En las últimas dos décadas, vastas regiones de los océanos del planeta se han vuelto más oscuras, un fenómeno que preocupa seriamente a la comunidad científica por su potencial para alterar ecosistemas marinos, redes alimentarias y procesos fundamentales como el ciclo del carbono. Según un nuevo estudio, más de una quinta parte de los océanos globales ha experimentado este oscurecimiento entre 2003 y 2022.
La investigación, publicada en Global Change Biology, combina datos satelitales y modelos numéricos para analizar los cambios en la zona fótica, la capa superior del océano donde penetra la luz suficiente para sostener la vida. Esta zona es vital, ya que alberga el 90 % de las especies marinas y es donde ocurre la fotosíntesis del fitoplancton, base de las cadenas tróficas oceánicas y responsable de casi la mitad del oxígeno del planeta.
¿Qué está ocurriendo bajo las olas?
El estudio revela que aproximadamente 75 millones de km² de océano —una superficie equivalente a Europa, África, China y América del Norte juntas— han perdido transparencia. En un 9 % del océano, las zonas fóticas se volvieron 50 metros más someras, y en un 2,6 %, hasta 100 metros más.
Este oscurecimiento tiene implicaciones graves: al reducir la profundidad a la que llega la luz, las especies marinas se ven forzadas a moverse hacia la superficie, compitiendo por un espacio más limitado, con consecuencias en su alimentación, reproducción y supervivencia.
¿Qué causa el oscurecimiento?
Cerca de las costas, el oscurecimiento se asocia a fenómenos conocidos como afloramientos de aguas frías y ricas en nutrientes, y al arrastre de sedimentos y nutrientes desde tierra firme por lluvias intensas. Sin embargo, en alta mar, las causas son menos claras. Se sospecha que el calentamiento global y los cambios en las corrientes oceánicas están jugando un papel crucial.
No todo es oscuridad
Las zonas donde se están produciendo cambios importantes en la circulación oceánica o donde se calienta el agua, como el océano Austral y el Atlántico Norte, muestran claros signos de oscurecimiento. Pero, a pesar de esta tendencia general, un 10 % de los océanos, unos 37 millones de km², se ha vuelto más claro durante el mismo período. Por ejemplo, frente a la costa oeste de Irlanda, una vasta área de mar ha ganado luminosidad. Sin embargo, este brillo no compensa los efectos negativos observados globalmente.
Impacto en la biodiversidad y el clima
La luz no solo es importante para la fotosíntesis. Muchos organismos marinos la utilizan para cazar, reproducirse y coordinar sus ciclos biológicos. Al oscurecerse el océano, estas especies deben ascender hacia la superficie, donde el espacio es limitado, lo que genera mayor competencia y estrés ecológico.
Este fenómeno es una tendencia preocupante, capaz de perturbar redes alimentarias, alterar la distribución de especies y reducir la capacidad del océano para regular el clima y sostener la biodiversidad.
Además, las zonas costeras, más expuestas a la actividad humana, son especialmente vulnerables. Su resiliencia es crucial tanto para la salud ecológica como para el bienestar humano.

