En la ciudad de Tandil (Argentina), Sebastián Gregui protagoniza una historia de innovación ambiental. Su empresa, Gregui Pisos y Revestimientos, se dedicada a convertir residuos electrónicos en materiales de construcción ecológicos.
La clave del proceso es un plástico duro llamado acrilonitrilo butadieno estireno (ABS, por sus siglas en inglés). Este material se recupera en los centros de reciclado de la ciudad a partir de electrodomésticos en desuso, como microondas, ordenadores y lavadoras. En Argentina, el ABS rara vez se recicla, y suele terminar en vertederos o incineradoras, desaprovechando su potencial reutilizable.
Gregui Pisos y Revestimientos ha encontrado una solución creativa: el plástico ABS se tritura y se incorpora al hormigón tradicional para dar lugar a un nuevo material llamado PlastiHormigón. Esta mezcla innovadora se utiliza para fabricar componentes de construcción, como losas, durmientes, y también productos decorativos para pisos y revestimientos de pared.
Gregui lleva trabajando en el ramo de materiales de construcción desde 2015, pero su búsqueda de un producto que fuera a la vez innovador y ecológico lo llevó a pensar fuera de los moldes tradicionales. Para avanzar en esta idea, se acercó al Departamento de Física de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN), ubicada también en Tandil. Juntos comenzaron una serie de ensayos con materiales reciclados.
El primer intento fue combinar el hormigón con telgopor (poliestireno expandido), otro residuo común y difícil de reciclar. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados: la mezcla no ofrecía la resistencia ni la versatilidad necesarias. Fue entonces cuando apareció el ABS como una alternativa prometedora.
Las pruebas demostraron que el plástico ABS no solo es abundante, gracias a su uso en la industria de los electrodomésticos y la electrónica, sino que además mejora significativamente el rendimiento del hormigón. El PlastiHormigón resultante es más flexible, resistente a las temperaturas extremas, y más liviano que el hormigón convencional. También es más fácil de aplicar y ofrece una excelente adherencia a superficies.
Aunque se trata de una empresa privada, el impacto del proyecto es claramente público. Cada mes, Gregui Pisos y Revestimientos evita que alrededor de tres toneladas de plástico duro terminen en los vertederos argentinos. Lo hacen sin recibir ningún tipo de apoyo estatal, algo que su fundador lamenta, ya que considera que el medioambiente no parece ser una prioridad para el gobierno. Aun así, encuentra motivación en saber que están haciendo lo correcto.
El respaldo de instituciones como UNICEN y la colaboración con los centros de reciclado locales han sido fundamentales para el crecimiento de este proyecto. La confianza que la comunidad deposita en ellos es prueba de que hay una conciencia creciente sobre la necesidad de economías circulares y soluciones sostenibles.
Fuente: Patricia Maia Noronha / Nature

