Química, drogas y narcotráfico

Esteban Rodríguez Bandín »

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En nuestra más reciente historia, sobre los años 70, surge algo totalmente nuevo que sacudirá las vidas de millones de personas y provocará profundos cambios sociales y políticos a nivel mundial: las drogas de síntesis. Estas son mal llamadas drogas de diseño y se asocia su nacimiento a 1914 cuando la compañía Merck investiga una substancia vasoconstrictora denominada MDMA (3,4-metilendioximetanfetamina). El MDMA nunca saldría al mercado con tal fin y tendrá que esperar hasta 1970 para volver a ver la luz, esta vez con unos fines más dudosos, como droga psicoactiva.

Es bien sabido el poder que pueden llegar a poseer las drogas sobre la conducta de los seres vivos. Por ejemplo, la cocaína puede hacer que el sistema nervioso de un ratón anule los estímulos de alimentación e hidratación anteponiendo el consumo de la substancia blanca a estos dos.

Si ponemos un ejemplo a mayor escala, esta vez focalizándonos en el ser humano, nos encontramos con las Guerras del Opio. Este conflicto entre el Imperio Británico y China estalló por el control de la producción, transporte y venta del opio. Esta planta, en la época del conflicto (1839-1842) era consumida de forma natural mezclada con un poco de tabaco. Es alarmante pensar que si una simple planta, en su estado primario, sin sufrir ninguna modificación ni alteración fue capaz de hacer estallar una guerra entre dos potencias, ¿de qué sería capaz ese elemento si se potenciara su principio activo haciéndola más adictiva? Lo lógico y lo acertado sería pensar que su impacto sería mucho mayor.

El dudoso honor de este incremento en su peligrosidad se debe a la ciencia experimental que estudia la estructura, propiedades y transformaciones de todo tipo de substancias, o en otras palabras, la Química. Por ejemplo, a partir del opio, mediante la acetilación del clorhidrato de morfina podemos obtener heroína. Este compuesto es resultado de un experimento fallido en los laboratorios del gigante farmacéutico alemán Bayer, que pretendía obtener codeína, que es un analgésico más débil y menos adictivo que la morfina, pero acabaron obteniendo la heroína, que resulto ser entre un 50% y un 100% más potente que la morfina. image

Cocaína

En definitiva, la aplicación de los avances científicos propulsó la conversión de drogas en naturales en drogas semisintéticas (heroína) y drogas sintéticas o de síntesis (LSD). Para comprender mejor el impacto que una droga de síntesis puede tener en el organismo, pondremos como ejemplo una de las más famosas, la cocaína. La “coca” se puede introducir en el organismo tanto por vía intravenosa como esnifándola o fumándola. En cuestión de unos segundos la substancia ataca al sistema nervioso central actuando como inhibidor de substancias como la dopamina y la serotonina, provocando primero una falsa sensación de exceso de energía para luego demostrar que es una potente droga depresora. Existen varias maneras de maneras de alterar la hoja de coca para obtener una substancia más potente aún, como por ejemplo mezclándola con ácido clorhídrico (HCl) formando un clorhidrato de cocaína. Esta variante se presenta como una especia de cristales blancos y es, quizás, su forma más conocida. Su principal medio de ingesta es por vía nasal o intravenosa, ya que al someterla al calor de un mechero u otra fuente de calor el riesgo de que se destruya es elevado. Sus efectos duran sobre una media hora y a veces se combina con ciertos estimulantes (speed) para achacar ese efecto depresor que presenta cuando su efecto pasa.

A partir del clorhidrato de cocaína mezclado con una solución básica se puede obtener cocaína base. Este es una variante de las menos utilizadas ya que su método de uso es más complicado que el anterior, siendo necesario el uso de una pipa o altas temperaturas, bajo condiciones de laboratorio, para obtener el vapor de la cocaína base.

En definitiva, la cocaína ataca primero al sistema nervioso alterando nuestro estado de ánimo y percepción de la realidad y luego se extiende por el resto de órganos y sistemas del organismo, destruyendo casi todo a su paso.

 

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Narcotráfico

Por ende, podemos tomar como arma de doble filo el uso de procesos químicos en las substancias naturales para obtener derivados más potentes o con otras características, ya que se produjeron avances médicos importantes pero también estimularon la aparición de un modelo relativamente “joven” de crimen, el narcotráfico. La compra-venta de drogas tendrá su principal escenario en América Latina, donde el clima húmedo y la gran extensión de terreno favorecerían el cultivo de grandes plantaciones de opio y hojas de coca entre otros. Estas drogas de síntesis potentes y adictivas se fueron extendiendo poco a poco por el continente americano llegando hasta todo el mundo, sin importar las fronteras.

El “boom” del narcotráfico latino llegaría sobre 1970 con algunas reconocidas figuras como Pablo Escobar o El Chapo, pero los primeros indicios de flujo de drogas datan de 1947. Los primeros prototipos de traficantes no eran hombres que se harían multimillonarios sino que era gente humilde que no fue capaz de tener una visión a gran escala del negocio que tenían entre manos. Por el contrario hubo gente que se dio cuenta de que tenía el producto perfecto, cuya propia oferta genera su propia demanda.

El negocio fue evolucionando y haciéndose mucho más notable, al principio en países aislados como Chile, y luego llegando a extenderse a Colombia, capital actual del narcotráfico mundial. A medida que la demanda iba superando a la oferta, los diferentes traficantes se juntaron en asociaciones denominadas cárteles, como el Cártel de Cali o el de Medellín (en Colombia) y el Cártel de Sinaloa (en México). Estas organizaciones crecían más y más, cada vez había más plantaciones, más laboratorios y más adictos, pero un gran inconveniente, menos terreno. Estas superpotencias del tráfico de narcóticos sabían de sobra el dinero que este negocio generaba y las pérdidas que supondría una pérdida de terreno a favor de un cártel rival. Por la lucha de sus territorios se llegaron a librar auténticas guerras civiles entre la policía y el gran ejército que poseían los “narcos”. Las muertes y el terror no eran el único factor social a tener en cuenta, lo más importante era que los nuevos reclutas era gente muy joven y en los barrios copados por la influencia de estas organizaciones se vivía con la certeza de cuándo se salía de casa pero con la incertidumbre de si volverías. Tal impacto social tuvo repercusión en las más altas esferas de la política mundial, siendo EEUU, con organizaciones como la DEA, el capitán de las naciones en la lucha contra el tráfico de drogas. Los servicios de inteligencia intentando infiltrarse tras las líneas enemigas, el ejército patrullando las calles y redadas constantes de cuerpos de operaciones especiales luchando por el control de las calles. Un auténtico campo de batalla.

Para acabar, es obligado mencionar la otra cara de las drogas, la cara que nos beneficia, la multitud de medicamentos que achacan nuestros males y curan nuestras enfermedades. Obviamente en este tema tan espinoso hay variedad de opiniones en ciertos aspectos como la legalización de la marihuana bajo receta médica o si deberían tener las farmacéuticas el control sobre los precios de los medicamentos, a veces inaccesibles para la población.

Figura.3

Clasificación de las drogas de Cameron y Kramer, 1975

BIBLIOGRAFÍA:

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