En 2010 se cumplieron 200 años de la Guerra de la Independencia en Ubrique, durante la cual el pueblo fue asaltado y saqueado una quincena de veces. En sus incursiones del 10 y el 13 de junio de 1810 los franceses quemaron las iglesias y el Ayuntamiento, destruyendo también el archivo municipal, que guardaba tres siglos de la historia local. No obstante, ha quedado bastante información en la prensa de la época, en libros y artículos y en el Archivo Histórico Nacional. Aquí presento cronológicamente la historia en base a la documentación a la que he podido acceder.
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1810
Enero y febrero
En enero de 1810 entraron los franceses en Andalucía, extendiéndose rápidamente por la región. Un militar de Jaén llamado Francisco González Peinado, que había participado en el segundo sitio de Zaragoza, llegó a Gibraltar y propuso a las autoridades militares españolas del Campo de San Roque levantar la insurrección en la Serranía de Ronda, para lo cual obtuvo el beneplácito del comandante en jefe. Las acciones de guerra y otras memorias de Peinado las recogió este posteriormente en el Manifiesto que hace a la nación el brigadier D. Francisco González Peynado1. El militar narra así la primera acción importante en nuestra comarca:
El 11 de febrero por la noche llegaron al lugar del Bosque cincuenta y dos coraceros franceses con el objeto de prenderme, según se me avisó por dos confidentes a la villa de Cortes. […] Al pasar los franceses a las huertas de Benamahoma, término de Grazalema, fueron atacados por los paisanos de ellas y del pueblo del Bosque, dejando catorce muertos en el campo y huyendo los demás, siendo este hecho memorable el primer fruto de la insurrección de la Sierra (…).
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Marzo de 1810
El brigadier Peinado era partidario de que la defensa fuera organizada por militares profesionales con el fin de crear una tropa numerosa y disciplinada que pudiera combatir eficazmente al enemigo. Quería que en ella se integraran los “dispersos” (soldados derrotados que volvían a sus casas, vagaban por el país o se enrolaban en bandas diversas) y todos los “patriotas”. Desde Ronda, ciudad que Peinado había tomado con la ayuda de varias partidas de guerrilleros el 12 de marzo (aunque al poco se volvió a perder), dirigió el día 16 este oficio a los distintos pueblos de la Serranía:
Remitirá vmd. circulares para que a las familias de los serranos casados se les suministren cuatro reales diarios de cualquier fondo, sin exceptuar ninguno, y durante las presentes circunstancias, debiendo entenderse con los casados de conocida habilidad con la escopeta. (…) Todos los dispersos que se hayan regresado armados, traten de conducirlos al momento, y al que se oponga me lo traigan atado.
A esto respondía el día 18 desde UbriqueJuan de Lima (probablemente, el fiel de fechos):
(…) en virtud de lo mandado por el señor comandante general inglés que reside hoy con su cuartel general en la villa de Grazalema, se han mandado reunir a la fuerza armada que está bajo sus órdenes los dispersos de esta villa como se está practicando en su puntual observancia con cuantos de esta clase se descubren para el mejor servicio.
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Pero, pese a sus deseos de constituir un único auténtico ejército, Peinado no pudo impedir que algunos caudillos que habían sido aclamados como tales por el pueblo prefirieran luchar por su cuenta contra el invasor, para lo cual organizaron partidas de patriotas, contrabandistas e incluso aventureros y “hampones muy diversos metidos a guerrilleros”2.
En Ubrique, en particular, gozó de gran predicamento Pedro Zaldívar, El Cabrero, natural de la poplación, al que Fray Sebastián3 considera el “héroe más destacado y popular de Ubrique” en aquella contienda. (La escritora gaditana Frasquita Larrea aseguraba que su “valor, constancia y pericia he oído ponderar a los mismos franceses”.) Al parecer, Zaldívar era pastor en la Cartuja de Jerez y emprendió sus actividades insurgentes desde la dehesa del Palmetín, término de San José del Valle, con un grupo de solo doce hombres que alcanzó los 300 en poco tiempo. Actuó en los alrededores de Jerez, el Campo de Gibraltar y la Serranía de Ronda, conociéndosele acciones destacadas en Grazalema, Montellano, Medina, Sanlúcar, El Puerto o Marchena4. Según Fray Sebastián, se incautó de un convoy francés de 16 acémilas y se lo llevó a Gibraltar.
Otro de los caudillos populares en la comarca fue Andrés Ruiz de Zárate, apodado El Pastor, que al parecer ejercía de profesor de matemáticas “aprobado por la Academia de San Carlos”, en Gibraltar, donde se hallaba con su mujer y sus tres hijos desde agosto de 18096. En febrero de 1810 decidió participar en el levantamiento de la Serranía, para lo que contó con la autorización del general Adrián Jácome, que era entonces el jefe militar del Campo de San Roque. Al parecer, en las primeras semanas de la guerra, ya había participado en alguna escaramuza con los franceses en Ubrique o en sus proximidades. Él mismo asegura que el 10 de marzo El Bosque y Zahara estaban en poder de los franceses y que los desalojó de este último pueblo6.
Este guerrillero fue arrestado en 1811 y juzgado en Cádiz por los cargos de “pillaje y bandidaje”5, pero fue absuelto. Después escribió el libro La mas justa vindicación que presenta a sus compatriotas don Andrés Ortiz de Zárate6, donde se defiende de las acusaciones que le hicieron, sobre todo el brigadier Peinado. Según Ortiz de Zárate, él había constituido 52 partidas, por lo cual le corresponderían cierta parte de 3 millones de reales –ya salió el vil metal; desengañémonos: en esta contienda me temo que hubo menos romanticismo del que se piensa– que entregó “a las justicias de Jimena, Ubrique, Benaocaz, Algar, Bosque y Grazalema en efectivo, ganados, paños, tocinos, trigos, harinas, cebada y otros efectos”.
En el juicio contra Ortiz de Zárate salieron a colación unas incriminaciones que la duquesa de Arcos y Benavente,Señora de las Cuatro Villas, hizo contra él. Lo acusaba de haberle robado 53.000 reales. Vamos a relatar los hechos (aunque sea solo la versión del encausado, que es la que conocemos) para mostrar que en esta guerra, como en todas, a menudo los intereses de algunos (potentados) determinaban los acontecimientos. Por lo visto, en torno al mes de marzo un administrador de la duquesa apellidado Cortés pidió a Ortiz, en Ubrique, que le facilitara una partida “para pasar a dicha villa de Zara [sic] a cobrar unos trescientos mil reales que debían a su Señoría los poderosos de allí”. El administrador prometió que de lo que cobrase dejaría una parte a los patriotas. Cuenta Ortiz de Zárate en suVindicación:
Me estuvo importunando muchos días sobre eso, a presencia del Corregidor de Ubrique, de su familia y muchos patriotas, mas al cabo condescendí, y le facilité una partida de cien hombres con los que pasó a Zara, que estaba por los franceses. Hizo su cobranza y me mandó con Juan Ruiz 53 000 reales. Le di recibo de ellos y yo los entregué (…) al tesorero Don Francisco Oliva, exigiéndole el correspondiente recibo.
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En Ubrique también destacaron como instigadores de la rebelión y jefes de partidas Miguel López, Fernando Toro (o de Toro) y el presbítero Juan Sáenz, pero estos parece que sí acataban las órdenes de la autoridad militar (Peinado los denomina “comandantes de Ubrique”), si bien trataron asimismo con Ortiz de Zárate. De hecho, este afirma que en cierta ocasión entregó a Miguel López 10.000 reales (“la mayor parte en napoleones y monedas pequeñas francesas”) y que a fecha 14 de abril estaban bajo sus órdenes Fernando de Toro, como jefe de un centenar de hombres armados (36, a caballo) que debían permanecer con carácter fijo en Ubrique; Zaldívar, que capitaneaba a 40 hombres a caballo en el Palmetín; y el “comandante Plácido”, al frente de 100 infantes también en Ubrique6.
Las maneras contrapuestas de entender Ortiz de Zárate y el brigadier González Peinado la organización de la insurrección habían entrado en conflicto desde el primer momento. Quizá a Peinado le sublevaba que, en algunos pueblos, la llamada de un líder popular convocaba a decenas de voluntarios que, sin embargo, no movían un pie si eran reclamados por una autoridad oficial. El capitán Cauley, secretario militar del Gobernador de Gibraltar, escribe el 8 de marzo a González Peinado desde Jimena:
He salido de Gibraltar con el objeto de observar cuantas cosas sean necesarias al buen éxito de nuestra empresa. Me hallo con facultades bastantes para todo cuanto se ofreciere, y en esta inteligencia debo advertir a V. S. que mi dirección con un grande golpe de gente es hacia Ubrique con las intenciones de alarmar aquel pueblo que parece está tímido por el gobierno, y al mismo tiempo batir á los enemigos si fuera posible que ellos estuviesen en sus inmediaciones.
(Dos días más tarde Cauley vuelve a escribir a Peinado comunicándole que había derrotado a los franceses en El Bosque o en sus proximidades. Este militar inglés también atacó Arcos con una partida de 300 paisanos en la madrugada del 27 de marzo. Salieron de El Bosque el 26 y llegaron a Arcos en el momento en que sonaban las campanadas de las 12 de la noche. En el pueblo había 700 franceses de caballería a los que los guerrilleros hicieron bastante estropicio en su acción-sorpresa nocturna6).
Ortiz de Zárate alaba también la labor de Cauley, y en general, la de los ingleses de Gibraltar:
Si se fuese a valuar lo que estos capitanes ingleses sacaron de Gibraltar para dar en la Serranía, subiría una suma extraordinaria. Yo solo tengo sacado de la Plaza más de 600.000 cartuchos, 400 cartucheras, 300 fusiles, sables y otras armas; testigos de esta verdad, los habitantes de Jimena, Ubrique, Benaocaz, Grazalema y otros pueblos.
El 19 de marzo, el brigadier Peinado fue sustituido como comandante de la Serranía por otra de las grandes figuras de la Guerra de la Independencia en la comarca: el jefe de escuadra (vicealmirante) Jose Serrano Valdenebro, natural de Cortes de la Frontera. Peinado quedó a sus órdenes. Serrano también trató de mantener a raya a Ortiz de Zárate, del que llegó a decir que era un “impostor público y declarado enemigo de la patria”, pidiendo que se le “desbaratara” allí donde se le encontrara1:
Es un verdadero y atroz reo de estado, mucho más perjudicial que los franceses. Debemos, pues, empezar nuestras operaciones militares contra este enemigo interior cuyas ideas principales son entorpecer la formación de cuerpos abrigando los dispersos que han de formar la base principal de la defensa.
Bandera francesa tomada por las huestes de Serrano Valdenebro en la Serranía de Ronda en 1810 (Gaucin.tv)).
Ortiz de Zárate no tenía mejor opinión de Serrano, del que decía que “en nada se había señalado en favor de la patria; antes al contrario procuraba entibiar a los que se consideraban españoles”. Y lo acusaba de haber intrigado en Cortes de la Frontera y otros pueblos para conseguir apoyos de cara a su nombramiento como jefe de la Serranía por la Regencia. Ortiz confiesa que llegó a aconsejar al corregidor de Ubrique que “no contestase a una orden que remitió [Serrano] muy sospechosa”.
El caso es que, por una u otra razón, el 30 de marzo se reunieron en Ubrique, como capital, los ayuntamientos de este, Grazalema, Benaocaz y Villaluenga para solicitar a las autoridades que permitieran a algunos militares ingleses y a Ortiz de Zárate salir de la plaza de Gibraltar –a la que este había vuelto por aquellas fechas–; querían que Ortiz, al que denominaban “Primer Caudillo”, dirigiera la insurrección en la comarca6.
La verdad es que este guerrillero debía de ser muy popular, a juzgar por lo que escribió de él en cierta ocasión el brigadier Manuel de Torres, del que Ortiz fue secretario6:
Certifico que Don Andrés Ortiz de Zárate, conocido por el Pastor, fue puesto a mi instancia por el comandante general, en clase de secretario, y habiendo estado a mi lado en varios pueblos, han demostrado estos una alegría y partido excesivo hacia él, pasando de la raya de la razón, con repique, luminarias, algazara, siguiéndolo los hombres con entusiasmo, manejándose con pureza, lealtad, celo infatigable, deseos vehementísimos por el bien de la Patria, tal sucedió en el Mojón de la Víbora, cerca de Ubrique, en que con la noticia de enemigos fue comisionado con 220 hombres, arrebatándose a cumplir con subordinación, y sujeción, a toda divisa militar, que así se lo previne.
