Cuando pensamos en un terremoto, lo asociamos casi siempre con un fenómeno repentino, violento e imprevisible. Pero no todos los movimientos sísmicos ocurren así. En las profundidades de algunas zonas de subducción del planeta se producen eventos que podrían pasar desapercibidos si no fuera por la avanzada instrumentación científica actual: se trata de los llamados terremotos de deslizamiento lento.
Estos fenómenos consisten en la liberación de energía geológica acumulada, no en segundos o minutos como en un sismo convencional, sino a lo largo de días o semanas. Su baja intensidad y ritmo pausado los hace imperceptibles para los humanos y no representan un peligro inmediato. Sin embargo, están cobrando una gran relevancia en la comprensión y predicción de terremotos y tsunamis más destructivos.
Un equipo de científicos del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas (UTIG) ha logrado recientemente registrar dos de estos terremotos lentos en tiempo real, uno en 2015 y otro en 2020. Para ello, instalaron sensores especiales en perforaciones submarinas cerca de la fosa de Nankai, una zona de subducción situada frente a la costa de Japón, donde la placa del mar de Filipinas se introduce bajo la placa euroasiática.
Este tipo de zonas, como la de Nankai, forman parte del llamado Anillo de Fuego del Pacífico, un cinturón geológico que concentra una gran cantidad de volcanes y fallas tectónicas y donde se han producido muchos de los terremotos y tsunamis más grandes jamás registrados.

Según los investigadores, los terremotos lentos actúan como una especie de «amortiguador tectónico», liberando de forma paulatina el estrés acumulado en las fallas. Es como una ondulación que se desplaza por la interfaz de las placas.
Estos movimientos suaves pueden desempeñar un papel clave: reducir el riesgo de un gran terremoto al aliviar tensiones, o acumular estrés en ciertas áreas, haciéndolas más propensas a liberar esa energía en un futuro sismo violento. Por eso, su monitoreo en tiempo real resulta tan importante.
Una de las aportaciones más destacadas del estudio es que estos terremotos lentos parecen estar relacionados con altas presiones de fluidos geológicos, y que la parte superior de una falla puede liberar presión de forma independiente al resto de la estructura. Este hallazgo podría explicar por qué algunos tramos de una falla se mueven mientras otros permanecen bloqueados.
El equipo pone énfasis en la necesidad de aplicar esta tecnología en otras regiones vulnerables, como la falla de Cascadia, situada en la costa oeste de América del Norte. Alí se han producido terremotos de magnitud 9 y tsunamis mortales. ¿Está soltando presión poco a poco o está en silencio, acumulando energía para un gran evento?
Gracias a los avances en sensores de alta precisión, hoy es posible detectar desplazamientos minúsculos del suelo, de apenas unos milímetros. Esta capacidad abre una nueva ventana para mejorar los modelos predictivos sísmicos, incorporando estos datos silenciosos pero cruciales.
Aunque predecir terremotos aún no es una ciencia exacta, los científicos están cada vez más cerca de comprender las señales premonitorias. Y los terremotos lentos, aunque suaves y discretos, podrían convertirse en aliados fundamentales para anticipar catástrofes y salvar miles de vidas.
El estudio ha sido publicado en la revista Science y representa un paso más hacia un futuro donde los movimientos más sutiles de la Tierra puedan advertirnos antes de que lleguen los más devastadores.

