En un artículo en Nature, Alix Soliman comenta que el calor extremo es un «gran asesino» y que a medida que aumenta la amenaza de olas de calor mortales, los científicos están trabajando con las ciudades para introducir funciones de refrigeración de baja tecnología para proteger a los ciudadanos.
El calor extremo en la salud pública es un problema que, en promedio, causa más muertes en los Estados Unidos que otros eventos meteorológicos como huracanes o inundaciones. Las áreas urbanas son particularmente vulnerables debido al efecto de isla de calor, consistente en que los edificios y las vías públicas absorben calor durante el día y lo liberan por la noche, dificultando que las personas encuentren alivio.
Peor calidad del aire
El impacto del calor en las ciudades es especialmente severo debido a la falta de circulación de aire durante las olas de calor, lo que intensifica la contaminación y empeora la calidad del aire. Esto crea un círculo vicioso, donde el calor y la contaminación se combinan para agravar los problemas de salud, especialmente en ciudades como Los Ángeles y Pekín.
Con el cambio climático, se prevé que las olas de calor se intensifiquen y se vuelvan más comunes, incluso en regiones que históricamente no han enfrentado temperaturas extremas. Según Luber, el manejo del calor no es solo un desafío físico, sino también cultural y conductual. Los cambios pequeños en el comportamiento no son suficientes para proteger a las personas del calor extremo. Es importante sensibilizar a la población y rediseñar las ciudades para mitigar los efectos del calor, pues las olas de calor prolongadas pueden sumir a las ciudades y a sus gentes en un estado de depresión y desmotivación.
Estaciones de enfriamiento
Una de las soluciones propuestas es la creación de estaciones de enfriamiento en las áreas más afectadas, equipadas con aire frío, ventiladores y agua. Estas estaciones permiten a las personas reducir la temperatura de su cuerpo durante un par de horas al día, lo que puede ser vital para prevenir problemas de salud relacionados con el calor.
India ha implementado un «plan de acción contra el calor» en la ciudad de Ahmedabad desde 2013, después de que una ola de calor en 2010 matara a 1344 personas. Este plan incluye anuncios públicos previos a los días de calor extremo, la provisión de estaciones de enfriamiento y la preparación de los servicios de emergencia. Aunque estas medidas probablemente han ayudado a reducir la mortalidad, es difícil evaluar su impacto exacto debido a la falta de datos sistemáticos de registro de muertes.
En Grecia, la situación es aún más complicada debido a la falta de datos nacionales que vinculen la mortalidad y la morbilidad con el calor extremo. Después de una ola de calor, la cifra de muertes se estima comparando el número de personas que normalmente mueren con el número de muertes durante el período de calor, lo que impide una comprensión precisa del impacto del calor en la salud pública.
Además de estas medidas, se está considerando el rediseño de las ciudades para incluir más elementos naturales que proporcionen sombra y liberen humedad, como árboles y espacios verdes. Estos cambios podrían marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Sin embargo, implementar estas soluciones requiere adaptarlas a los desafíos locales específicos, lo que complica su aplicación.
Estrategias que funcionan
Un estudio publicado recientemente en Nature Medicine mostró que algunas estrategias para combatir el calor podrían estar funcionando. La investigación de Elisa Gallo, epidemióloga del Instituto de Salud Global de Barcelona, estimó que 47 690 personas murieron en Europa debido al calor en 2023. Utilizando modelos estadísticos, el equipo de Gallo calculó que, si la ola de calor récord de 2023 hubiera ocurrido a principios de siglo, la cifra de muertes habría sido un 80 % más alta. Aunque aún no está claro qué políticas son las más efectivas, los países europeos parecen estar mejor preparados para proteger a la población que en 2003.
Una de las claves para mejorar la respuesta a las olas de calor es la recolección de datos. Sin embargo, la mayoría de los estudios sobre el efecto de isla de calor en las ciudades utilizan datos de satélite, que miden las temperaturas superficiales en lugar de las experimentadas por las personas. Por ejemplo, pintar vías y edificios de blanco puede reducir la temperatura superficial, pero esto puede reflejar el calor sobre las personas, empeorando la situación para los peatones. Este tipo de políticas mal orientadas subraya la necesidad de soluciones más específicas y adaptadas a las condiciones locales.
Las ciudades deberían dedicar más espacio a los parques, pero esto es difícil de lograr debido a la necesidad de equilibrar otras demandas, como la vivienda asequible y el uso reducido del agua en áreas áridas. La idea de “despavimentar” —eliminar carreteras y estacionamientos para reemplazarlos con espacios verdes— está ganando popularidad en ciudades como Portland y Ámsterdam. Aunque cada muerte por calor se puede prevenir, se necesita voluntad y recursos para lograrlo.