Abril y mayo de 1810
En estas disputas estaban paisanos y militares cuando el 3 de abril los franceses atacaron Grazalema. González Peinado cuenta que1:
en menos de 24 horas redujo a cenizas tres cuartas partes de la población, quedando asoladas las mejores casas, y todas las producciones de lana, aceites, tocinos y demás que componían la subsistencia de sus vecinos, quedando todos en la mayor miseria. Lo más sensible para mí [González Peinado] fue el haber sabido que esta dolorosa escena puedo haberse evitado si el llamado Pastor, que ofreció a aquella villa toda su protección, no se hubiera hecho sordo a los repetidos clamores que le dirigieron, con noticias ciertas de que el enemigo se acercaba, teniendo él a sus órdenes sobre 800 hombres, con los cuales se desvió de aquellas inmediaciones. (…) Los enemigos trataron de repetir la misma escena en Ubrique los días 12 y 13 de mayo, pero se contuvieron por el movimiento que yo hice a tiempo desde Benaoján, por el cual los vecinos de Ubrique se apresuraron a cumplimentarme y llenarme de elogios como su libertador.
Ortiz de Zárate dice que esto es mentira: “Si no llegó [González Peinado] a Ubrique en dos leguas o más, porque estaban ya allí los franceses, ¿quién demonios había de salir a recibirlo?”. En cuanto a la acción de Grazalema, el guerrillero explica en su Vindicación que no intervino inicialmente en ella por encontrarse retirado en Gibraltar, pero que a los pocos días…
Hecho ya jefe, y teniendo noticia de que el jefe de división Baussin mandaba desde Ronda más de tres mil hombres para sujetar la Sierra de nuevo (…) me facilitó el Sr. gobernador de esta plaza [Gibraltar] más de cuatrocientas cartucheras, cartuchos, piedras y otros efectos, y corrí precipitadamente a Jimena, donde alisté unos 300 hombres con sus comandantes, y en pequeñas partidas. Con ellos salí para Ubrique, y alisté hasta 500 hombres, y con esta fuerza, el 6 de abril que atacaban los franceses ya a Grazalema, fui a su socorro (…)
Alega que en Villaluenga se entretuvo porque el alcalde le dijo que los franceses se habían retirado ya, y por “estar lloviendo bastante recio”, pero que luego desmintieron la noticia de la retirada francesa y “corrimos todos a su defensa [de Grazalema]”, llegando tarde.
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Como se ve, las rencillas personales no cesaban, pero parece que los ubriqueños acabaron tomando partido decidido por Ortiz de Zárate porque, habiéndose retirado este a Gibraltar por segunda vez, el ubriqueño Fernando de Toro dirigió esta representación al comandante del Campo de San Roque, el 12 de mayo6:
Excmo. Señor: Don Fernando de Toro, diputado de la villa de Ubrique, y comisionado de las otras de Benaocaz, Villaluenga y Grazalema, a nombre de ellas y por sí, expone a V.E. que hallándose en disposición de morir antes de rendirse al yugo francés y cerca de ser acometidas sin tener jefe alguno que las dirija, pues, aunque se han dado a reconocer a Don José Serrano Valdenebro, al general Jácome y al brigadier Don Manuel María de Torres y Valdivia, los vecinos de ellas no quieren reconocer a otros que a los primeros que los libertaron, cuyos son el Pastor y los capitanes ingleses Cauley y Michell. Al mismo tiempo, también suplica a nombre de dichas villas que se le socorra con alguna tropa inglesa, pues, por poca que sea, entusiasmará y animará a la gente tanto que morirán gustosos en defensa de la Patria, anteponiendo sus vidas a las de estos militares. Los motivos que para esta petición le han movido, a nombre de las cuatro villas, es haber sabido las imposturas que falsamente se han hecho a D. Andrés Ortiz, vulgo el Pastor, cuando me consta que su conducta es irreprensible y digna del mayor elogio. Lo mismo digo de los dos insinuados capitanes, pues su valor tan acreditado y conducta es la más sublime. Por tanto, suplica a V. E. que atendiendo a todo lo expuesto, como igualmente al peligro que se hallan expuestas dichas villas a ser desunidas por la variedad de los jefes que quieren gobernarlas, sin conocer a ninguno, y coadyuvando a esto los varios nombramientos, que de distintos jefes obtienen los comandantes de las partidas, que cada uno piensa ser el preferido, tenga a bien adherirse a esta mi súplica, en inteligencia que con esto queda cortada toda desavenencia y la unión de innumerables pueblos, con la cual los enemigos serán completamente batidos y libertada la Sierra de ellos.
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El día 14 de mayo, un comisionado español del rey José Bonaparte intimaba así desde Ronda la capitulación de los ubriqueños:
Y ese mismo día, desde Benaoján, González Peinado remitía “alegremente” este oficio a los justicias de Villaluenga, Benaocaz y Ubrique6:
Me encuentro en esta de Benaoján con 1.800 hombres de tropa de línea, pero mañana me tendrán Vmds. prevenidas las raciones, y si los enemigos se presentasen por esos puntos, se sostendrán Vmds. Ínterin yo acudo por la espalda, y los escarmentamos.
Según Ortiz de Zárate, los franceses efectivamente se presentaron en la zona el 15 de mayo con 3000 hombres y atacaron Villaluenga, que no había querido capitular (Ubrique tampoco lo hizo; Benaocaz, sí). Los payoyos lucharon durante 10 horas bajo una intensa lluvia y, finalmente, faltos de municiones, tuvieron que huir a la sierra. Los franceses quemaron la villa. No sabemos si fue en esta ocasión o en otra de las incursiones cuando dejaron la iglesia-cementerio del pueblo como actualmente sigue viéndose:
Cementerio de Villaluenga / guiadecadiz.com
El día 16 estaban los franceses en Ubrique. Fray Sebastián, que cita la Historia Instrumental de la fundación del convento de Capuchinos de Ubrique, cuenta que los franceses entraron en nuestro pueblo en número de 400 y que hicieron lo que al parecer repitieron una quincena de veces en total (22, según Frasquita Larrea) entre 1810 y 1812: entregarse al saqueo y a la destrucción a placer, ya que población huía a la sierra en cuanto los veía venir, llevándose lo que podía. Normalmente, pues, los invasores encontraban el pueblo desierto.
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En aquellos tiempos, la comunidad de capuchinos del convento debía mucho dinero al síndico, Martín Mancilla, por lo que decidieron saldar parte de la deuda con trigo antes de que se lo llevaran los franceses. El padre guardián determinó que “los que tuvieran donde ir a comer salieran afuera”. Pensaron también en repartir los cálices, custodias y demás alhajas entre los miembros de la comunidad para que los salvaguardasen, “lo que no se verificó por inacción o atolondramiento de los que mandaban”, así que la mayor parte del tesoro conventual pasó a impías manos.
Los frailes reconocen que “en atención a la prohibición a ellos dada por su intruso rey de que no permitieran ningún convento ni religiosos en él, fue necesario desampararlo”. Al parecer, en algún momento los franceses habían dado un plazo de 24 días para que los frailes se quitasen los hábitos, “mas los religiosos pocos se los quitaron, esperando a ver si Dios nos remediaba, cuyas esperanzas no fueron frustradas porque en efecto el día penúltimo o antepenúltimo acaeció el levantamiento de la Sierra, salieron fugitivos los franceses, que estaban de guarnición (…)”.
Ortiz de Zárate hizo responsable a González Peinado de lo sucedido en las Cuatro Villas. El 18 de mayoSerrano Valdenebro quiso dejar claro quién mandaba y anunció a Ortiz que al día siguiente saldrían para Ubrique desde Casares Francisco González Peinado, “con toda la tropa de línea”, y el escuadrón de caballería de Alcántara, comandado por Gregorio Fernández, “con especial encargo de mandar las villas en mi representación (…), para reunir los dispersos que convengan para la mejor defensa”. Serrano constituía a Ubrique como “depósito” de dichos dispersos6.
Días más tarde, el 22 de mayo, Ortiz de Zárate publica esta proclama dirigida a los ubriqueños:
Según el mismo Ortiz de Zárate, al día siguiente (23 de mayo) 800 franceses intimaron de nuevo la rendición de Ubrique. A sugerencia de Gregorio Fernández, el alcalde ordinario, Vegazo, pidió mediante un oficio al brigadier Manuel de Torres (comisionado en la serranía por la comandancia del Campo de Gibraltar para la inspección de las partidas y la reunión de dispersos) que “se sirviese tomar las providencias que estimase convenientes” para la defensa de la villa6. Torres, que se hallaba en aquel momento junto a Ortiz no lejos de Ubrique, dispuso que este acudiera con 220 dispersos a impedir que los franceses entraran, prometiéndole Torres que acudiría en su ayuda cuando llegaran otros que estaban esperando. Ortiz se puso en marcha la noche del 24 con la intención de encontrarse con los franceses, pero la mañana del 25, al llegar al puerto de las Cruces, donde se supone que estaban los imperiales, supieron que estos, inopinadamente, se habían vuelto a Ronda6.
Por aquellos días, el mencionado Gregorio Fernández estaba tratando de formar en nuestro pueblo, por encargo de Serrano, el que se denominó Escuadrón de Caballería de Ubrique. Este cuerpo llegó a participar en muchas y renombradas acciones durante la Guerra de la Independencia, dentro y fuera de Ubrique, siendo la más renombrada la Orgaz, en marzo de1813. Otro escuadrón “profesional” que destacó en la Serranía fue el llamado Provincial de Ronda.
Gregorio Fernández tampoco gozaba de las simpatías de Ortiz de Zárate, que dice de él que “es uno de los muchísimos egoístas que gustan de las jaranas de los pueblos para aprovecharse”. Y añade: “Fue puesto por el general Valdenebro para mandar en la Villa de Ubrique, donde al momento de llegar, ya halló su casa amueblaba y colgada de jamones”. Parece ser que estos regalos se los hizo el alcalde de Benaocaz, de quien también abomina Ortiz6.
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Junio de 1810
Pero, según parece, el mayor castigo lo sufrió nuestro pueblo en junio. Según Fray Sebastián, el día 10 llegaron unos 600 imperiales de caballería e infantería –probablemente fueron menos– que hicieron de las suyas, pero pudieron ser rechazados, aunque no se fueron sin antes prender fuego a las Casas Capitulares y a un molino, en el que mataron a tres paisanos.
José Serrano Valdenebro informaba de este modo sobre la acción al comandante general del Campo de GibraltarM1:
El teniente coronel D. Gregorio Fernández, comandante del Escuadrón de Caballería de Ubrique y de las armas de las Cuatro Villas, con fecha 10 del corriente me comunica el parte que a la letra dice así:
Con arreglo a noticias anticipadas, había dado mis disposiciones para evitar una sorpresa que intentaba ejecutar el general francés que manda las tropas de Ronda y según mi anónimo. Y a eso de las 4 de esta mañana las tuve positivas por mis avanzadas de que los enemigos en número de 300 venían a verificarla en los pueblos de Villaluenga y Ubrique. En efecto, con la fuerza de 160 hombres del Provincial de Ronda, al mando de su sargento mayor, D. Antonio Avilés, y 30 paisanos por el patriota D. Miguel López, de esta Villa, se cubrieron los diferentes puntos por donde deberían entrar. Y a eso de las 7 se principian los fuegos de una y otra parte que se sostuvieron hasta las 12. Los enemigos fueron rechazados más de media legua. Tuvieron varios muertos, entre ellos un oficial por el cadete D. Diego Dosal, de mi escuadrón, y se cogieron tres prisioneros, declarando el uno que solo de su compañía habían muerto más de sesenta hombres. A la una y media recibieron refuerzo los enemigos y se continuó el ataque, que no pudiendo sostenerse por su crecido número, se retiraron los paisanos y el provincial de Ronda se dirigió a las alturas. En esta disposición se hicieron los enemigos dueños de la villa. Incendiaron las Casas Capitulares y un molino y mataron tres paisanos que encontraron en él. Según parte del capitán de mi escuadrón, D. Manuel Yurre, que dejé en observación, dice que estando en esta operación los enemigos, llegaron los patriotas de Benaoján, mandados por D. José Aguilar, y otra partida de Cortes, con cuyo auxilio se volvió a renovar el ataque. Se desalojaron de la villa. Fueron recha[za]dos completamente y envueltos varias veces; pero nuestro corto número de fuerzas no pudo hacerlos prisioneros según se intentó. Últimamente nuestra tropa y paisanos siguió en su alcance y se liberó a la Villa de ser incendiada enteramente.
