Cómo se transporta una orca de varias toneladas en un avión

Al azar

En julio de 2026, ocho delfines fueron trasladados desde el parque zoológico marino Marineland, de Antibes (Francia), hasta un parque en Benalmádena (Málaga, España). La operación fue un ensayo de lo que supone trasladar por vía aérea a un cetáceo, ya que ahora será bastante más complicada: las siguientes pasajeras serán Wikie, una orca de unos 24 años, y su hijo Keijo, de 11. Ambos están destinados, según los planes anunciados, al Loro Parque de Tenerife. Además, se proyecta trasladar a cuatro delfines a Valencia.

La causa de estos traslados está en el cambio de la legislación francesa. La ley aprobada en 2021 prohibió los espectáculos con cetáceos y estableció también que, desde el 2 de diciembre de 2026, no podrán mantenerse ni reproducirse cetáceos en cautividad, salvo en santuarios o refugios autorizados o en determinados programas científicos. Marineland cerró al público a comienzos de 2025, pero los animales permanecieron allí durante más de un año.

Pero ¿cómo se mueve un animal de varios cientos de kilos —o de varias toneladas, en el caso de una orca— sin causarle lesiones?

Primero, convertir al animal en «carga» viva

El procedimiento empieza mucho antes de llegar al aeropuerto. Cada animal debe ser examinado, medido y preparado para entrar en un dispositivo de transporte diseñado específicamente para él. En traslados de cetáceos se emplean eslingas de tejido resistente, que permiten sostener el cuerpo sin concentrar excesivamente la presión en un punto, y grandes contenedores especialmente construidos.

Una experiencia documentada de traslado de delfines en Australia describe cómo se tomaron las medidas corporales de cada ejemplar para fabricar su eslinga y su caja individual. El animal descansaba sobre la eslinga y sobre material acolchado, mientras una grúa permitía levantar el conjunto. El contenedor disponía además de un depósito y sistemas para mantener al delfín húmedo durante el viaje.

El traslado de los ocho delfines de Antibes siguió esa logística: los animales fueron sacados de las instalaciones en grandes dispositivos de transporte, llevados por carretera hasta el aeropuerto de Niza y embarcados después en un avión de carga. En Málaga fueron trasladados nuevamente por carretera hasta Selwo Marina.

El avión no es, por tanto, un simple «camión volador». Durante todo el proceso hay que controlar temperatura, ventilación, hidratación, posición del animal y posibles signos de estrés. Las normas internacionales de transporte aéreo de animales vivos de IATA contemplan específicamente estos aspectos, además de los requisitos de los contenedores, la documentación veterinaria y la coordinación entre transportistas, personal de tierra y tripulación.

Traslado de delfines desde Niza hasta Benalmádena / TF1.

Una orca plantea un problema de otra escala

Para Wikie y Keijo el principio será el mismo, pero las dimensiones cambian radicalmente. Las orcas adultas pueden superar los 5000 kilogramos, por lo que el sistema de izado, el contenedor, el vehículo y el avión deben soportar cargas muy superiores a las de un delfín.

Existen precedentes. En 2006 cuatro orcas fueron trasladadas desde instalaciones de SeaWorld en Estados Unidos hasta Loro Parque, en Tenerife, en un avión de transporte de fuselaje ancho. Las orcas fueron introducidas en grandes contenedores y manipuladas mediante grúas tanto para sacarlas de las instalaciones como para colocarlas en sus nuevos tanques.

Durante el vuelo, además, no basta con «sujetar» al animal. En otros transportes de grandes cetáceos se han utilizado depósitos con agua y sistemas de amortiguación para reducir las aceleraciones y vibraciones. En un traslado documentado de delfines mediante un C-17, por ejemplo, los contenedores incorporaban sistemas de circulación de agua y estaban montados sobre estructuras que amortiguaban los movimientos del avión. La tripulación recibió instrucciones específicas para realizar despegues y aterrizajes suaves y evitar movimientos bruscos.

Algo parecido se ha hecho recientemente con otros grandes cetáceos. En el traslado de belugas desde el Marineland canadiense, los animales fueron colocados mediante grúa en depósitos especialmente preparados y trasladados después hasta el aeropuerto en convoy. El transporte por carretera se hizo lentamente y evitando pendientes pronunciadas para mantener estable la posición de los animales; en el avión se aplicaron precauciones semejantes durante despegue y aterrizaje.

Este tipo de operaciones es, por tanto, una combinación poco habitual de veterinaria, ingeniería de estructuras, logística aeroportuaria y transporte de mercancías especiales. Para un animal cuyo peso puede medirse en toneladas, incluso unos centímetros de movimiento durante una maniobra de carga o una aceleración brusca del avión importan. El objetivo no consiste simplemente en conseguir que la orca llegue a destino: consiste en mantenerla estable, hidratada, vigilada y fisiológicamente segura desde que abandona el agua hasta que vuelve a entrar en ella.

La historia de Morgan

El traslado de Wikie y Keijo a Tenerife tendrá un precedente especialmente cercano: el de Morgan, una orca que llegó a Loro Parque en 2011 después de una historia mucho más complicada.

Morgan fue encontrada en junio de 2010, debilitada y desorientada, en el mar de Wadden, frente a la costa de los Países Bajos. Apenas pesaba unos 430 kg y era mucho más joven de lo que se pensó inicialmente. Fue rescatada y trasladada al Dolfinarium de Harderwijk, donde se recuperó. La intención inicial era devolverla al mar, pero surgió un problema: Morgan estaba demasiado tiempo separada de su grupo y los especialistas consideraron que no podía sobrevivir por sí sola.

Comenzó entonces una larga disputa sobre su destino. Diversas organizaciones defendían su rehabilitación y devolución al océano, mientras que las autoridades neerlandesas y los responsables del centro sostenían que una liberación supondría un riesgo considerable para el animal.

Finalmente, en noviembre de 2011, Morgan fue trasladada a Tenerife. El viaje se realizó en avión: la orca fue colocada en un contenedor especialmente construido, suspendida mediante una grúa y transportada hasta el aeropuerto. Desde allí voló hasta las islas y completó por carretera el último tramo hasta Loro Parque. Una vez allí, otra grúa depositó el contenedor en el recinto acuático y Morgan entró en su nuevo tanque.

Su historia resulta particularmente interesante porque el viaje de Morgan no fue simplemente un traslado logístico: fue el desenlace de un debate sobre hasta dónde puede llegar la intervención humana cuando un animal salvaje ha quedado incapacitado para regresar a su medio natural. Hoy Morgan sigue en Loro Parque, donde ha vivido durante años junto a otras orcas.

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