En el Congreso Internacional de Botánica 2024, celebrado en Madrid, los botánicos han decidido eliminar los nombres científicos de organismos que resultan ofensivos. Por ejemplo, se cambiarán los nombres de 200 especies de plantas, hongos y algas que contienen terminos relacionados con la palabra caffra, que se usa contra los negros y otras personas principalmente en el sur de África. Por ejemplo, la planta coralillo costero se llamarán formalmente, a partir de 2026, Erythrina affra, en lugar de Erythrina caffra. Con affra se quiere reconocer a África.
También se quieren renombrar otros nombres ofensivos, como aquellos que reconocen a colonialistas o personas que apoyaron la esclavitud.
Los defensores de estas propuestas argumentan que, así como la sociedad critica la veneración de personas responsables de injusticias históricas, la ciencia también debería hacerlo. Sin embargo, algunos en el mundo de la taxonomía temen que cambiar nombres en masa podría causar confusión en la literatura científica y crear una pendiente resbaladiza que podría amenazar cualquier nombre de especie que reconozca a una persona.
Los defensores de los cambios señalan que los nombres de las especies y las reglas de taxonomía están en constante cambio. Eliminar nombres especialmente atroces es una gota en el océano en comparación con los cambios que ya ocurren cuando, por ejemplo, un análisis genético divide una sola especie en múltiples especies o revela nuevas relaciones entre especies.
Cada seis o siete años, los taxónomos se reúnen en una conferencia llamada el Congreso Internacional de Botánica para considerar cambios en las reglas para nombrar plantas, así como hongos y algas (un grupo separado es responsable de los nombres de animales).
Las nuevas especies de plantas son típicamente nombradas por los científicos que las descubren. Durante el siglo XIX e incluso bien entrado el siglo XX, los científicos mayormente europeos que nombraban formalmente especies encontradas en el mundo no occidental a menudo reconocían a gobernantes coloniales, como el político Cecil Rhodes.
Un ejemplo de nombre ofensivo es el de un género de arbustos con flores que se encuentra en Australia, llamado Hibbertia. Fueron nombrados en honor a un comerciante inglés del siglo XVIII que se benefició del comercio de esclavos y luchó contra la abolición.
No nombres de personas
Algunos investigadores han pedido cambios aún mayores: terminar con la práctica de nombrar especies con nombres de personas. Esto no le parece justo a otros porque podría impedir que investigadores del sur del planeta tengan la oportunidad de nombrar especies con los nombres de los científicos locales que los descubran, de líderes indígenas, etc.
El antropocentrismo es muy difícil de desarraigar.