Por si fuesen algunas noticias me anticipo a participar a V. S. lo ocurrido hasta [¿horaciones?] y luego que regresen la tropa y paisanos daré el detal [sic] de todo lo ocurrido en este punto y en el de Villaluenga, a cuyo comandante mandé cargase al enemigo por retaguardia. La pérdida de este debe ser de consideración, y la nuestra hasta ahora de unos diez muertos y ocho heridos.
Con anticipación a todo mandé retirar los potros y caballos endebles a un punto de seguridad; y no tratando de reforzar este punto con algún número de tropas no se podrá verificar el completo de escuadrones ni la reunión del Provincial de Ronda, pues los enemigos, inteligenciados de nuestras operaciones, no nos dejarán en sosiego para que se verifique la creación de estos cuerpos.
Los oficiales y tropa se han conducido con el mayor valor, y no puedo menos de recomendar a V. S. en las acciones que he presenciado al capitán de mi cuerpo, D. Manuel Yurre, al sargento mayor D. Antonio Avilés y cadete D. Diego Dosal, que unidos a los paisanos (por no ser terreno de caballería) los acompañaron y animaron a la defensa de esta Villa; al patriota D. Miguel López, de la misma; y a D. José Aguilar, de Benaoján, que por haber llegado con oportunidad se salvó dicha Villa según llevo manifestado; y luego que tenga una noticia individual de los que se hayan señalado particularmente, lo ejecutaré para su digno premio.
Todo lo que participio a V. S. para su conocimiento.
Dios gue. a V. S. m. a.
Cuartel general de Casares, 16 de junio de 1810
Jose Serrano Valdenebro
El documento anterior se encuentra en el Archivo Histórico Nacional. Allí también figura este otroM2, que es un parte sobre esta misma acción enviado por el patriota de Cortes Alonso Rodríguez a José Serrano Valdenebro:
Ínterin organizaba en esta villa la partida de mi mando, establecí en la de Benaoján dos hombres para que me avisasen de todo movimiento del enemigo; y en el día de ayer por medio de aquellos recibí aviso del comandante de la partida de dicho Benaoján, José Aguilar, de que los franceses se dirigían para Villaluenga, con cuyo aviso reuní toda la gente que pude y con ella me dirigí a la manga de dicha Villaluenga, y habiéndome reunido con la partida de Aguilar, al entrar por la expresada manga nos encontramos con el enemigo, con el cual nos escopeteamos haciéndole retroceder a pesar de habernos tirado cuatro cañonazos, y continuando el fuego le estrechamos en disposición que desalojaron a Ubrique, de donde salimos en su seguimiento.
La acción fue gloriosa para nuestras armas, pues sin embargo de haberse dispersado la gente que había reunida en Ubrique, libramos a este pueblo del grande perjuicio que le amenazaba, habiendo tenido el enemigo considerable número de heridos y algunos muertos.
Dios gue. a V. E. m. a.
Cortes y junio 10 de 1810
Alonso Rodríguez
En un Manifiesto citado por Fray Sebastián que redactaría años más tarde el diputado Francisco Garcés y Barea (natural de Cortes y miembro de la partida de este pueblo), este explica su versión, como participante en la acción:
Invadido Ubrique el 10 de junio de 1810, y rendido por capitulación Benaocaz, acude nuestra partida, y en las cercanías del último Benaocaz y sitio del Agua Nueva, contiene y rechaza un cuerpo enemigo que intentaba pasar a Villaluenga. Llevaba este cañoncillos pedreros con que creía poder amedrentar a nuestra gente; pero ellos con burlas despreciaban sus miserables tiros. A persuasión de D. Juan Peralta, e imitándolo, se desbandan por la Sierra Andrés Guerrero, Francisco Garcés y Juan Riberiego, y, con un arrojo nunca visto, acometen y hacen huir a veinte soldados de una guerrilla enemiga. Este suceso y la constante permanencia de los nuestros en aquellos desfiladeros llamó la atención, y la fuerza del enemigo se empeña en abrirse paso por aquellas estrechuras, que defendieron los nuestros con peñas que les arrojaban, a las que acompañaba también un horrible fuego. El enemigo tuvo que desistir, por el mucho daño que recibía, y replegarse a Benaocaz para tomar otro camino. Villaluenga se libertó por esta ocasión y cesaron también las ruinas y estragos que causaron en Ubrique.
Pero el día 13 volvieron los franceses encorajinados y reforzados con una división de Arcos. Más de 3000 hombres, según Fray Sebastián. Y esta vez sí que la armaron bien. Quemaron el Ayuntamiento (construido 5 años antes), y con él fue pasto de las llamas el archivo municipal, “perdiéndose en aquel luctuoso día la documentación de cuatro siglos, catástrofe irreparable para la historia de la villa”. También prendieron fuego al convento, incluidos sendos retablos de valiosas pinturas del siglo XVII de la escuela sevillana y de la Virgen de los Dolores. Y si la cosa no fue a más fue porque “acudieron los vecinos con lágrimas a apagar el fuego”, dice nuestro fraile. Los hijos de Napoleón también satisficieron su piromanía incendiando las ermitas de San Pedro (edificada en 1801) y San Juan de Letrán, “que no volvieron a abrirse más al culto”, así como las casas que suponían de guerrilleros.
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Por su parte, el brigadier Peinado narra así la acción:
El guerrillero Francisco Garcés y Barea narra de este modo la intervención de su partida de Cortes:
Tomada esta posición [el Calvario], y con el auxilio de algunos patriotas de Villaluenga y de Ubrique, se traba la acción en medio de aquellas peñas, en las que dejaron muertos catorce o quince franceses con una porción de heridos. El enemigo, obstinado en competir a pesar del daño que recibía, refuerza sus guerrillas con más de 200 hombres, para desalojar a cincuenta de nuestra parte que sostenían la porfiada refriega. Era ya prudencia abandonar el terreno y entretener al contrario mientras nuestra gente respiraba algún tanto (…).
[…] La partida abandona enteramente los apostaderos de las peñas y, con un denuedo que pocos imitan, baja a la llanura, y a campo raso y descubierto presenta el ataque y desafía al enemigo. (…) A la caída del sol se les agrega una partida de paisanos de a caballo y otra de infantería de la partida de Jimena que, con todo, compondrían escasamente 150 hombres, mal pertrechados y provistos. Este refuerzo animó a los combatientes a un ataque más duro y empeñado. (…) Dejan el arma de fuego y embisten con la espada, la bayoneta y el cuchillo. (…) Cuarenta de una guerrilla de infantería enemiga, rodeados por la partida de Cortes, ya rendían el arma, soltaban los morrales y se entregaban prisioneros, en el acto en que la división, que se ocupaba en el saqueo de Ubrique, se presenta y les recobra su libertad. ¿Y desmayarían por eso los nuestros? Más briosos, se empeñaron en no perder el triunfo por el que peleaban todo el día. El ardor y el coraje se producían de nuevo; el enemigo desconfía al ver que no puede adelantar un paso ni desalojar nuestras partidas; se retira de Ubrique y la oscuridad de la noche apenas basta para ocultar su ignominia. (…) Cuarenta muertos dejaron, siendo considerable el número de heridos, pues muchas casas se vieron llenas de sábanas, hilas, pedazos de ropa y almohadas de camillas todo empapado en charcos de sangre.
La acción llegó a oídos del comandante general del Campo de San Roque, que a la sazón era Javier Abadía, quien escribía el 14 de junio1:
He recibido en este día un oficio de la justicia de Jimena en el que se me avisa haber ocupado los enemigos a Ubrique y haberse oído enseguida un fuerte tiroteo a las inmediaciones de Cortes, siendo esta la primera noticia que he tenido de oficio, aunque es verdad que en los días de ayer y antes de ayer se han esparcido algunas voces sobre lo ocurrido…
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En el Manifiesto de los servicios hechos a la patria por el jefe de esucadra Don José Serrano Valdenebro28, este dio su versión de los hechos ocurrido desde el día 10 en un texto pleno de resonancias topográficas que actualmente siguen en vigor (la ortografía se ha adaptado a la moderna):
Reforzado con algunas tropas, [el enemigo] el 10 de junio a las cinco de la tarde entró en Grazalema con 500 hombres. Salió aquella noche, y encaminándose por los puertos del Boyar y del Dornajo, tomando la manga de Villaluenga vino a situarse en el Benafí alto, junto a Ubrique, donde fue detenido y cercado por la tropa de milicias de unos 200 hombres, mandada por su sargento mayor D. Antonio Avilés, con los patriotas de Ubrique, y unos 20 caballos del escuadrón franco.
Estos cuerpos o partidas combatieron con él [enemigo] con suceso, matándole gente, tomándole despojos y haciéndole dos prisioneros. Le pusieron en aprieto, mas los libró otro destacamento combinado de igual fuerza, reforzado con 80 caballos, mandado por el gobernador de Ronda, que, dirigiéndose por Villaluenga, tropezó con las partidas o guerrillas de Ronda y Alburquerque, de 50 hombres cada una, y algunos patriotas de aquel pueblo, mandadas por mi ayudante de campo, el capitán de infantería D. Fernando Álvarez, que logró detenerle, dando lugar a sus vecinos para abandonarle, y retrocedió a tomar la sierra, para en caso que desfilase para Ubrique estrecharlo por la espalda.
En efecto, pasaron por el pueblo, guiando por el camino de Ubrique, adonde llegó, incorporándose con los otros. Álvarez, a pesar de la poca fuerza, marchó a tomar la sierra alta de Ubrique sobre la manga, en donde se le reunió el comandante Aguilar con los· patriotas de su cantón, y observando a los franceses en Ubrique, cayeron sobre ellos, obligándoles a tomar la calzada de Benaocaz; y siendo su proyecto entrar en la manga para encaminarse a Villaluenga, excusando la sierra, se apostó en ella conteniéndole. Avilés con su tropa tomó la de la izquierda, desde donde los baleaba terriblemente hasta que anocheció, que, viéndose entre dos fuegos, tomó hacia Benaocaz, pidiendo acémilas para los heridos, y fueron a apostarse en el Dornajo, donde pasaron parte de la noche, retirándose para Grazalema, llegando a las diez de la mañana del 11.
Nuestra tropa, reunida al mando de Avilés, marchó contra ellos. Llegó a la una a Grazalema; desalojó al enemigo, aprovechando sus ranchos, y le hicieron volver a Ronda dejando 40 muertos, entre ellos dos oficiales, y más de 60 heridos.
Al día siguiente [12 de junio] se dejó ver en Ubrique el regimiento de cazadores franceses número 21, viniendo por la vía de Arcos a concurrir con los otros. Se componía de 1500 plazas. Entró a las once del día sin resistencia, pues las tropillas de milicias que allí había, aguardándole en el puerto de la Silla, se dispersaron, quedándole al sargento mayor Avilés, que vino allí, 14 hombres solamente, con los que se retiró al Mojón de la Víbora.
Unos 30 caballos del escuadrón de Ubrique, apostados en la población de El Bosque, tomaron la espalda del enemigo, y le vinieron picando hasta el puente de Tavizna, y no pudiendo pasar adelante por el terreno, ladearon por su derecha y fueron a la venta de la Albuera, a una legua de Ubrique, donde pasaron la noche. El enemigo puso las avanzadas en los Olivares y en las sierras de la fuente de San Francisco.
