El sistema agrícola milpa, una técnica ancestral practicada por pequeños agricultores en México y partes de Centroamérica, ha perdurado a lo largo de miles de años. Esta forma de cultivo, que se remonta a los antiguos mayas, se basa en la combinación de tres cultivos básicos: maíz, frijol y calabaza, conocidos como las Tres Hermanas. Según la tradición, la mezcla de estos cultivos en un solo campo no solo mejora los rendimientos, sino que también ayuda a reducir el daño causado por plagas.
La ciencia moderna ha validado parte de estas creencias, demostrando que cada uno de estos cultivos desempeña un papel fundamental en el ecosistema agrícola: los frijoles fijan nitrógeno en el suelo, enriqueciéndolo para las demás plantas; los tallos del maíz sirven de estructura para que los frijoles trepen; y la calabaza cubre el suelo, suprimiendo las malezas y mantiene la humedad.
Confirmación
Recientemente, un nuevo estudio presentado en la reunión anual de la Sociedad Ecológica de América en Los Ángeles ha aportado más evidencia sobre los beneficios de este sistema. La investigación sugiere que el intercalado de cultivos en la milpa no solo mejora la productividad del suelo, sino que también disminuye significativamente el daño causado por plagas. Los científicos han descubierto que existe una comunicación entre las plantas en este sistema, por la que el maíz envía señales a los frijoles, que a su vez atraen insectos beneficiosos que se alimentan de las plagas.
Este descubrimiento ha despertado un gran interés, ya que podría inspirar nuevas formas de reducir el uso de pesticidas en la agricultura moderna. Sin embargo, replicar el éxito de las Tres Hermanas no es sencillo. Un estudio paralelo mostró que al plantar diferentes variedades de tomates juntos, solo se logró protegerlos contra plagas cuando la combinación de variedades producía la mezcla adecuada de compuestos volátiles.
En Oaxaca
El estudio sobre las Tres Hermanas fue realizado en Oaxaca, México, donde un equipo de investigación dirigido por Patrick Grof-Tisza, un ecólogo especializado en interacciones entre plantas e insectos, cultivó maíz, frijol y calabaza en parcelas experimentales. Los cultivos se plantaron tanto individualmente como en combinaciones de pares y tríos. A lo largo del experimento, los investigadores registraron los daños causados por plagas y realizaron un seguimiento de todos los artrópodos que visitaban las parcelas, clasificándolos como plagas o enemigos naturales de las plagas, como avispas parásitas. Aunque los análisis aún no están completos, los resultados preliminares indicaron que los monocultivos recibieron menos protección contra los herbívoros en comparación con las combinaciones de cultivos, sugiriendo que las plantaciones mixtas son más productivas.
El éxito de la diversidad
La clave de este éxito radica en la diversidad: cada especie vegetal atrae un conjunto único de enemigos naturales de las plagas, lo que ayuda a reunir un ejército diverso de defensores. Este reclutamiento de insectos beneficiosos es el secreto del éxito de las Tres Hermanas, según Grof-Tisza. En el laboratorio, los investigadores descubrieron que cuando el maíz es atacado por gusanos soldados, emite compuestos volátiles que no solo aumentan las defensas del maíz, sino que también desencadenan una respuesta en las plantas de frijol cercanas. Los frijoles aumentan la producción de azúcar en unas pequeñas glándulas conocidas como nectarios extraflorales, lo que atrae a más hormigas y avispas, que se alimentan de las orugas que dañan los cultivos.
Estos reclutas no solo protegen al frijol, sino también al maíz, creando un sistema de defensa mutua. Los resultados también mostraron que las avispas parasitoides que se alimentan del néctar enriquecido vivieron casi el doble de tiempo, lo que les permitió atacar a un mayor número de herbívoros. Un experimento relacionado demostró que estas avispas podían matar alrededor de 500 orugas en aproximadamente 90 minutos, subrayando el potencial de la diversidad para controlar plagas de manera natural.

