El espectacular Tesoro de Villena (Alicante, España), uno de los legados de orfebrería más deslumbrantes de la Edad del Bronce en toda Europa, ha acaparado portadas en los medios de comunicación por haber sido robado. En los últimos años se hicieron estudios analíticos y químicos sobre este emblemático conjunto fundamental en la Prehistoria de la península ibérica que supusieron una verdadera revolución en su conocimiento.
Gracias a técnicas avanzadas de caracterización elemental y espectroscopía, la arqueología ha logrado desvelar importantes incógnitas que desafiaban la cronología del depósito, permitiendo reconstruir la procedencia exacta de sus materias primas más singulares. En concreto, la identificación de hierro de origen meteórico en una semiesfera y un brazalete del conjunto, unida a la presencia de ámbar procedente del mar Báltico en uno de sus apliques áureos, aporta valiosa información sobre la alta sofisticación técnica de la época. Asimismo, estos análisis demuestran la integración de la comarca del Alto Vinalopó en complejas rutas de intercambio de largo alcance que conectaban el Levante peninsular con los circuitos comerciales del centro, norte y sur de Europa durante la Edad del Bronce.

El Tesoro de Villena es de la Edad del Bronce, pero contiene hierro… porque es meteorítico
Sobre esta pieza arqueológica de valor incalculable se supo en 2023 que no había contradicción entre estar datada en la Edad del Bronce y poseer hierro. Un trabajo publicado por Salvador Rovira-Llorens, Martina Renzi e Ignacio Montero-Ruiz en la revista Trabajos de Prehistoria del CSIC (2023) abordó esta incógnita histórica que llevaba 60 años intrigando a la comunidad científica.
Desde su descubrimiento en 1963 por el arqueólogo José María Soler, dos piezas del conjunto rompían los esquemas tradicionales: una pequeña semiesfera hueca recubierta por una lámina calada de oro (interpretada como remate de bastón de mando o empuñadura de espada) y un brazalete abierto. Ambas son básicamente de hierro.
La semiesfera hueca es una pieza abombada hecha de hierro fundido/forjado (metal plomizo pardo e hiperoxidado). Sin embargo, los artesanos de la Edad del Bronce la embellecieron revistiéndola por el exterior con una finísima lámina calada de oro decorada con motivos geométricos radiados. Con el paso de los milenios, el hierro interno se oxidó de tal manera que la corrosión metálica rompió y deformó la lámina de oro en varias partes, dejándola pegada o superpuesta sobre la masa de hierro corroído. En cuanto al brazalete o anilla abierta es una anilla maciza hecha íntegramente de hierro (de color plomizo oscuro con una gruesa pátina de óxido pardo de aspecto ferroso y resquebrajado), sin ninguna lámina ni adorno de oro.
En la península ibérica, la siderurgia terrestre no comenzó a desarrollarse hasta bien entrado el primer milenio a. C. (Bronce Final / Primera Edad del Hierro), traída principalmente por los fenicios. La presencia de hierro en un tesoro datado por su orfebrería entre el 1400 y el 1200 a. C. (Bronce Tardío) desconcertaba a los investigadores. Para algunos, estas dos piezas obligaban a rebajar la fecha de todo el tesoro a épocas mucho más tardías. La única manera de resolver esta incoherencia era comprobar la procedencia del metal: ¿se trataba de hierro común refinado a partir de minerales de la corteza terrestre o de hierro meteorítico procedentes del espacio?
A diferencia del hierro terrestre, el hierro meteorítico se origina en asteroides y está compuesto por aleaciones de hierro y níquel, habitualmente con un contenido de níquel superior al 5% en peso, además de pequeñas trazas de cobalto, galio o germanio.
Para desvelar la incógnita sin destruir ni dañar los objetos, el equipo de investigadores analizó pequeñas escamas de corrosión de ambas piezas empleando técnicas avanzadas como la espectrometría de masas por ablación láser (LA-ICP-MS) y la fluorescencia de rayos X.