Al amanecer del día siguiente [13 de junio] se reunieron nuestros caballos con la partida de Avilés. Se situaron en las viñas frente de las avanzadas enemigas, a quienes empezaron a foguear. Al ruido fueron acudiendo dispersos de milicias, patriotas de Ubrique y las partidas de caballería de Pérez y Ruiz, por manera que a las cuatro de la tarde se contaban 200 infantes y 70 caballos. Emprendieron el ataque contra las avanzadas enemigas, lo que ejecutaron bizarramente, obligándolas a retirarse al pueblo. Para reparar el desastre salió el enemigo con todas sus fuerzas, mas no atacaron, y los nuestros conservaron sus puestos sin hacer novedad.
Al ponerse el sol se vio venir por los altos un cuerpo de patriotas. Eran de Jimena, lo que contribuiría a obligar al enemigo a abandonar el pueblo a las 12 de la noche, subiendo a Benaocaz, llevándose a 20 heridos en acémilas de este pueblo, dejando tres muertos en el cementerio. De nuestra parte murió un patriota de Jimena, y un herido de Ubrique.
[El enemigo] no se detuvo en Benaocaz, y por el Dornajo se dirigió a Grazalema. No entró, y situó toda su tropa en el monte de la Hermanilla, a un cuarto de legua de Grazalema, donde se mantuvo hasta el 16, que se incorporó con el gobernador de Ronda, que traía 500 hombres, y dejando allí un fuerte destacamento se apoderaron con toda la fuerza de Villaluenga y Benaocaz, convidándolos a capitular, lo que no consiguieron. Nuestra gente cubría a Ubrique, y así estuvieron hasta el 21, que con la noticia de la llegada de la división del general Lacy se retiraron a Ronda.
La versión de los franceses es muy diferente: mataron a 120 españoles, según se afirma en el libro Dictionnaire historique des batailles, sièges, et combats de terre et de mer, qui ont eu lieu pendant la Révolution française. 4 (Société de Militaires et de Marins, París, 1918):
14 de junio de 1810
El general Baussain, del 43º regimiento, que comandaba Ronda, habiendo sido informado de que mandos de algunos regímenes españoles venidos de Cádiz por Algeciras habían llegado a Ubrique, se puso en marcha durante la noche y se presentó al alba ante este lugar, que inmediatamente ordenó rodear y atacar. Fueron muertos ciento veinte españoles; el resto se dispersó y abandonó el depósito de armas, municiones y artillería que los insurgentes habían hecho venir de Gibraltar para intentar organizar un cuerpo en Ubrique.
Quizá este tipo de acciones heroicas hizo pensar a la Junta Suprema de Cádiz y a la comandancia del Campo de San Roque que merecía la pena sostener la insurrección en la Serranía de Ronda porque, como efecto secundario, podría contribuirse así a aflojar el sitio que sufría Cádiz por parte de las fuerzas del mariscal Victor (con cuyas bombas se hacían las gaditanas tirabuzones).
El caso es que, efectivamente, se organizó una expedición al mando del general Luis Lacy y Gautier (natural de San Roque y, según Fray Sebastián, esposo de una tía del Beato Diego José de Cádiz).
El 24 de junioLacy avanzaba con sus mesnadas hacia Benaoján cuando tuvo conocimiento de que una fuerte columna francesa al mando del general Girard (de la primera división del 5º cuerpo) había caído sobre Ubrique derrotando a las escasas fuerzas españolas que se le oponían5. Desde Ubrique los franceses avanzaron hacia Cortes para combatir al general español. Finalmente, tuvo lugar una batalla en Gaucín. Pero Lacy no se atrevió a continuar y tratar de reconquistar Ronda. Así que, según Fray Sebastián, el resultado de la expedición solo sirvió para “desilusionar a la Serranía”. (Los sacrificios guerreros de Lacy –estos y otros–, por cierto, fueron “pagados” por Fernando VII fusilando al sanroqueño en 1817 en Mallorca por pronunciarse a favor de la reinstauración de la Constitución de Cádiz de 1812).
El general Luis Lacy, representado en el momento en que ordenaba su propio fusilamiento en los fosos del castillo de Bellver.
Existe un interesante documento que narra estos acontecimientos «desde dentro». Se trata de una crónica que escribió FrayDiego Francisco de Ubrique, superior del Convento de Capuchinos de Ubrique, a instancias del provincial de la Orden, Serafín de Ardales. Es esta:
Viendo los PP. de esta Comunidad que era inevitable la entrada de los franceses en esta villa, y sabiendo los estragos y ruinas que causaban en todas partes esos enemigos de Dios y de la Religión, determinaron con su Guardián al frente que el Archivo y papeles de la Comunidad, las alhajas y vasos sagrados, como cálices, custodias y demás, se repartiesen entre los religiosos, para que cada uno de su parte lo guardase: y esta fue la causa de que se salvara la crónica de aquel convento, de la cual tomamos esta relación.
Entraron efectivamente los franceses y dieron orden de que se disper-sara la Comunidad y no permaneciera ningún religioso en el convento, poniendo el término perentorio de veinte y cuatro días para que se quitasen los hábitos y vistiesen traje seglar: y de no hacerlo, pasado este término, serian castigados como desobedientes. Los religiosos, pocos ó ninguno nos quitamos el santo hábito, (habla el autor de la crónica) esperando que Dios nos remediaría, como en efecto nos remedió, porque antes de cumplirse el plazo, el día penúltimo ó antepenúltimo, acaeció el levantamiento de la Sierra, salieron fugitivos los franceses que estaban aquí de guarnición, y quedó libre de su dominio el pueblo.
Este no volvió jamás á ser subyugado. ni prestó obediencia á la tiranía francesa: ni las amenazas y promesas que le hacían los jefes extranjeros pudieron rendirlo ni intimidarlo: y así permaneció siempre firme y constante en la obediencia y fidelidad al Católico rey de España, por cuya causa ha sufrido los mayores estragos, ruinas é incendios, que casi pueblo alguno, siendo quince veces las que han entrado, destrozando, saqueando é incendiando al pueblo.
El 16 de Mayo de 1810 entraron de ambas armas 400. En Junio, de ambas armas, 600. En 13 del mismo. 300 de ambas armas. En 6 de Julio, más de mil de infantería. En 7 de ídem, un escuadrón que era de caballería y seguía á la Infantería del día anterior. En 30 de Septiembre de ídem, 200 de ambas armas. En 25 de Marzo de 1811, como 100 de ambas armas. En 18 de Septiembre de ídem, 300 de ambas armas. En 23 de ídem, 300 de ambas armas. En 27 de ídem otra división, cuyo número se ignora. En 28 de ídem, otra fuerte división de ambas armas. En Octubre (se ignora el día) la mayor que ha pasado de ambas armas. A los ocho días des-pués volvió la misma. En 28 de Febrero de 1812, una pequeña de 600 hombres entró al amanecer. El Viernes Santo entró la mayor de todas las que van dichas. Todas las referidas veces entraron á sangre y fuego, y de un modo especial se cebaban en este convento, que fué tres veces incendiado y quemado.
La primera, que fué la de menos consideración, por haberlo apagado pronto los paisanos, dieron fuego al convento por la parte de la cocina y enfermería. La segunda vez prendieron fuego á la Iglesia por el altar mayor, con el depravado fin de quemar las pinturas del retablo, que eran muchas y de gran mérito, y de ellas no quedó ni vestigio: el altar mayor se vino á tierra, quedó hecho cenizas el camarín y retablo de la Virgen de los Remedios, é igualmente el de la Virgen de los Dolores, siendo tanto el fuego, que se descubrían las piedras secas de las paredes, de modo que las gentes lloraban al ver el templo de la Virgen, que es su lPatrona y su Madre, casi irreparable, tanto por sus muchas ruinas como por la escasez y miseria en que quedaba el pueblo. La tercera vez incendiaron la sacristía con la cajonería y las demás cosas que se contenían en ella, echando sobre el fuego puertas, ventanas y cuanto habían á manos, dejando el convento en tal estado, que parecía imposible su reparación. En medio de tan horrenda persecución los religiosos de este asolado convento han perseverado congregados en Comunidad, alabando, bendiciendo y glorificando á Dios Ntro. Señor, cumpliendo sin desmayar ni desfallecer sus religiosos deberes de culto divino, predicación y confesonario con tanta exactitud y observancia en toda su disciplina, como si hubiéramos estado en tiempo de la mayor tranquilidad, podiendo decirse con toda verdad que sólo se ha faltado á los actos de comunidad el tiempo que los franceses ocupaban el pueblo, que entonces era forzoso dispersarnos y escondernos para librarnos de la furia de aquellos nerones.
Los ejemplos de fortaleza, patriotismo y religiosidad, que daban nuestros religiosos, tenían al pueblo tan edificado, que el Ayuntamiento, motu proprio. ordenó que se diera por su cuenta á cada uno ración diaria de comida, beneficio que duró lo que la estancia de los franceses, que fue el tiempo de dos años, y lo consignamos aquí para mostrar la gratitud y reconocimiento de esta Comunidad á un acto de tanta devoción y caridad por parto de la villa é individuos que la constituían: pues con tanta generosidad, y sin haberlo pedido por nuestra parte, nos han socorrido en un tiempo de tanta escasez y miseria.
¿Y acaso se ha limitado la generosidad y devoción de éste pueblo á nuestra sola manutención? ¡No por cierto!, sino que como verdaderos católicos romanos, en quienes la fe no ha padecido ningún eclipse, su esperanza se halla animada, su caridad no se ha resfriado, ni han admi-tido los falsos sistemas y perversas doctrinas que los franceses, afrancesados, libertinos é incrédulos de los nuestros con tanto ahinco han sembrado en los corazones de los incautos españoles, con sus corrompidas costumbres y depravada conducta.
Nada de esto ha echado raíces en este pueblo piadoso, por la gracia de Dios, sino que, animados sus hijos de celo santo por la gloria divina, lo primero que han pensado ha sido en el reparo, aseo, decencia y adorno de la casa de Dios, concurriendo cada pobre con sus limosnas, las que liberal y generosamente han franqueado sin pedírselas, hallándose á los pocos meses de haberse ido los franceses reparado el convento, aseada la Iglesia y sacristía con admiración de los de dentro y fuera que no saben de dónde y cómo se ha hecho tanto; pues se halla todo en mejor estado del que tenía antes de los franceses. En la sacristía se han renovado los vasos sagrados, habiéndose hecho la custodia nueva, un cáliz clásico, copón y tacita de consagrar, porque todo lo que había lo destrozaron ó se lo llevaron los franceses. Se ha concluido el tabernáculo y retablo decentísimo y hermoso del altar mayor, todo hecho con el mérito de la sana obediencia, para cuyo fin pedí, como presidente de este Convento la correspondiente licencia á N. M. R. Padre Provincial Fr. Serafín de Ardales, quien me la dió gustoso para cuanto me pareciera conveniente, según nuestro pobre estado. La mano de la Providencia divina se ha visto patente en este convento y en todo el pueblo de Ubrique durante la invasión francesa, porque en medio de tanta inquietud, turbaciones, trastornos y pérdidas, casi incalculables de esta pobre villa, por los robos, saqueos, incendios y destrozo universal causado por los enemigos, y á veces por los nuestros, sin poderlo remediar: por las consecuencias fatales que trae consigo la guerra, y guerra tan cruel, injusta, tirana y opresora como ésta, que casi no tiene semejante en la historia; en medio, digo, de tanto laberinto, nada, nada le ha faltado al pueblo ni á esta comunidad para su honesta manutención; antes bien parece que más se aumentaba el empeño de estos pobres vecinos en favorecernos con su pobreza, cosa que precisamente Dios se la ha de premiar, como se lo pedimos al Señor. Beneficios son estos tan patentes de la Divina Providencia, que al mismo tiempo que nos obligan á levantar las manos al cielo para alabarla y bendecirla, nos hacen exclamar: No á nosotros, sino á Dios y á su santo y adorable Nombre demos la gloria y cantemos para siempre sus grandes misericordias, porque tan bueno, tan liberal y generoso nos ha visitado con la piedad y devoción de estos fieles. Es verdad que nos ha probado sobremanera en las aflicciones, angustias y extremados conflictos, que hemos experimentado en la persecución de los enemigos, con la profanación del templo santo y la desolación del pueblo; pero no nos ha entregado á la muerte.
