El 11 de abril de 2019 una sonda lunar israelí se estrelló contra la superficie de nuestro satélite a 500 km/h. En su interior llevaba una cajita con una «copia de seguridad del planeta Tierra» que incluía una colonia de «osos de agua» o tardígrados, diminutos animales de menos de 1 mm. Dada la altísima resistencia de estos seres a condiciones extremas, lo más seguro es que todavía mantengan una forma de vida, aunque inactiva. Incluso entra dentro de lo probable que la cajita se rompiera y estén sobreviviendo en el suelo lunar.

Ahora bien, no es plausible (de hecho, es prácticamente imposible) que estos tardígrados hayan propsperado y se estén reproduciendo. Son animales acuáticos que, cuando no están en su medio, entran en un estado llamado criptobiosis que consiste básicamente en la pérdida del 95 % del agua de su cuerpo y la creación de protecciones celulares hasta que las condiciones vuelvan a ser favorables. Los adultos deshidratados pueden resistir durante unos minutos temperaturas cercanas al cero absoluto (hasta –272°C) o tan altas como 150°C, y a largo plazo pueden soportar altísimas dosis de rayos gamma. (En la Luna las temperaturas oscilan entre –170 y –190°C durante la noche y entre 100 y 120°C durante el día).
En cualquier caso, no puede decirse que fuera una buena idea llevar seres vivos terrestres a la Luna; ahora el ADN de los tardígrados está allí. No hay que olvidar que contaminar biológicamente otros planetas podría complicar la búsqueda de vida extraterrestre.

