Jay L. Zagorsky, profesor de la Universidad de Boston, publica en The Conversation un artículo en el que describe los desafíos y los esfuerzos para realizar unos Juegos Olímpicos sin automóviles en Los Ángeles en 2028, lo cual parece ambicioso debido a la fuerte dependencia que esta ciudad tiene de los vehículos. A lo largo de la historia, Los Ángeles ha experimentado un cambio radical en su sistema de transporte, pasando de ser una ciudad con una extensa red de tranvías eléctricos a una donde el automóvil es el medio de transporte dominante.
En los años 1930, Los Ángeles contaba con más de 1000 millas de rutas de tranvías eléctricos, operadas por dos empresas: Pacific Electric Railway, con sus «Red Cars», y Los Angeles Railway, con sus «Yellow Cars». Este sistema permitía a los residentes desplazarse desde áreas periféricas hasta el centro de la ciudad para trabajar y realizar compras. Sin embargo, los tranvías no estaban exentos de problemas. A menudo se percibían como incómodos, especialmente cuando iban abarrotados, y compartían las vías con los automóviles, lo que los hacía lentos e ineficaces a medida que el tráfico aumentaba.
Cambio de tranvías por autobuses
El declive del sistema de tranvías comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la industria automovilística, petrolera y de neumáticos, que había crecido enormemente durante la guerra, necesitaba nuevos compradores para sus productos. A medida que los automóviles se volvían más asequibles y deseados, los tranvías, que requerían de una modernización costosa, comenzaron a ser reemplazados por autobuses. National City Lines, una empresa que adquirió gran parte del sistema de tranvías en la década de 1940, estaba parcialmente controlada por General Motors, Standard Oil de California, Phillips Petroleum y la compañía de neumáticos Firestone. Estas empresas no tenían ningún interés en mantener los tranvías, por lo que desmantelaron la infraestructura existente y la sustituyeron por autobuses, un transporte que favorecía a sus propios productos.
Este cambio dejó a Los Ángeles como una ciudad donde la única forma de transporte viable para la mayoría de las personas era conducir o tomar un autobús. Como resultado, el tráfico se convirtió en un problema endémico de la ciudad, con tiempos de desplazamiento que podían extenderse por horas. El tráfico fue también un tema de preocupación durante los Juegos Olímpicos de 1984, pero los organizadores lograron mitigarlo mediante una combinación de estrategias, como aumentar el uso de autobuses y reorganizar los horarios de circulación de camiones.
Nuevo transporte público
Con miras a los Juegos Olímpicos de 2028, Los Ángeles ha comenzado a reconstruir su sistema de transporte público, el cual había sido completamente desmantelado. La ciudad ahora cuenta con seis líneas de tren ligero y dos líneas de metro, muchas de ellas siguiendo las rutas originales de los antiguos tranvías eléctricos. Sin embargo, la reconstrucción ha sido costosa, requiriendo miles de millones de dólares en inversiones públicas.
Para los Juegos de 2028, se están planeando tres mejoras clave en el transporte: la conexión de los terminales del aeropuerto de Los Ángeles con el sistema ferroviario, la expansión del uso de autobuses mediante la asignación de carriles exclusivos para ellos y el aumento permanente de los carriles para bicicletas en la ciudad. Sin embargo, una iniciativa importante, un carril-bici a lo largo del río Los Ángeles, aún está en revisión ambiental y podría no estar listo para los Juegos.
El autor sugiere que, a pesar de los esfuerzos, la única manera en que Los Ángeles podría lograr unos Juegos Olímpicos «sin automóviles» sería dificultando tanto el uso de automóviles que los residentes y visitantes se vean obligados a utilizar el transporte público. No obstante, una vez que los Juegos concluyan, es probable que la ciudad vuelva a su dependencia de los automóviles, un patrón difícil de romper en una metrópolis tan extensa y orientada al vehículo.
Por tanto, aunque los organizadores de los Juegos Olímpicos de 2028 tienen la intención de hacer que los juegos sean “sin autos”, la historia y la cultura de Los Ángeles presentan obstáculos significativos. Si bien la infraestructura de transporte público está mejorando, revertir la hegemonía del automóvil en la ciudad será un desafío enorme, y es probable que los cambios implementados durante los Juegos sean temporales.

