La reproducción de los seres vivos es una función vital que asegura la continuidad de las especies. En el aula, es posible explorarla de forma práctica a través de cultivos microbiológicos y experiencias con plantas.
Los microorganismos están presentes en todas partes: en el pan mohoso, en la fruta podrida o en el queso curado. Cultivarlos no solo es sencillo, sino también revelador. Basta con extraer una muestra de cualquier superficie, ponerla en contacto con un caldo de cultivo casero y dejar que crezcan en un recipiente adecuado (no hace falta una placa de Petri). Eso sí, hay que seguir medidas básicas de protección (como mascarilla) y mantenerse a distancia de los cultivos.
Una vez establecidos los cultivos, se pueden realizar ensayos para comprobar qué productos cotidianos inhiben el crecimiento bacteriano: ajo, alcohol, lejía, jabón, productos anti-acné, entre otros. También es posible estudiar cómo influyen factores como la temperatura, la luz, la acidez o la ebullición. Incluso se puede comprobar que la luz ultravioleta elimina bacterias de forma eficaz.
Por otro lado, en el caso de las plantas, es muy instructivo observar con el microscopio la mitosis en raíces de cebolla o ajo teñidas con colorantes como acetorceína. Además, muchas plantas pueden reproducirse a partir de sus propias partes: al cortar secciones de repollo y mantenerlas húmedas, se activan las yemas latentes, generando nuevas hojas. Este fenómeno de reproducción asexual demuestra cómo ciertos organismos pueden “clonarse” sin necesidad de semillas, de forma natural y eficiente.
Este experimento pertenece al libro de presentaciones:
José M.ª Gavira Vallejo: Enseñanza de ciencias mediante experimentos en 1º y 2º de Secundaria. Triplenlace.com, 2025. https://triplenlace.com/aula-libros/ece12s/ .

