Las bibliotecas suelen ser lugares donde el tiempo parece transcurrir más despacio, pero en una de Kiama, en Australia, acaba de cerrarse un préstamo que se prolongó aproximadamente 150 años.
La historia comenzó hace unas tres décadas, cuando una familia australiana que estaba reformando su casa encontró una vieja caja de té sellada dentro de la chimenea. En su interior había un libro: The Antiquities of Athens, una obra dedicada a la arquitectura clásica griega. Allí permaneció olvidado hasta que, recientemente, Ross Simmons, de 77 años, decidió echarle un vistazo con más detenimiento. Entonces descubrió algo revelador: en sus páginas aparecía el sello de la Kiama Public Library.
Simmons llevó el ejemplar a la biblioteca y explicó que quería devolverlo a su lugar de origen. Los responsables comprobaron que el libro formaba parte de la colección original de la institución, fundada en 1872. Era, concretamente, el número 506 de un fondo que entonces tenía menos de un millar de títulos. No existe el registro de quién se lo llevó, pero los bibliotecarios creen que el préstamo se produjo en algún momento de la década de 1870.
Y aquí aparece la parte más divertida. Las normas de aquella época permitían conservar un libro durante un mes y establecían una multa de tres peniques por cada semana de retraso. Si se aplicara la penalización durante siglo y medio, la cantidad, actualizada por la inflación, rondaría los 28 000 dólares australianos (unos 20 000 estadounidenses). Pero Simmons puede respirar tranquilo: la biblioteca ya no cobra multas por retrasos.
Las antiguas normas contienen además algunas curiosidades: cada hogar podía sacar normalmente un solo libro, salvo que seis de sus miembros fueran «conocidos por saber leer»; y las personas que intentaran retirar un ejemplar en estado de embriaguez no tenían derecho a hacerlo.
El libro, pese a algunas manchas de agua, se conserva sorprendentemente bien. Pero no volverá a ser prestado: pasará a la colección de historia local de Kiama. Como explicó con humor la directora de la biblioteca, «no queremos esperar otros 150 años para que vuelva».
Fuente: Smithsonian Magazine