Verano de 1810
En la Gaceta de Ayamonte del 1 de agosto de 1810 se lee esta curiosa noticia fechada el 19 de julio en Sevilla:
Nuestras tropas atacaron en las inmediaciones de Ubrique a una división de 600 infantes y 200 caballos, logrando cercarlos de tal modo que todos fueron muertos o prisioneros. Habían bajado por la falda de la Sierra de Villamartín, robaron este pueblo, multaron a las Justicias, y exigieron una de cada siete cabezas de ganado de todas clases; pero estos, los efectos, y el saqueo quedaron en poder de los nuestros.
En el verano de 1810 dice Fray Sebastián que por enfermedad de Serrano Valdenebro la Junta Suprema nombró comandante de las fuerzas de la serranía a Pedro Cortés. Según cuenta el presbítero Francisco Garcés y Barea en su Manifiesto, Cortés trasladó a finales de agosto su residencia de Casares a Ubrique, donde fue “visitado” en varias ocasiones por las divisiones francesas de Arcos, Villamartín, Morón y Bornos “para incomodar las fuerzas que había reunido para defensa de este punto”. El 20 de septiembre fue acometido por 1200 franceses, para repeler a los cuales pidió auxilio a los pueblos vecinos, tanto de efectivos como de alimentos. Como los paisanos desfallecían, el comandante Cortés pidió urgentemente mil raciones a la villa de Cortes, cuyos “eclesiásticos y personas de primera distinción” salieron a pedirlas por las calles y reunieron 240 hogazas de pan y diez cabras.
Con las fuerzas repuestas los guerrilleros españoles sostuvieron escaramuzas en el Calvario, las Viñas y en campo abierto. Por la noche, la partida de Garcés había sido municionada por el comandante Cortés, así que a la mañana siguiente los españoles se hallaban en buenas condiciones de hostigar al enemigo desde las alturas del Benalfiz. Los españoles lograron expulsar a los franceses, que huyeron “precipitadamente por el camino del puente de Tavizna”, siendo perseguidos más allá de El Bosque. Si hemos de creer al cronista –téngase en cuenta que solían exagerar bastante–, se hizo una sarracina con los franceses, matando o hiriendo a 900. Al parecer, entre los finados se encontraba el coronel y otro oficial de alto rango.
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Octubre de 1810
El diario El Conciso del 24 de octubre de 1810 contiene esta crónica de los sucesos anteriores:
Casares, 3 de octubre. Hace tres días que los enemigos nos están dando un ataque que ha principiado por el Bosque y seguido hasta Ubrique, en donde lograron entrar y quemar unas cien casas. También han incendiado el Bosque y cometido otros excesos dignos de ellos. Más nuestro serranos se han reunido, han logrado desalojarlos de Ubrique y los persiguen hasta más de dos leguas, matándoles mucha gente con poca pérdida nuestra. Con fecha del 7 añaden que se decía que entre los muertos del enemigo había un general y un edecán, y entre otras cosas se les cogió una cantidad considerable de fanegas de trigo. No será este el primer general muerto en la Sierra.
Y el Diario de Mallorca del 7 de enero de 1811 informa que el 21 de octubre de 1810 la partida de Jose Aguilar (Benaoján), reforzada con otras más, entre ellas la de Ubrique mandada por Miguel López, consiguió vencer a una guerrilla de franceses y hacer que se replegaran hacia Ronda.
Por otro lado, del comandante Pedro Cortés se conserva un curioso documento en el Archivo Histórico Nacional fechado el 5 de octubre de 1810 en el Cuartel General de Ubrique y dirigido al jefe del Campo de Gibraltar, Javier AbadíaM3. En la misiva, Cortés lamenta el “estado deplorable” en que se hallan las compañías de Infantería de Estepona y Marbella “por carecer absolutamente sus individuos de las prendas de vestuario”. Por ello:
he encargado en este día a las Justicias de Grazalema me proporcionen seis piezas de paño azul con objeto de vestir parte de dicha tropa de Estepona, y en adelante veré el modo de facilitar igual número a la de Marbella.
Nota: En una de las acciones de Ubrique de 1810 participó el general francés barón Jean Pierre Dellard al frente del 16º Regimiento de Infantería Ligera napoleónico. Beauvais, Voïart y Tardieu dicen en su obra Victoires, conquêtes, désastres, revers et guerres civiles des Français, de 1792 à 1815que Dellard “quitó Ubrique a los españoles”.
“Escapan entre las llamas” (Goya: Los desastres de la guerra).
1811
Enero-mayo de 1811
Entrado 1811, tras casi un año de guerra en Andalucía,los franceses empiezan a tener claro que el dominio de la serranía es tarea mucho más complicada de lo que creían. Por más operaciones de castigo que inflige el ejército francés, saqueando y quemando los pueblos que no se someten, los españoles parecen renacer una y otra vez de sus cenizas como el Ave Fénix. El guerrillero presbítero de Cortes Francisco Garcés y Barea afirma en el Manifiesto citado por Fray Sebastián3 que al enemigo “ominosas le eran ya las venidas a la Sierra, que excusaba cuanto podía”. Contribuyó a ello que las fuerzas de la jurisdicción del Campo de Gibraltar ya no eran meras partidas o unidades con escasa formación militar, sino cuerpos uniformados cada vez más instruidos y disciplinados.
En Ubrique, aunque fuera por la fuerza de la costumbre, los primeros meses de 1811 parece que se vivía más desahogadamente, hasta el punto de que el Escuadrón de Caballería de Cazadores de Ubrique (así llamado porque la villa de Ubrique se ofreció a mantenerlo) realiza incursiones en otros territorios. Así, a finales de enero atacó la difícil plaza de Arcos, en poder de los franceses7; y el 5 de marzo participó en la batalla de Chiclana a las órdenes del brigadier Surga y Cortés y junto a los escuadrones Provincial de Ronda, Málaga y Melilla5.
El comandante de la Serranía, José Serrano Valdenebro, confiaba mucho en estos y otros cuerpos militares, pero denunciaba su precariedad de medios. En un informe que dirigió a la Regencia y que publicó el Diario de Algeciras entre los días 24 y 25 de abril decía Serrano:
El escuadrón de Ubrique es un agregado de hombres valientes mandados por un oficial de mucho mérito [Gregorio Fernández], pero sin armas, sin ropas, sin equipos no se puede exigir. Valientes en la escaramuza, pero no conocen el choque, que es la fuerza de este cuerpo. Sin armas competentes, ¿cómo lo han de comprender?
Uniforme español del regimiento de cazadores voluntarios (elcorreo.com).
El 26 de marzo los franceses volvieron a Ubrique. Intentaban sorprender a Serrano Valdenebro en Gaucín, pasando por nuestro pueblo “con fuerza muy respetable”, en palabras del presbítero de Cortes Garcés y Barea, quien afirma que los invasores, en su camino, cometieron “sus acostumbrados destrozos, robos y saqueos en los caseríos de los vecinos de esta villa que se hallaban en su tránsito”3.
Una carta que el comandante gobernador de Ronda envió al mariscal Soult, general en jefe del ejército francés en Andalucía, y que fue interceptada por los españoles –se conserva en el Archivo Histórico NacionalM4– nos da una visión general de cómo debieron de ser estos ataques, que se repitieron unas 15 veces entre 1810 y 1811. Cuando los franceses entraban no encontraban un alma en Ubrique, pero eran hostigados por las partidas desde lo alto de la sierra. Eventualmente, los gabachos saqueaban lo que hubiera quedado y prendían fuego a algunas casas como castigo y advertencia.
En la carta se lee:
Tengo el honor de enviar a V. E. un informe exacto de la marcha del general Verlé. Tres campesinos de Zahara y uno de El Bosque que han servido de guías al general Verlé informan:
Que este general llegó el 25 al mediodía a El Bosque. Encontró pocos insurgentes que se opusieran a su marcha. Hizo un alto en El Bosque, cuyos habitantes habían huido.
Esa misma tarde se encontraba en Ubrique, donde llego hacia las seis.Tuvo un vivo encuentro con los insurgentes y algunas tropas que se encontraban allí. Estas últimas fueron dispersadas a cañonazos y se refugiaron en lo que se llama el Calvario y la montaña al pie de la cual está situada Ubrique. La caída de la noche puso fin al fuego de una y otra parte. El general durmió en Ubrique, cuyos habitantes también habían huido.
Al día siguiente se puso en marcha dirigiéndose sobre Gaucín. Los insurgentes y las tropas con las que se había batido en Ubrique inquietaron su retaguardia.
Bala da cañón francesa encontrada en Aznalmara, cuyo castillo parece ser que fue fortificado por los napoleónicos para controlar el paso de Tavizna.
En la misiva también se habla de Grazalema:
La villa de Grazalema me envió ayer tres delegados. Esta villa es desgraciada. Los tunantes [brigands] llegan a ella casi todos los días, roban y exigen mil exacciones. Ansían ser librados de esta canalla. Los delegados han manifestado su fidelidad y adhesión a S. M. C.
Estadillo de suministro de víveres del ejército en francés en Ronda que figuraba en un correo interceptado por los españoles (Archivo Histórico Nacional).
Junio-agosto de 1811
En junio de 1811, en Ubrique seguía radicando uno de los cuarteles generales de los españoles. (Lo prueba, por ejemplo, un parte firmado en nuestro pueblo por el brigadier Antonio Begines de los Ríos el 20 de junio relativo a una acción en El Coronil8).
Las fuerzas de la Serranía las comandaban Begines y José Serrano Valdenebro, pero no estaba claro cuál era la jurisdicción de cada uno, lo que originó desavenencias entre ellos.
Vino a acabar con las rivalidades entre Begines y Serrano el nombramiento a mediados de junio del general Francisco Ballesteros como comandante general del Campo de Gibraltar (CuartoEjército) y de la Serranía. (A partir de enero de 1812 fue hecho, además, capitán general de los Cuatro Reinos de Andalucía. Más tarde llegó a ser capitán general de Madrid y miembro del gobierno.) Serrano Valdenebro se fue.
Ballesteros se incorporó efectivamente a su nuevo destino a finales de agosto de 1811. Desde ese momento participó personalmente en muchas acciones, residiendo a menudo de forma temporal en el Cuartel General de Ubrique. Sin duda hizo amistades en el pueblo, como lo prueba que en diciembre de 1811 enviara una carta a las Cortes de Cádiz recomendando al corregidor de Ubrique “por sus servicios patrióticos”27. Nuestro pueblo debió de vivir aquel año, pues, un continuo trasiego de soldados que a buen seguro acamparían en los alrededores. Probablemente, por un lado, esto aumentaría la tranquilidad de los moradores, pero, por otro, la circunstancia convertiría a Ubrique en blanco de muchos ataques franceses.
El Escuadrón de Caballería de Ubrique estaba adscrito a una de las divisiones de la comandancia general del Campo de Gibraltar, ejército que contaba con unos 6.000 soldados regulares a los que había que sumar numerosas partidas guerrilleras, una de las cuales, la denominada Ubrique, estaba integrada por gran cantidad de religiosos (que también abundaban en las partidas Cortes, Alpandeire y La Cruzada)5.
A primeros de agosto, una división francasa al mando del general Leval ocupó Alcalá de los Gazules, Ubrique y Cortes, acción que los españoles interpretaron como una posible tentativa contra el Campo, según una comunicación del jefe interino del Estado Mayor del 4º Ejército al jefe del Estado Mayor General que se conserva en el Archivo Histórico NacionalM5.
Septiembre y octubre de 1811
En septiembre de 1811 los franceses estaban constatando que la guerra tomaba unos derroteros muy preocupantes en el sur de Andalucía. Por ello, el mariscal Soult decidió emprender una ofensiva para someter todo el territorio desde el Guadalete hasta el Campo de Gibraltar.
Jean de Dieu Soult, duque de Dalmacia, hizo mucho daño a Andalucía no solo en el terreno bélico, sino también en el patrimonial. Robó todos los cuadros de Murillo y Zurbarán que pudo, vendiéndolos a museos extranjeros. (Uno de esos cuadros, conocido posteriormente por el significativo nombre de “La Inmaculada de Soult”, volvió a España en 1941 en virtud de un canje de obras de arte con el gobierno francés).
