El aro gigante (Amorphophallus titanum), comúnmente conocido como «flor cadáver», es una planta tropical originaria de las selvas de Sumatra, Indonesia. Es famosa por producir una de las mayores inflorescencias del mundo, que puede alcanzar hasta 3 metros de altura. Su nombre común proviene del penetrante olor a carne en descomposición que emite durante su breve periodo de floración, un mecanismo diseñado para atraer insectos carroñeros como polinizadores. La floración de esta especie es excepcionalmente rara, ocurriendo solo una vez cada varios años, y cada evento dura apenas entre 24 y 48 horas. Debido a su tamaño, olor característico y rareza, se ha convertido en una atracción botánica en jardines e invernaderos de todo el mundo.
La bioquímica de su mal olor
Un equipo de investigación ha descubierto los compuestos químicos responsables del característico olor pútrido de la Amorphophallus titanum, lo que ofrece una interesante lección sobre la bioquímica evolutiva de las plantas.

Este fenómeno natural tiene su origen en una compleja combinación de metabolitos. El aroma repulsivo de la Amorphophallus titanum proviene de tres compuestos clave. El primero es la putrescina (1,4-butanodiamina), que resulta de la degradación del aminoácido arginina. Este compuesto, también presente en carne en descomposición, constituye la base del olor. A esto se suman el disulfuro de dimetilo y el trisulfuro de dimetil, compuestos sulfurados que derivan del metabolismo de la metionina, un aminoácido que contiene azufre. Estos compuestos tienen umbrales olfativos excepcionalmente bajos, lo que significa que pueden ser detectados por los receptores humanos incluso en concentraciones de partes por mil millones.

Termogénesis: la estrategia de difusión del olor
La investigación reveló un proceso fisiológico llamado termogénesis, por el que el espádice central de la flor aumenta su temperatura hasta en 11 °C durante las primeras etapas de floración. Este calentamiento potencia la volatilización de los compuestos sulfurados, facilitando la dispersión del olor en grandes distancias. La estrategia maximiza la capacidad de la flor para atraer polinizadores, como escarabajos carroñeros, que se alimentan y depositan huevos en cadáveres en descomposición.
Cambios en el olor durante la floración
Otro hallazgo relevante es que el olor de la Amorphophallus titanum varía a lo largo de su breve periodo de floración, que dura solo unos días. Esto sugiere que la planta podría estar imitando diferentes etapas de la descomposición, lo que aumenta su atractivo para distintas especies de insectos en momentos específicos.
El análisis se llevó a cabo en dos floraciones de una planta cultivada en un invernadero universitario. Los investigadores pasaron noches enteras midiendo temperaturas y tomando datos químicos enfrentándose al persistente y desagradable olor que impregnaba su ropa.
Implicaciones científicas
Este estudio no solo amplía nuestra comprensión sobre los mecanismos adaptativos de esta planta, sino que también resalta el papel único de los compuestos sulfurados en la ecología química. La capacidad de estas moléculas para interactuar con receptores olfativos a través de un enlace con iones metálicos demuestra su potencia en la transmisión de señales químicas en la naturaleza.