A pesar de que el paso de más de 3000 años bajo tierra oxidó la superficie produciendo una pérdida paulatina de metal, los análisis mostraron concentraciones de níquel de hasta un 5,5% en la semiesfera y proporciones crecientes hacia el interior en el brazalete (alcanzando el 5,3%). Al evaluar las razones atómicas de Ni/Fe frente a Ni/Co y compararlas con otros objetos arqueológicos mundiales —como la célebre daga de Tutanjamón o las cuentas prehistóricas de Gerzeh en Egipto—, las muestras alicantinas encajaron perfectamente con la composición habitual del hierro meteorítico. La firma de elementos traza como el germanio (>400 ppm) sugiere además que el metal perteneció a un meteorito del grupo de los sideritos IAB.
Este descubrimiento convierte a la semiesfera calada y al brazalete del Tesoro de Villena en las dos primeras piezas de hierro meteorítico identificadas con certeza en la península ibérica.
El resultado confirma que la cronología del conjunto se sitúa plenamente en el Bronce Tardío (anterior al 1200 a. C.), demostrando que las comunidades peninsulares de la época ya conocían y trabajaban este insólito metal extraterrestre siglos antes de que se inventara la siderurgia. Forjado y valorado al mismo nivel que el oro, este «hierro caído de las estrellas» atestigua una maestría metalúrgica y una fascinación por lo sagrado que elevan al Tesoro de Villena a la categoría de pieza insustituible del patrimonio cultural peninsular.

El origen báltico del ámbar del Tesoro de Villena y sus redes de intercambio
El hallazgo de ámbar báltico (succinita) en el Tesoro de Villena, mediante el análisis por Espectroscopía Infrarroja por Transformada de Fourier, supone un hito clave para comprender las complejas redes de intercambio en la Prehistoria peninsular. El estudio se centró en una de las piezas del Tesoro, un aplique o remate decorativo de oro de 2,7 cm de diámetro que alberga en su interior una incrustación de resina fósil de tonalidad rojiza. El análisis espectroscópico registró de forma inequívoca el característico «hombro báltico» (un perfil plano de absorción entre los 1250 y 1180 cm⁻¹ junto a un pico en 1155 cm⁻¹), lo que descartó de manera definitiva los depósitos geológicos locales o peninsulares de época cretácica y confirmó su origen báltico.
Este hallazgo resulta altamente significativo desde el punto de vista cronológico e histórico. Durante el Calcolítico y gran parte de la Edad del Bronce en el sur peninsular, el ámbar consumido procedía fundamentalmente del Mediterráneo central (simetita siciliana). Sin embargo, a partir del Bronce Medio y Tardío (ca. 1550–1250 a. C.), las rutas comerciales sufrieron una reorganización estructural, siendo desplazada la simetita por el ámbar traído del norte de Europa. El cruce de materiales procedentes del Báltico (el ámbar), con otros de origen meteórico (el hierro) y depósitos áureos y argénteos exógenos, sitúa al poblado de Cabezo Redondo y a la comarca del Alto Vinalopó como un nodo estratégico y de redistribución de bienes de prestigio entre los circuitos continentales, atlánticos y mediterráneos.
Asimismo, la pieza presenta paralelos formales singulares con la orfebrería de la Edad del Bronce europea, como los discos de oro y ámbar hallados en los túmulos de la cultura de Wessex (Reino Unido) o en la tumba de las Hachas Dobles de Cnosos (Creta), lo que refuerza la enorme carga simbólica y el alto valor social que conllevaba la combinación de metales preciosos con materias primas lejanas.
Referencias
- Salvador Rovira-Llorens, Martina Renzi, Ignacio Montero-Ruiz: ¿Hierro meteorítico en el Tesoro de Villena?, Trabajos de Prehistoria, 2023, 80 (2), https://doi.org/10.3989/tp.2023.12333.
- Mercedes Navero Rosales, Gabriel García Atiénzar, Laura Hernández Alcaraz, Mercedes Murillo-Barroso: El ámbar del Tesoro de Villena, Trabajos de Prehistoria, 2026, 83 (1), https://doi.org/10.3989/tp.2026.1101.

