El sector de la aviación sigue enfrentándose a importantes desafíos para alcanzar el objetivo de cero emisiones netas para 2050, a pesar de los compromisos audaces de gobiernos y empresas. El informe titulado «Five Years to Chart a New Future for Aviation» presenta varios objetivos sostenibles para 2030, que delinean acciones específicas y necesarias para que el sector pueda alcanzar este objetivo. Estas acciones deben ser iniciadas de inmediato y completadas en los próximos cinco años.
Evitar las estelas
El primer objetivo consiste en acelerar el despliegue de un sistema global de evitación de estelas, lo cual podría reducir la huella de carbono de la aviación hasta en un 40 %. Para lograr esto, se requeriría llevar a cabo experimentos en regiones enteras del espacio aéreo, obteniendo así experiencia práctica.
Se trata de implementar tecnologías y estrategias para minimizar la formación de estelas de condensación que los aviones dejan mientras vuelan a ciertas altitudes. Estas estelas se forman cuando el vapor de agua generado por la combustión de los motores se condensa y congela en las capas frías de la atmósfera, creando nubes de cristales de hielo que pueden durar desde minutos hasta horas.
A primera vista, las estelas pueden parecer inocuas, pero en realidad tienen un impacto significativo en el cambio climático. Estas nubes reflejan la radiación solar y, al mismo tiempo, retienen el calor en la atmósfera, contribuyendo al efecto invernadero. Las estelas y las nubes que se forman a partir de ellas incrementan el calentamiento atmosférico de forma notable. Según algunos estudios, el efecto de las estelas sobre el clima puede ser equivalente o incluso superior al impacto directo del dióxido de carbono emitido por los aviones.
Un sistema de evitación de estelas buscaría minimizar o evitar la formación de estas nubes al alterar la altitud o la ruta de los aviones en tiempo real. Por ejemplo, si los aviones vuelan a altitudes ligeramente diferentes, donde las condiciones de temperatura y humedad no favorecen la formación de estelas, se puede reducir su impacto climático. Esto implicaría el uso de modelos meteorológicos avanzados y datos satelitales para predecir dónde es más probable que se formen estelas y ajustar las rutas de vuelo en consecuencia.
La contribución a la descarbonización viene del hecho de que, aunque no reduce directamente las emisiones de CO₂, mitiga un impacto significativo del vuelo en el calentamiento global. Al disminuir el efecto de las estelas en la atmósfera, se reduce el calentamiento adicional que estas producen, lo que ayuda a la aviación a reducir su huella climática general, estimándose que esta medida podría reducir la huella de carbono de la aviación hasta en un 40 %.
Mejorar la eficiencia
El segundo objetivo es implementar nuevas regulaciones que permitan mejorar la eficiencia en todo el sistema de aviación. Esto podría reducir el consumo de combustible a la mitad para 2050, aprovechando mejoras que las compañías individuales no pueden lograr por sí solas.
Combustibles sostenibles
El tercer objetivo es modificar las regulaciones sobre combustibles de aviación sostenibles (CAS) para apoyar la producción de electricidad renovable, teniendo en cuenta las limitaciones globales de biomasa en todos los sectores. Esto proporcionaría certidumbre en el mercado, escalando rápidamente la producción de CAS y garantizando su sostenibilidad.
Los CAS son combustibles alternativos al queroseno convencional, diseñados para reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero en la industria de la aviación. Se obtienen de fuentes renovables o de bajo impacto ambiental, como residuos orgánicos, biomasa, aceites vegetales, grasas animales o incluso gases residuales. Los CAS son fundamentales en la transición hacia una aviación más ecológica, ya que pueden reducir las emisiones de CO₂ en hasta un 80 % durante su ciclo de vida en comparación con los combustibles fósiles tradicionales.
Una de las principales características de los CAS es que se pueden obtener de fuentes biológicas (biomasa). Los CAS de biomasa son aquellos producidos a partir de materiales biológicos renovables, como residuos agrícolas, forestales, aceites usados o cultivos energéticos. Un ejemplo es el biodiésel de segunda generación, producido a partir de grasas animales o aceites usados. Estos procesos no compiten directamente con la producción de alimentos, lo que los hace más sostenibles que los biocombustibles de primera generación (como los que se producen a partir de cultivos alimenticios).
También existen CAS producidos a través de la captura de dióxido de carbono del aire (CO₂ atmosférico) y su conversión en combustibles mediante procesos electroquímicos, combinando el CO₂ con hidrógeno producido por electricidad renovable. Se conocen como electrocombustibles. Son carbono-neutros porque el CO₂ liberado durante la combustión del CAS es el mismo que se capturó para producirlo, equilibrando el ciclo de carbono.
Otra fuente potencial de CAS son los gases residuales industriales, que pueden ser capturados y procesados para crear combustibles líquidos. Esto incluye el uso de gases como el monóxido de carbono (CO), que puede transformarse en combustible mediante procesos biotecnológicos.
Uno de los mayores retos es la producción a gran escala de CAS. Actualmente, su producción es limitada y costosa en comparación con el queroseno convencional. Para que los CAS se conviertan en una solución global, se requiere una mayor inversión en tecnologías y una infraestructura de producción más desarrollada. Debido a los procesos tecnológicos avanzados necesarios para su producción, los CAS son más caros que los combustibles fósiles. Sin embargo, a medida que las tecnologías mejoren y se incremente la producción, se espera que los costos disminuyan.
La producción de CAS a partir de biomasa plantea también desafíos relacionados con la disponibilidad de materia prima. La biomasa es una fuente finita, y hay competencia con otros sectores, como la agricultura o la producción de biocombustibles para otros tipos de transporte.
Neutralidad de carbono en 2050
Un informe de la Universidad de Cambridge en colaboración con el Cambridge Institute for Sustainability Leadership (CISL) y el Whittle Laboratory destaca que la industria de la aviación puede lograr la neutralidad de carbono para 2050 si estas acciones se inician y completan en los próximos cinco años.
La situación de la aviación es comparable con la revolución de los vehículos eléctricos en la industria automotriz. En este sentido, es urgente la toma de decisiones. Pero, aunque existen grandes desafíos, es posible lograr vuelos sostenibles si se incrementan las ambiciones de los gobiernos y las empresas.

