La industria textil, en general, requiere mucha agua, pero las prendas vaqueras se llevan la palma. Producir un solo pantalón vaquero (desde el campo de algodón hasta el producto final) puede requerir entre 3000 y 4000 litros de agua, según diversas estimaciones.
Este volumen incluye el agua necesaria para regar el algodón, la propia fabricación de la prenda y los numerosos lavados por parte del consumidor. Ya durante la producción los pantalones se lavan repetidas veces, lo que requiere casi 100 litros de agua con las máquinas convencionales y aproximadamente un cuarto con las más modernas. Incluso hay procesos que solo requieren unos 10 litros. Por tanto, la clave del ahorro estaría en la concienciación del consumidor: no es preciso lavar la prenda si está relativamente limpia. De hecho, la principal fabricante de vaqueros trata de popularizar este axioma: «cuanto menos laves los vaqueros, mejor quedarán».
Pigmentado de la mezclilla

Como parte del proceso, el tejido vaquero o mezclilla (también conocida por el extranjerismo denim) se tiñe con colorantes sintéticos, si bien inicialmente se hacía con índigo natural (en la imagen se puede ver su estructura química). La producción del índigo natural a partir de plantas indigóferas ya de por sí requiere bastante agua. El artificial también la necesita, además de productos precursores como anilina, hidróxido de sodio, hidrogenosulfito de sodio o formaldehído. Se fabrican miles de toneladas de este tinte cada año para los pantalones vaqueros.
Curiosamente, el tinte que se obtiene es de color amarillo, pero se vuelve azul al ser expuesto al oxígeno del aire (es decir, sufre una oxidación química que altera su estructura electrónica y eso supone que cambien sus propiedades absorbentes de luz). La razón de sintetizarlo de la forma amarilla (forma químicamente reducida) es porque la forma azul (oxidada) no es soluble en agua, pero la amarilla sí. La tela debe ser sumergida en tanques de agua con el tinte disuelto para que se pigmente el algodón.
Encogimiento
Después se lleva a cabo un preencogimiento para darle buena estabilidad dimensional a la mezclilla, hacerla más resistente y evitar que encoja posteriormente. Con esto se consigue que el pantalón sea más duradero. Uno de los procesos para lograrlo es la sanforización, que combina la aplicación de fuerzas mecánicas con vapor de agua. (No solo se da este tratamiento a los vaqueros, sino también a otras prendas de algodón, como las de cama).
Lavado a la piedra
El encogimiento también se previene lavando la pieza. Al mismo tiempo, se vuelve más suave. Cuando la mezclilla se lava mucho puede parecerse a la mezclilla descolorida por el uso prolongado, pero eso es precisamente lo que quieren (y pagan) muchos consumidores.
Otro procedimiento de envejecido es el lavado a la piedra, con el que, además, se consigue aumentar la suavidad y la flexibilidad de la mezclilla y otras telas rígidas, aunque a costa de disminuir la vida útil de la pieza. Se lleva a cabo en un tambor giratorio en el que trozos grandes de piedra pómez golpean y erosionan la prenda.
El proceso es ambientalmente costoso porque se requieren muchos lavados para eliminar la arenilla que se forma. La propia arena contaminada con el tinte ya es de por sí un residuo nocivo; además, se han declarado casos de silicosis en los trabajadores y los ecologistas han denunciado la sobreexplotación de depósitos de piedra pómez.
Procesos bioquímicos y químicos
Otra técnica de envejecido que se emplea es mediante el uso de enzimas celulasas producida por hongos, bacterias y protozoos. Estas enzimas catalizan la hidrólisis del algodón (celulosa) de la mezclilla, rompiendo las fibras. Así los vaqueros adquieren un aspecto desgastado.
Existe también un lavado químico que se lleva a cabo con resina acrílica, fenol, hipoclorito, permanganato de potasio, soda cáustica o ácidos, etc. Hubo un tiempo en que estuvo de moda tratar los vaqueros con piedras pómez y cloro hasta que quedaban casi blancos. Esto también podía conseguirse de forma casera con blanqueadores a base de cloro (como la lejía) o ácido clorhídrico diluido.