La “Inmaculada de Soult”.
Soult se había visto las caras con Ballesteros meses antes en la batalla de la Albuera (Extremadura), en la que el general español mandó una división del ejército coaligado anglolusoespañol, a favor del cual se decantó ligeramente el choque. Así que el duque de Dalmacia probablemente estaba ansioso de una revancha.
Ballesteros, por su parte, inmediatamente después de incorporarse a su destino de comandante general del Cuarto Ejército se dirigió a la Serranía –en torno al 9 de septiembre estaba en Ubrique– para reunir las partidas y levantar la moral. Los comandantes veteranos de estas (José Aguilar, Alonso Rodríguez, etc.) parece que pudieron juntar a 10.000 hombres5.
A mediados de septiembre, desde Ubrique, Ballesteros envió una columna de 2.000 hombres para observar Ronda, plaza donde habían convergido varias brigadas galas. El día 16 supo el general español que los franceses, en número de 4.000, habían avanzado hasta Benaoján, ciudad que habían atacado. Acto seguido fueron sobre Cortes, que “saquearon y destrozaron por completo”3, y Ubrique, que “aunque no opuso resistencia, no se libró del saqueo”5.
El 19 de septiembreBallesteros consiguió desalojar a los franceses de Alcalá de los Gazules, triunfo que dio mucha moral a la tropa española. El mariscal Víctor ordenó entonces al coronel Rignoux que se dirigiera hacia Jimena para parar los pies al español. El 23 de septiembre por la tarde, después de una marcha larga y penosa, con un calor sofocante, Rignoux llega a Ubrique, desde donde continúa su avance hacia Jimena. Allí se perdió y el 25 encontró una estrepitosa derrota en las Peñas de Juana Sánchez.
Movimientos franceses en la acción de las Peñas de Juana Sánchez (Jimena)5.
La prensa francesa dio su propia versión de los sucesos, muy diferente. El Alexandria Daily Gazette, de Viriginia (EE. UU.) se hacía eco el 15 de enero de 1813 de French Papers anteriores asegurando que sus fuerzas habían matado a 1000 españoles y que ellos solo habían tenido 10 bajas:
El 30 de septiembre el escuadrón de Ubrique participó en una acción cerca de Alcalá de los Gazules en la que los españoles salieron victoriosos9.
Todos estos contratiempos decidieron a Soult a intensificar la ofensiva. Para ello, ordenó al general Deo-Gratias NicolasGodinot que avanzase desde Prado del Rey con 5.000 hombres y que atenazara al español con el apoyo de los generales Semellé y Barrois, los cuales mandaban en conjunto otros 5.00010.
Esta derrotero de la contienda alteró la regalada y ociosa vida que llevaba en Sevilla un joven francés llamado Sébastien Blaze de Bury, que había venido a España a servir como farmacéutico en el ejército napoleónico. Terminada la guerra escribió sus aventuras en el libro Mémoires d’un apothicaire sur la guerre d’Espagne pendant les années 1808 a 181411. El boticario había pasado por duras experiencias, ya que había caído prisionero de los españoles y había estado mucho tiempo a la sombra, pero en septiembre de 1811 gozaba del merecido descanso del guerrero en la capital andaluza… hasta que fue llamado a filas. Dejemos que sea él quien nos cuente en primera persona cómo vivió algunos episodios de la ofensiva francesa de octubre de 1811:
Poco tiempo después, la división del general Godinot (…) se dispuso para ir al encuentro del ejército de Ballesteros. Nuestro jefe no fue advertido de ello hasta la víspera. Era necesario que un farmacéutico siguiera a esta división. (…) Me echaron el ojo y el 23 de septiembre de 1811, a las siete de la tarde, recibí la orden de marchar con la división el 24 al despuntar el día […] .
El 24 de septiembre partí con la división y pernoctamos en Utrera; el 25, en Bornos; el 26 en el campamento en la venta de Prado del Rey, y el 27 en un campamento a una legua de Ubrique. Como el general no tenía intención de ir más lejos antes de haber reunido a todo el mundo, volvimos sobre nuestros pasos y llegamos a Bornos el 29 por el mismo camino.
En Bornos, que estaba en poder de los franceses en aquellos momentos, Sébastien Blaze se dedicó a galantear a todas las mujeres que encontraba. Pero el día 10 se le acabó de nuevo lo bueno, al ponerse la división en marcha en pos de Ballesteros. El 11 de octubre pasaron por Ubrique, donde fueron hostigados por diversas partidas, y también fueron molestados en la Sierra de Líbar. Algunos historiadores incluso hablan de un auténtico combate en el “puerto de Ubrique” entre Godinot y la compañía de Escopeteros de Getares, lucha que tuvo la intención de retrasar el avance de los franceses5.
Continúa el farmacéutico:
El día 14. mediada la jornada, la división se hallaba ante las murallas de San Roque. […] Ballesteros se había refugiado bajo las baterías de esta fortaleza [Gibraltar] y no había dejado en San Roque más que una parte de su caballería para proteger la retirada del ejército español. Nos hubimos de batir para entrar en la villa; pero tras unas ligeras escaramuzas la caballería nos dejó pronto expedito el paso.
El general Rignoux, herido delante de Ubrique, tenía la oreja reventada por una bala. Se le alojó en San Roque en la única casa que quedaba todavía habitada. Era un café cuyo propietario había puesto tierra de por medio, pero sus hijos habían tenido el coraje de atendernos. Ni que decir tiene, no les hicimos daño alguno.
[…]
La expedición no tuvo ningún éxito y levantamos el campamento seis días después. […] Nos retiramos sin haber atacado a Ballesteros, que a su vez nos persiguió cuando abandonábamos el Campo de San Roque. Fueron muertos o cayeron en las manos del enemigo algunos hombres de nuestra retaguardia. Cuando pasamos de nuevo ante Ubrique, el general Godinot envió algunas compañías contra los guerrilleros que nos habían hostigado diez días antes. La villa estaba abandonada y la guerrilla, emboscada tras las peñas, disparaba sobre nuestra gente, que no podía alcanzarla.
El 22 el ejército acampó a una legua de Ubrique, en el mismo lugar donde se había detenido el día 11. Llegamos allí durante la noche, muy oscura por negras nubes. Relámpagos deslumbrantes brillaban de vez en cuando en el horizonte. Me dirigí hacia el árbol bajo el cual ya había pasado una noche. Como las nubes avanzaban, me apresuré a atar el caballo y me acosté bajo una manta. Apenas había concluido estos someros preparativos cuando la tormenta más terrible que jamás he visto se abatió sobre nosotros. Pero a pesar del ruido del trueno que repercutía en las montañas con un estrépito espantoso; a pesar de la lluvia y el granizo que me caían encima, dormí buena parte de la noche, tan fatigado estaba.
Nuestro boticario conoció lo que es llover en Ubrique, y para colmo tuvo esa experiencia en un año en que, según los registros meteorológicos, jarreó de lo lindo.
En su camino de vuelta a Sevilla los franceses, amohinados, pasaron por Bornos, y luego por Utrera. Allí pudieron disfrutar de la contemplación del espectacular Gran Cometa de 1811, que en aquellos días se mostraba esplendoroso. Unos lugareños manifestaron que aquel astro seguramente anunciaría la guerra, pero el cura del lugar intervino diciendo sabiamente: “Hemos de estar de acuerdo en que si el cometa anuncia la guerra, la predicción llega un poco tarde”.
Finalmente, el 26 de octubre llegaron a Sevilla. Al día siguiente, Sébastien Blaze fue a ver al general Godinot, pero se quedó helado cuando le informaron de que este se acababa de volar la tapa de los sesos de un pistoletazo. El farmacéutico cree que el general, “muy susceptible en lo tocante al honor, no quiso sobrevivir a esta desgracia”. José María Queipo de Llano, en su Historia del levantamiento, guerra y revolución de España10, da esta versión:
[A Godinot,] reprendido por Soult, que ya le quería mal desde la acción de Zújar, por no haber sacado de ella las oportunas ventajas, alborotósele el juicio y se suicidó en su cama con el fusil de un soldado de su guardia. Había mandado antes en Córdoba, y cometido tales tropelías y aun extravagancias, que mirósele ya como a hombre demente.
Y Vidal Delgado5 cita esta otra:
De resultas de esta desgraciada expedición se presentó Godinot en Sevilla a Soult el 26 de octubre; y preguntado por este cómo no había batido al bandolero Ballesteros, respondió aquel: Señor, ese bandolero es muy capaz de batir aun a todos los mariscales del Imperio. Ofendido Soult con semejante respuesta mandó arrestar a Godinot en su casa, y este, despechado, se quitó la vida.
¿Sería esta la verdadera desgracia que anunciaba el cometa? ¿Acabó la tormenta de Ubrique de “grillar” el cerebro del general Deo-Gratias Godinot? Nada se puede asegurar. Pero, en cualquier caso, el luctuoso suceso parecía vaticinar que a los franceses les quedaban pocos meses en Andalucía.
Una bayoneta encontrada en las inmediaciones de Ubrique, probablemente (por el tipo) de la Guerra de la Independencia.
Noviembre y diciembre de 1811
En torno al 10 de noviembre, dirigiéndose Ballesteros hacia Jimena, encontró al llegar a Ubrique a una columna enemiga a la que batió y persiguió hasta Faraján, “causándole mucho quebranto”5. El 15 de ese mes, para evitar ser envuelto, el comandante español también recaló en Ubrique, donde se le incorporó otra división. Allí recibió la noticia de que el general francés Leval avanzaba con una fuerte columna desde Antequera. Ordenó el repliegue, pero dejó guarnecido Ubrique con la Compañía Cívica de Estepona.
Calle ubriqueña dedicada al guerrillero local Pedro Zaldívar.
Por su parte, el “comandante de partidas” ubriqueño Pedro Zaldívar seguía operando en la zona. El 9 de diciembre informaba así a Ballesteros12:
Excmo Sr.: Ayer 8 llegué a este cantón con toda la partida de caballería de mi mando y la de D. Fernando Clavijo, con 34 prisioneros de los regimientos número 2 y 10, que después de batirse con intrepidez fueron arrollados, dejando 14 muertos, entre Marchena y Mairena, siendo por mi parte la pérdida de 4 soldados gravemente heridos, apresándoles una porción de fanegas de trigo, de que después de haber suministrado 3 días raciones a 160 hombres y caballos, me quedan aún cerca de 200 fanegas. Dios guarde a V. E. muchos años. Ubrique, 9 de diciembre de 1811.
La partida de Zaldívar se disolvió en 1812 y muchos de sus integrantes se alistaron en distintas unidades militares. Nuestro paisano, concretamente, pasó al Regimiento de Húsares de Castilla con el grado de subteniente. (Parece ser que llegó a coronel.) Años más tarde (en torno a 1820) volvió a vérsele por estos lares, ya no combatiendo a los franceses, claro, sino como jefe de una partida realista, luchando contra sus compatriotas liberales, encontrando la muerte en 1822. Dice Fray Sebastián3 que
cometió la imperdonable falta, llevado de su ardor y valentía, de internarse en la provincia de Jaén, y atraído con engaño a Porcuna [sic, por Porzuna, Ciudad Real], donde estaban molestos por sus exacciones anteriores, lo cogieron prisionero con su partida, y bárbaramente lo fusilaron.
Fray Sebastián excusa de esta guisa la fama de bandido que adornaba a Zaldívar en esta etapa de guerrillero al servicio (probablemente pagado con buen oro) de Fernando VII:
No. Zaldívar no fue un bandido, sino un héroe. Su causa era noble y levantada; se batía por su religión y por su patria; y si la necesidad de sostener a su tropa le obligó a proveerse de víveres y municiones donde los encontrase, ello no obsta para que su ideal y sus procedimientos fueran vistos con simpatía y con entusiasmo por la España verdadera, que no se resignaba a estar vendida a la revolución.
