Denís Paredes Roibás / José M.ª Gavira Vallejo
El temple o témpera es una de las técnicas pictórica más antiguas que se conoce. Ya la utilizaban en Egipto y en la India. Andando el tiempo, fue la técnica principal de pintura en el mundo bizantino y la época medieval y renacentista europeas. Las pinturas sobre tabla de Miguel Ángel están hechas con temple al huevo. Pero después fue sustituida por la pintura al óleo, originada en Afganistán entre los siglos V y IX. Una de sus ventajas es que se conservaba durante más tiempo (el temple de huevo se seca muy pronto).
El experimento
Una superficie adecuada para aplicar la pintura (como papel, tela estirada sobre un marco o madera) se prepara con una capa de imprimación o tapaporos, proponiéndose para ello el uso del material clásico gesso, que es una sustancia de color blanco consistente en una mezcla de un aglutinante con tiza, yeso, pigmento o combinaciones de estos. Su función es sellar y proteger la superficie para que la pintura no la empape. Además, el fondo blanco hará que los colores sean más visibles. Hay que esperar varias horas para que la capa de imprimación se seque.
Mientras tanto, se muelen en un mortero los pigmentos de los que se disponga, en seco y hasta obtener un polvo fino. Estos pigmentos podrían ser, por ejemplo, los siguientes:
- Carbón vegetal, que produce pintura negra.
- Óxido de hierro(III), que se puede obtener de un estropajo de lana de acero que se deja sumergido en vinagre durante dos o tres días hasta que solo se vea el óxido, de color marrón rojizo.
- Dióxido de titanio u óxido de zinc, que se encuentra en algunos protectores solares «naturales»; son pigmentos blancos.
- Azul de Prusia (ferrocianuro férrico), que se encuentra en suspensión en los clásicos blanqueadores de lavandería y que tiene el color de su nombre.
Para hacer la pintura al temple de huevo se echa una cucharadita de este polvo en un mortero limpio, se agregan unas gotas de agua y se comienza a mezclar y moler el pigmento en el agua hasta formar una pasta espesa, suave y sin grumos. Finalmente, hay que separar una yema de huevo de la clara y mezclar la yema con la misma cantidad del pigmento molido, añadiendo unas gotas de agua si costara hacerlo. Con el producto obtenido ya se puede pintar.
Fundamento
En general, una pintura consta de uno o varios pigmentos responsables del color y de un aglutinante que se encarga de cohesionar a los pigmentos y fijarlos al soporte. En la pintura al temple o témpera, el pigmento se mezcla con agua; el aglutinante, temple o engrosador es algún tipo de grasa animal como la glicerina, la caseína, las gomas o la yema de huevo, que es una emulsión de grasas y proteínas.
Las pinturas al temple de huevo tienen colores vívidos y de cierta transparencia, secándose muy rápidamente con un acabado brillante. Eliminar la pintura seca es difícil porque cuando la yema de huevo se expone al aire y la luz sus proteínas se desnaturalizan y las grasas se polimerizan para formar rápidamente un adhesivo muy fuerte. Las proteínas forman enlaces de hidrógeno entre sí y con la superficie. Más tarde se forman nuevos enlaces covalentes.
Bibliografía
- N. S. Gettys. Pigments of Your Imagination: Making Artist’s Paints. J. Chem. Educ., 2001, 78, 1320A. DOI: 10.1021/ed078p1320.
Imagen de cabecera: Greg Hargarten en YouTube.
Este experimento pertenece al libro:
Denís Paredes Roibás, José M.ª Gavira Vallejo: 125 experimentos de química insólita para la Enseñanza de Física y Química. Triplenlace.com, 2025. https://triplenlace.com/aula-libros/125eqi/ .

