y estructural de la Tierra en sus primeros momentos. Si se confirma, este descubrimiento no solo nos acercaría a los primeros capítulos del planeta, sino que también cambiaría la forma en que entendemos la formación de los continentes, la evolución de la química terrestre y, quizá, los orígenes mismos de la vida.

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