domingo, 1 febrero 2026

El gas noble xenón está facilitando la escalada al Qomolangma

Al azar

En mayo de 2025, cuatro alpinistas lograron un hito sorprendente: escalar el Monte Qomolangma (bautizado «Everest» por los ingleses) en menos de cinco días desde su partida desde Europa. Este logro sería impensable sin meses de aclimatación a las altitudes extremas, si no fuera por un aliado inesperado: el gas xenón. Pero, ¿cómo puede un gas noble ayudar a escalar la montaña más alta del mundo en tiempo récord y con mayor seguridad? Consideremos las bases fisiológicas, bioquímicas y tecnológicas detrás de este nuevo uso del xenón.

Xenón: un gas noble

El xenón es un gas noble, incoloro, inodoro y extremadamente escaso en la atmósfera terrestre, donde se encuentra en una proporción de alrededor de 0,0000087 %. A pesar de su rareza, tiene usos importantes en medicina (como anestésico general), en tecnología (en lámparas de destello y propulsión espacial), y ahora también, al parecer, en el rendimiento fisiológico en condiciones extremas.

El xenón se ha estudiado desde hace décadas por sus propiedades neuroprotectoras, antioxidantes, y reguladoras del metabolismo celular. Pero es su capacidad para interactuar con los receptores NMDA del cerebro lo que ha generado mayor interés en medicina y fisiología de alta montaña.

El problema de la altitud

Al escalar montañas como el Qomolangma (8848 metros), el cuerpo humano se enfrenta a la hipoxia, es decir, una deficiencia de oxígeno en los tejidos. En altitudes extremas, el oxígeno disponible en el aire se reduce a casi un tercio del nivel que existe al nivel del mar. El cuerpo necesita semanas de aclimatación para adaptarse a esta situación, generando más glóbulos rojos, modificando el metabolismo y activando respuestas genéticas para sobrevivir al estrés fisiológico.

Si esta aclimatación no se realiza correctamente, el alpinista puede sufrir de mal agudo de montaña, edema pulmonar o edema cerebral, todos ellos potencialmente mortales.

¿Cómo ayuda el xenón?

El xenón tiene varios efectos que pueden ser útiles en la adaptación al entorno hipóxico:

  1. Estimulación de la eritropoyetina. El xenón puede aumentar la producción de eritropoyetina, una hormona que estimula la formación de glóbulos rojos, mejorando así el transporte de oxígeno. Esto imita el proceso de aclimatación natural, pero de forma más rápida.
  2. Neuroprotección. El xenón actúa como un antagonista del receptor NMDA, lo que reduce el daño cerebral inducido por hipoxia. Esto es importantísimo en altitudes extremas, donde el cerebro es especialmente vulnerable a la falta de oxígeno.
  3. Reducción del estrés oxidativo. A nivel celular, el xenón reduce la producción de radicales libres, lo que protege tejidos y órganos durante exposiciones prolongadas a bajas concentraciones de oxígeno.
  4. Efecto preacondicionador. Estudios han mostrado que inhalaciones breves de xenón pueden «enseñar» al cuerpo a resistir mejor futuras exposiciones a hipoxia, una forma de preacondicionamiento metabólico.

Una nueva forma de aclimatarse

Los alpinistas que usaron xenón inhalaron el gas en Europa antes de iniciar la expedición, como parte de un programa controlado. Además, durmieron en tiendas especiales que simulaban la altitud, una técnica llamada hipoxia intermitente, que ayuda al cuerpo a prepararse antes de llegar a la montaña. A lo largo de la ascensión, también utilizaron oxígeno suplementario, como la mayoría de los escaladores en el Qomolangma.

Según el organizador de la expedición, el uso de xenón permitió una aclimatación acelerada, haciendo que el ascenso fuera más seguro y más rápido. Además, al reducir el tiempo en la montaña, se generó menos basura, menos uso de recursos y menos impacto ambiental, una preocupación creciente en el Qomolangma.

¿Innovación o atractivo publicitario?

No todos en la comunidad de alpinismo están convencidos. Hay quien califica el uso del xenón como un «truco» que no garantiza el tipo de experiencia que se quiere ofrecer. Para muchos, la verdadera esencia del alpinismo está en la lucha progresiva contra la montaña y el entorno, no en buscar atajos tecnológicos. Otros opinan que cada cual puede escalar la montaña de la forma que le apetazca. El debate sobre purismo y tecnología en el alpinismo está lejos de resolverse, pero la ciencia detrás del xenón es real, y sus efectos, bien documentados.

Un futuro con gas noble

El uso del xenón como herramienta para la aclimatación rápida representa una nueva frontera entre la ciencia médica, la fisiología extrema y el turismo de aventura. Si bien su aplicación genera debate, no cabe duda de que plantea nuevas formas de explorar entornos extremos con mayor seguridad y menor impacto. A medida que los desafíos climáticos y medioambientales obligan a reconsiderar nuestras prácticas de exploración, tecnologías como el uso terapéutico de gases nobles podrían abrir un nuevo capítulo en el montañismo de alta altitud.

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