El 28 de mayo de 2025, un acontecimiento geológico de gran magnitud sacudió el corazón de los Alpes suizos. El glaciar Birch, situado en la región del Lötschental, se desplomó repentinamente, provocando un gigantesco deslizamiento de tierra que sepultó la mayor parte del pintoresco pueblo de Blatten, cuyos habitantes (personas y animales) habían sido previamente evacuados. Esta catástrofe natural ha dejado atónitos a geólogos, ambientalistas y a la comunidad internacional, no solo por la escala del evento, sino también por lo que revela sobre el frágil equilibrio de los ecosistemas alpinos ante el cambio climático.
Según las estimaciones preliminares, alrededor de 3 millones de metros cúbicos de roca, hielo y escombros se desprendieron abruptamente por la ladera, arrasando con casi un 90 % del pueblo de Blatten. Las imágenes de satélite tomadas por la misión Centinela-2-Copérnico dos días después del incidente muestran con claridad la dramática cicatriz que el deslizamiento ha dejado en el paisaje. Una franja marrón y gris —el camino del alud— corta abruptamente los verdes prados alpinos y los parches de nieve que aún resistían el final de la primavera.
Este tipo de desastres no es nuevo en regiones montañosas, pero su frecuencia e intensidad parecen estar aumentando. La principal causa del colapso habría sido el debilitamiento de la base del glaciar, posiblemente por el deshielo acelerado del permafrost, esa capa de suelo permanentemente congelado que actúa como “cemento natural” en las montañas. Con el aumento de las temperaturas, ese “cemento” pierde cohesión, y las laderas se desmoronan.
Además del impacto inmediato en Blatten, el evento ha generado una amenaza secundaria: el taponamiento del río Lonza por la masa de escombros. Esto ha creado una especie de represa cuya estabilidad es incierta. Si esta barrera colapsara de manera abrupta, podría liberar una ola de agua y lodo río abajo, causando inundaciones en otros pueblos del valle. Las autoridades suizas han iniciado trabajos de monitoreo y desvío controlado del flujo, pero el riesgo aún persiste.
Sistemas dinámicos
Más allá de lo dramático del suceso, el colapso del glaciar Birch nos recuerda que los glaciares no son simples masas de hielo inertes, sino sistemas dinámicos profundamente sensibles al clima. Su retroceso, su fractura o incluso su desaparición no solo afecta a quienes habitan cerca, sino que tiene consecuencias globales. La pérdida de masa glaciar altera el suministro de agua dulce, contribuye a la subida del nivel del mar y modifica el equilibrio geológico de las montañas.
La tragedia de Blatten también plantea preguntas urgentes: ¿Estamos preparados para estos eventos extremos de este tipo? ¿Deberían revisarse los mapas de riesgo geológico de zonas de montaña? ¿Cómo se puede integrar la ciencia del clima y la geología en la planificación urbana y en los sistemas de alerta temprana?
El deslizamiento del glaciar Birch no solo es una señal de alarma para los habitantes del Lötschental. Es un mensaje claro para todo el planeta: la montaña, como muchas otras estructuras naturales, está cambiando rápidamente. Comprender estos cambios y adaptarse a ellos no es una opción, sino una necesidad.