A la muerte de Zaldívar se hizo cargo de su partida su lugarteniente José Ruiz Vizcaíno, también era ubriqueño. En una ocasión, según Fray Sebastián, Vizcaíno entró en Ubrique “con órdenes superiores de deponer el Ayuntamiento constitucionalista; se cantó un solemne Te Deum en acción de gracias; se quemaron en la plaza pública las actas capitulares de 1820 a 1823…”. (Un hijo de Vizcaíno llamado José Ruiz Almendral estudió veterinaria y trabajo hasta su fallecimiento en 1877 (a los 50 años) en Pinoso (Alicante)).
1812
En mayo de 1812 hallamos al Escuadrón de Caballería de Ubrique en la zona de Yunquera persiguiendo junto a los batallones 1º de Cataluña, Barbastro y Navarra “a 3.000 infantes y 400 caballos enemigos (…) Parte de aquella tropa [española] estuvo andando 24 horas y sin comer el rancho para conseguir este triunfo. Ningún soldado dijo ni una expresión que indicase falta de [sic] sufrimiento”. Los sargentos de esta expedición fueron gratificados con 8 reales, con 6 los cabos y con 4 los soldados13.
El 1 de junio tuvo lugar una histórica batalla en Bornos, villa que Ballesteros intentó arrebatar a los franceses sin éxito. El periódico gaditano El Conciso del 5 de junio de 1811 informaba así de los preliminares de esta acción:
Anteayer supimos que el Sr. Ballesteros salió el 29 con su ejército para Ubrique con dirección a Bornos, donde se decía haber 4.000 franceses. Hoy [1 de junio] escriben de Algeciras que se halla en Bornos y que no tardará en haber función.
Días más tarde (9 de junio de 1812) el mismo periódico explicaba de este modo cómo había sido la batalla:
Los franceses estaban en número de 8000 a 9000 hombres y con ellos mil y tantos caballos. apostados y atrincherados en Bornos, a los que nuestro general fue a atacar la mañana del 1º de este mes con tanto valor e intrepidez que logró que llegasen nuestras tropas a las mismas trincheras y parapetos de los enemigos; mas resistiéndose ellos como acostumbran, puestos en las expresadas obras y por la superioridad de la caballería, determinó nuestro general retirarse con mucho orden sin que la infantería enemiga determinase perseguirlos y solo sí lo verificaron con una columna de caballería. […] La retirada que hizo nuestro general fue solo repasar el río distante media legua del campo de batalla donde reunió todas las tropas y se mantuvo más de 24 horas. Después se vino a Ubrique. Se asegura que la pérdida del enemigo habrá sido igual a la nuestra y lo indica el no haberse determinado a perseguir a los nuestros ni siquiera media legua. La pérdida de los nuestros será de unos 1000 hombres entre muertos, heridos y prisioneros; de los últimos hay pocos. Ballesteros permanece en Ubrique y se le ha reunido la columna móvil que estaba en la Hoya de Málaga. Aquí está parte de la caballería y los 300 que han venido de Cádiz.
El 6 de junioBallesteros seguía en Ubrique, desde cuyo Cuartel General, como Capitán General de los Cuatro Reinos, dirigió un manifiesto “A los habitantes de Andalucía” donde informaba de los sucesos de Bornos, “que la arrogancia francesa habrá sabido pintaros como una derrota de las armas españolas. Tales son los miserables recursos que le restan después de una jornada tan gloriosa para las tropas de mi mando”. El manifiesto concluía así14:
El Diario de Mallorca (edición del 20 de julio de 1812) publicaba esta versión:
Los franceses, por su parte, consideraron la acción de Bornos ganada claramente por sus huestes.
El Conciso del 11 de junio informaba de otra escaramuza en la Serranía durante esos días:
Por parte del general Ballesteros desde Ubrique el 4 de junio consta que el día 2, 150 caballos franceses acometieron en el cortijo del Pozuelo al escuadrón de la columna móvil de Cártama, mandado por el Sr. Ortiz, que los rechazó bizarramente. Mató 15 soldados e hizo un oficial prisionero; nuestra pérdida fue de solo de un hombre.
Las últimas estancias de Ballesteros en Ubrique fueron en agosto. El día 1 llegó al pueblo a su vuelta de una acción en Osuna, donde sorprendió dormida a la guarnición francesa, y aunque esta se repuso, pudo tomarles entre 50 y 100 prisioneros15. De Ubrique pasó a Alcalá de los Gazules, no sin antes ordenar que una columna de cazadores viniese de Jimena a nuestro pueblo para no dejarlo desprotegido16. El 7 de agosto se sabe que buena parte de las tropas de Ballesteros se hallaban en Ubrique17.
Pocos días más tarde acabó la guerra en la Serranía de Ronda. Efectivamente, los franceses levantaron el sitio de Cádiz el 25 de agosto, al día siguiente se fueron de Ronda. Efectivamente, el día 26 el brigadier Felipe Montes comunicaba al jefe del Estado Mayor General desde Prado del Rey la retirada de los franceses y la ocupación de Ronda y Villamartín:
En la noche del veinte y cinco evacuaron los enemigos toda la línea del Guadalete, Ronda y los puntos de Olvera, Zahara y Teba, volaron las fortificaciones, clavaron la artillería e inutilizaron las municiones. Seguidamente ocuparon nuestras tropas a Ronda y Villamartín, todo lo que pongo en conocimiento de V. E. según corresponde.
Dos días más tarde Soult salía de Sevilla en dirección a Córdoba. ¿Demasiado calor en Andalucía para soportarlo un francés? No: Napoleón ordenaba que el ejército francés que estaba en España acudiera a Rusia para combatir… al temible General Invierno. Pero esa es otra historia.
Convento de Ubrique (Foto del Archivo General de la Administración).
Ubrique había quedado devastado. Fray Sebastián3 dice, citando una entrada de 1815 en la Crónica Instrumental de la Fundación del Convento de Capuchinos de Ubrique:
Ha sufrido Ubrique los mayores descalabros, ruinas e incendios que casi pueblo alguno, siendo quince veces las que han entrado, destrozando, saqueando e incendiando el pueblo y todos sus edificios. Entre ellas ha sido este convento tres veces incendiado: la primera, que es la de menos consideración, por el lado del Benalfí, por haberlo apagado pronto los vecinos; la segunda, la iglesia, no habiendo quedado de las pinturas del altar mayor, que eran muchas y especiales, ni vestigios de ellas. El altar se vino a tierra, el camarín y el retablo de la Virgen de los Dolores, siendo tanto el fuego, que se descubrían las piedras secas de las paredes, de modo que las gentes lloraban de ver el templo de la Virgen, que es el de su Dios, tan irreparable por sus muchas ruinas, por la escasez y miseria en que quedaba el pueblo. La tercera la sacristía, con la cajonera y las demás cosas que se contenían en ellas, con puertas, ventanas, rejas y cuanto había inmediato, que todo hacía casi imposible su reparación.
La Crónica agradece a la providencia y misericordia divinas que los frailes hubieran
perseverado congregados (…) cumpliendo sin desmayar ni desfallecer sus religiosos deberes de culto divino, predicación y confesonario, con tanta exactitud y observancia, con tanta disciplina, como si hubiéramos estado en tiempos de la mayor tranquilidad, y puede decirse con toda verdad que solo se ha faltado a los actos de la comunidad el tiempo que los franceses ocupaban el pueblo, de cuyo ejemplo y edificación se movió la Justicia para mantenernos de raciones de carne, mientras duraron los franceses, que fue el tiempo de dos años, por cuyas limosnas y caridad debe esta comunidad hallarse muy reconocida, agradecida y obligada (…) y pidámosle [a Dios] agradecidos a tanto beneficio que derrame con abundancia sus soberanos auxilios y copiosas bendiciones sobre ellos y sobre todo el pueblo, que sobre sus fuerzas no nos ha escaseado el pan y demás socorro para nuestra honesta sustentación.
El fraile que escribió la Crónica se congratulaba de que al menos el pueblo no se hubiera contaminado de la impiedad francesa:
Y ¿acaso se ha limitado por ahora la generosidad de este pueblo a nuestra generosa manutención? No por cierto, que, como verdaderos católicos, romanos, en quienes la fe no ha padecido ningún eclipse, su esperanza se halla animada, su caridad ni se ha resfriado, ni se han introducido los falsos sistemas y perversas doctrinas de los franceses, afrancesados, libertinos e incrédulos, que con tanto ahínco han sembrado en los corazones de los incautos españoles, con sus corrompidas costumbres y depravadas conductas.
Los frailes reconocían que gracias a “este pueblo piadoso”, “concurriendo cada pobre con sus limosnas”, a los dos años de haberse ido los franceses la casa de Dios estaba reparada, adecentada, aseada y adornada, “hallándose todo en mejor estado casi que estaba antes”. Se alegraban de tener nuevos vasos sagrados, custodia, cáliz, copón, “tacita de consagrar” y demás vajilla de esa que al parecer es grata al Omnipotente.
Sin embargo, Fray Sebastián no se contenta con que su comunidad acabara estando materialmente mejor que antes. El fraile se queja de que, mientras el pueblo se batía, “se habían reunido las Cortes de Cádiz, en las que nació el liberalismo, hijo y sucesor del enciclopedismo volteriano”. El régimen semifeudal de señorío que había estado vigente durante las tres últimas centurias se había venido abajo, y esa “triste” circunstancia amarga a Fray Sebastián las mieles de la victoria contra los franceses:
La provisión de alcaldes se hacía hasta 1810 por la duquesa de Benavente y de Arcos. Las Cortes de Cádiz decretan que los derechos jurisdiccionales de los señoríos pasen a los pueblos. A los religiosos les prohibieron pedir fuera de los pueblos donde estaban enclavados los conventos, y se dieron tales espectáculos y se siguió una política tan irreligiosa, que el escándalo fue grave en estos pueblos patriarcales, hasta que vino Fernando VII y echó a rodar el tinglado constitucional.
Pero dejemos esta nueva digresión y acabemos de contar lo que sabemos de la Guerra de la Independencia en relación con Ubrique. Porque, aunque como hemos dicho, los franceses dijeron adiós a la Serranía de Ronda en agosto, el Escuadrón de Caballería de Ubrique quiso ser “educado” y “escoltó” a los imperiales en su camino hacia los Pirineos.
Uniforme español de húsar de regimiento (elcorreo.com).
1813
Acciones del escuadrón de caballería de Ubrique
El libro Estado Militar de España, de 181218, incluye al cuerpo de caballería de Ubrique dentro de la categoría de escuadrones provinciales, subcategoría Cazadores, e informa de que su comandante era entonces el coronel Gregorio Fernández, siendo su ayudante el capitán Antonio Acosta.
El 29 de enero de 1813, el escuadrón ubriqueño se encontraba en Córdoba, según se desprende de esta nota publicada en El Conciso el 7 de febrero:
Úbeda, 29 de enero. El domingo o lunes debe salir de Córdoba el escuadrón de cazadores francos de caballería de Ubrique, perfectamente equipados; pasará por Jaén, donde está el cuartel general, para trasladarse al campo del honor, en donde tienen acreditado su denuedo y patriotismo.
Tres semanas más tarde se hallaban en Mancha Real (Jaén)19:
Mancha Real, 17 de febrero. (…) Ayer llegó al cuartel general el escuadrón de cazadores francos de Ubrique perfectamente equipado e instruido. Debe pasar a la Mancha a unirse con la demás caballería; el brigadier Cisternes viene a mandarla, y Rich pasa a mandar la de la reserva.
Pocos días después, en Puertollano (Ciudad Real)20:
Mancha Real, 23 de febrero. Los enemigos han pasado el 15 por la Mota del Cuervo en número de 12.000 hombres de todas armas. Parte de esta fuerza pertenece al ejército de Suchet y lo restante al de Soult. Conducen un convoy de víveres exorbitante que se dice llevan a Castilla porque allí carecen de ellos. En todas partes están haciendo galleta [un tipo de pan cocido y salado] y la almacenan en Toledo y otros pueblos de la derecha del Tajo. Ayer llegó a Puerto Llano el escuadrón de caballería de Ubrique y dos compañías de cazadores para reforzar aquel punto.
