Un estudio reciente ha revelado que los monumentos religiosos en China han actuado durante milenios como auténticos refugios para miles de árboles antiguos, incluyendo decenas de especies en peligro de extinción y algunas que ya han desaparecido en estado salvaje. Estos hallazgos, publicados en la revista Current Biology, no solo ofrecen una nueva perspectiva sobre la conservación de la biodiversidad, sino que también destacan el papel fundamental que las tradiciones culturales pueden desempeñar en la protección del medio ambiente.
El estudio, liderado por el investigador Yongchuan Yang del Colegio de Medio Ambiente y Ecología de la Universidad de Chongqing, analizó un total de 46 966 árboles con más de cien años de antigüedad, ubicados en paisajes dominados por el ser humano. La mayoría de estos árboles se encuentran en el interior o en las inmediaciones de 5125 templos budistas y 1420 templos taoístas distribuidos por toda China. En total, se identificaron 534 especies diferentes, de las cuales 61 están catalogadas como amenazadas. Lo más sorprendente: ocho de estas especies solo sobreviven dentro de los terrenos de los templos.
Una de las especies más emblemáticas que se benefician de esta protección es el Ginkgo biloba, considerado sagrado tanto en el budismo como en el taoísmo. Su vínculo con la espiritualidad ha sido su salvación: mientras sus poblaciones han disminuido drásticamente en otros entornos por la acción humana, los ejemplares plantados en los templos han sido respetados y cuidados por generaciones.
Los datos obtenidos revelan un hecho impactante: la densidad de árboles antiguos dentro de los templos es más de 7000 veces mayor que la que se encuentra fuera de ellos o en la naturaleza. Además, estos árboles tienden a ser más longevos: la edad promedio en templos es de 261 años, en comparación con los 203 años de los árboles que crecen fuera de estos sitios. Algunos ejemplares incluso superan los 2000 años de vida, auténticos testigos vivos de la historia y el clima del pasado.
Más allá de su valor simbólico o espiritual, estos árboles desempeñan roles ecológicos vitales. Contribuyen al reciclaje de nutrientes, ofrecen hábitats para diversas especies de animales e insectos, y fomentan la diversidad biológica en entornos urbanos y rurales.
El botánico Paul Smith, de la organización Botanic Gardens Conservation International en Kew, Reino Unido, señala que una de las próximas etapas cruciales en esta investigación será analizar la diversidad genética de los árboles de los templos en comparación con las poblaciones naturales. Este enfoque permitirá entender si estas poblaciones protegidas son lo suficientemente diversas genéticamente como para resistir enfermedades, cambios ambientales y otras amenazas.
Yang comparte esta visión y subraya que explorar el legado genético de los árboles sagrados podría ofrecer claves valiosas para diseñar nuevas estrategias de conservación forestal, más eficaces y culturalmente integradas.
Este estudio nos recuerda que la cultura y la ciencia no son mundos separados. En este caso, los valores espirituales han servido, quizá sin proponérselo, como barreras contra la destrucción ecológica. En un planeta donde los espacios naturales se reducen rápidamente, reconocer y aprovechar estos vínculos entre tradición y naturaleza podría marcar la diferencia en la lucha por preservar la biodiversidad.
Referencia
Huang, L. et al. Curr. Biol. https://doi.org/10.1016/j.cub.2025.05.030 (2025).