Y el 24 de febrero en Calzada de Calatrava (Ciudad Real)21:
Santa Cruz, 25 de febrero. El día que en Manzanares hicieron el nombramiento de los 10 hombres por compañía que deben ir a Francia hubo mucho descontento entre los soldados, tanto que dijeron al general que habían de ir todos o ningunos, y al fin los sosegó y se conformaron. En Manzanares solo quedan ahora 200 caballos y 500 hombres. Ayer tuvieron puestas centinelas dobles por haber estado en la Calzada de Calatrava el regimiento de caballería de Ubrique y 200 infantes que pasan a Puertollano a incorporarse con Calatrava y húsares de Castilla, reuniéndose en dicho pueblo 1.000 caballos y 500 infantes.
Puente sobre el río Algodor, cerca de Los Yébenes (Jeromo63, Wikimedia Commons).
Probablemente, en estos desplazamientos el escuadrón de Ubrique participó en operaciones de hostigamiento a la retaguardia enemiga. Pero, sin ninguna duda, la acción que está más documentada fue la de Orgaz, que se desarrolló en el puente de San Andrés, sobre el río Algodor, a una legua de la localidad toledana de Los Yébenes, el 26 de marzo de 1813M6.
Cuando el coronel Mariano Villa, al mando del escuadrón de caballería de Cazadores de Ubrique (120 hombres), se dirigía a realizar un reconocimiento sobre la retaguardia enemiga situada en Orgaz, fue descubierto por un cuerpo de caballería francés de unos 800 hombres. Villa intentó engañarlos haciéndoles creer mediante una estratagema que estaba al frente de un destacamento muy numeroso. Durante hora y media los galos se lo tragaron, pero acabaron percatándose del ardid y acometieron a los españoles. Estos resistieron como pudieron, pero al verse tan superados en número, Villa ordenó la retirada hacia el puente de San Andrés, donde había dejado apostadas dos compañías del Regimiento Primero de Infantería de Cataluña. Allí, los soldados del escuadrón de Ubrique que habían podido escapar de la carga francesa –dos tercios o algo más– junto a los 200 infantes del 1º de Cataluña pudieron rechazar a la caballería imperial.
Varios periódicos de la época se hicieron eco de esta acción (El Conciso del 7 de abril de 1813, el Diario de Palma del 9 de mayo, la Gaceta del Gobierno de México del 28 de octubre, etc.) Así la contaba El Conciso del 6 de abril:
El mismísimo Duque de Wellington recomendó que fuesen condecorados los principales jefes de esta acción. Y así fue, en 181422:
15 componentes del escuadrón de Ubrique que habían sido hechos prisioneros por los franceses en la acción de Orgaz fueron entregados por estos al mes siguiente en Toledo23:
El escuadrón de Ubrique siguió picando la retaguardia francesa formando parte del tercer ejército24. En agosto lo encontramos en el frente de Tarragona, concretamente en Mora de Ebro, pasando el río25…
La promulgación de la Constitución de 1812 (Cortes de Cádiz), cuadro de Salvador Viniegra.
Pero dejémoslos seguir a los soldados napoleónicos (quizá allende los Pirineos para participar con el Duque de Wellington en la invasión del sur de Francia) y volvamos a nuestra Serranía. En ella, los representantes de 26 pueblos que se habían levantado contra los franceses decidieron pedir recompensas a la Nación. Sus reivindicaciones las expusieron en las Cortes de Cádiz los diputados Francisco Garcés y Barea (por Cortes de la Frontera) y Juan de Salas (por Ubrique) en la sesión del 18 de junio de 181326. Entre otras reclamaciones, los ayuntamientos pedían que se les concediera el título de Muy Ilustre y Leal; que la Serranía de Ronda dejara de llamarse tal y pasara a denominarse Sierra del Mediodía; y que “el escuadrón de Ubrique, creado en la Sierra, cuyos servicios son bien conocidos, no pueda ser reformado ni extinguido y conserve siempre este nombre”. Estas fueron las 13 exigencias de los 26 pueblos serranos:
Dos jueces
En un libro de Ricardo Gómez Rivero titulado Los Jueces del Trienio Liberal, editado por el Ministerio de Justicia en 2006, se menciona a dos jueces que desempeñaron sus funciones en Ubrique en algún momento durante la Guerra de la Independencia.
Uno de ellos fue Antonio Vicente Lobariñas, nacido en Astorga en 1768. Fue bachiller por la Universidad de Valladolid (1788), abogado de la Chancillería de Valladolid (1792), juez letrado de las villa de Belalcázar (1795), de Paradas y de Casares antes de ser juez de las Cuatro Villas de la Serranía de Villaluenga. Fue capitán de la primera compañía de la milicia urbana de Ubrique, por lo que los franceses pusieron precio a su cabeza. Le quemaron su casa y lo persiguieron. En 1822 fue asesor militar del Tercer Ejército. He aquí un anuncio publicado en La Gazeta relacionado con asuntos de su competencia:
El otro es Julián Ruiz Marín Martínez, natural de Santiago, provincia de Murcia, nacido en 1771. Bachiller en Leyes por la Universidad de Granada, individuo de la Academia de Derecho «Virgen del Camen» de Madrid y abogado de la Audiencia de Granada (1798). Durante la dominación francesa fue asesor del brigadier González en la serranía de Ronda, ocupándose de asuntos de intendencia de las tropas. Donó a la causa más de 8000 reales, su caballo y otras pertenencias. Fue nombrado alcalde mayor de Ubrique el 16 de noviembre de 1814.
Celebración en Ubrique de la vuelta de Fernando VII
Como hemos visto, a partir del verano de 1812, con el levantamiento del sitio de Cádiz, el ejército francés empezó a replegarse. Los angloespañoles persiguieron y hostigaron a los galos hasta que estos atravesaron los Pirineos, e incluso dentro de territorio francés, lo que forzó a Napoleón a firmar con Fernando VII el 11 de diciembre de 1813 el tratado de Valençay por el que este último recuperaba la corona de España. Las Cortes de Cádiz, sin embargo, no reconocieron la validez del tratado y decretaron que no aceptarían al Borbón hasta que jurara la Constitución de 1812.
Fernando VII entró en territorio español el 22 de marzo de 1814, concretamente por Figueras, para pasar inmediatamente a Gerona y después a Zaragoza. Después, el monarca más nefasto que ha sufrido la España contemporánea se dirigió a Valencia, donde llegó el 16 de abril. Allí, con el apoyo del general Elío, capitán general de dicha ciudad, y envalentonado con el «manifiesto de los persas», abolió el 4 de mayo “aquella Constitución y aquellos decretos nulos y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubiesen pasado jamás tales actos y se quitasen de enmedio del tiempo”. Inició así la persecución de los liberales y el primer período absolutista y se convirtió en aquel Saturno devorando a sus hijos que pintó Goya. (Seis años más tarde, en 1820, una sucesión de sublevaciones por toda España lo obligaron a jurar la Constitución pronunciando la histórica frase “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”.)
El 13 de mayoEl Deseado entró triunfante en Madrid, donde fue recibido con un inmenso entusiasmo popular. Ubrique no quiso ser menos. A nuestro pueblo llegaron las noticias de la vuelta a España de Fernando VII el 4 de abril y provocaron al parecer un gran júbilo en la población. Tanto, que el Ayuntamiento decidió organizar el domingo 22 de mayo, en la Plaza, una función alegórica con ninfas y genios, “iluminación general por tres noches”, fuegos artificiales, Te Deum, desfile cívico-religiosa por las calles engalanadas, “refresco”, corrida de toros y baile, concurriendo todos los ubriqueños y gentes de los pueblos vecinos. No se sabe si la fiesta la organizaron los “sujetos principales” desconociendo que el Rey había abolido la Constitución 18 días antes o precisamente por eso. (En Ubrique existían influyentes elementos absolutistas como los capuchinos o el guerrillero Zaldívar).
En cualquier caso, el acontecimiento resultó tan fastuoso que fue publicado en la Gaceta de Madrid del 21 de junio de 1814. Copio íntegramente (respetando la ortografía de la época) tan interesante documento para la historia de Ubrique.
Ubrique 25 de Mayo
Habiendo llegado á esta villa el 4 de Abril último la noticia de la entrada en Gerona de nuestro amado Rey el Sr. D. Fernando VII, sus habitantes dieron las mayores demostraciones de júbilo con repetidos vivas, salvas y repique general, á que se siguió un solemne Te Deum é iluminación por tres noches, sin haber precedido órden alguna superior; y luego que supieron que S. M. habia llegado á la capital, y colocádose en el trono de sus mayores, dispusieron una funcion, en que se desahogasen sus sentimientos de amor y lealtad á su legítimo Soberano.
El 22 de Mayo amanecieron colgadas con mucha magnificencia las casas capitulares, en cuyo balcon se colocó el retrato de nuestro adorado Monarca, é inmediatamente el alcalde primero D. Francisco Vegazo Rodriguez dió la voz de viva el Rey, á que contestó con repetidos vivas el inmenso gentío que de este pueblo é inmediatos habia concurrido: á este tiempo un coro de 18 niñas vestidas de forma de ninfas representando las 18 provincias de España, cuyas nombres llevaban por divisa, aparecieron cautivas, sus brazos ligados con cintas, que á la voz de viva el Rey fueron desatadas por varios niños vestidos de genios ó ángeles de paz, dando á entender que todas las provincias gemian por la cautividad y ausencia de su Monarca, y que quedaban libres al presentarse entre sus vasallos: á esta accion siguió un gracioso bayle de las mismas niñas con instrumentos correspondientes, y concluyó con elevarse enmedio de ellas un asta que terminaba en una targeta de viva el Rey, á la que asidos todos simbolizaban la union de dichas provincias para amar y proclamar a su Soberano: en seguida tomado el real retrato por el alcalde primero, y por el cura párroco D. Eugenio Lázaro la insignia representativa de la religion, y escoltados de guardias de honor compuesta de los sugetos principales, y acompañados de todo el ayuntamiento, clero secular y regular, comunidad de capuchinos y de un grande concurso, se dirigieron a la parroquial, donde se celebró una magnífica función y se cantó un solemne Te Deum, estando el real retrato expuesto baxo un dosel primoroso: concluida dicha funcion tomaron los citados alcaldes y cura sus respectivas insignias, y con el mismo acompañamiento pasearon las principales calles, que estaban colgadas y adornadas ricamente: por la tarde hubo un abunte [sic] refresco que dió el ayuntamiento, una lucida corrida de novillos, y por la noche iluminacion general; un castillo de primorosos fuegos, terminando el regocijo con un gran bayle, que duró hasta la madrugada, habiendo reynado la mejor armonía y tranquilidad enmedio de tan numeroso gentío.
M1. Los enemigos atacan Villaluenga y Ubrique: ES.28079.AHN//DIVERSOS-COLECCIONES,94,N.41.
M2. Los patriotas de la Serranía de Ronda obligan al desalojo del enemigo del pueblo de Ubrique: ES.28079.AHN//DIVERSOS-COLECCIONES,94,N.71.
M3. Oficio de Pedro Cortes al general Abadía sobre el estado de las compañías de infantería fija de Estepona y Marbella de las recompensas que debían darse a sus miembros: ES.28079.AHN//DIVERSOS-COLECCIONES,106,N.82.
M4. El gobernador (enemigo) de Ronda comunica al duque de Dalmacia la situación de las tropas enemigas de Ronda y los estados de su artillería y participa la salida del general Verlé y su marcha por los pueblos de Ubrique, Estepona y Marbella. Documentos interceptados a los franceses por el 4º ejército español: ES.28079.AHN//DIVERSOS-COLECCIONES,134,N.58.
M5. Comunicación de Francisco Ferraz, jefe interino del Estado Mayor del 4º Ejército, al jefe del Estado Mayor General, de la ocupación francesa de Alcalá de los Gazules, Ubrique y Cortes, e instrucciones de éste al respecto: ES.28079.AHN//DIVERSOS-COLECCIONES,74,N.8.
M6. Acción del Puente de San Andrés junto a Yébenes en 26 de Marzo de 1813: ES.28079.AHN//DIVERSOS-COLECCIONES,101,N.47.
M7. Diversos-colecciones, 74, N.3 (Prado del Rey, 26 de agosto de 1812).