Una cadena de eventos extremos produjo la masiva inundación en el Himalaya

El evento comenzó con un colapso masivo de hielo y roca en una ladera glaciada

Al azar

La catástrofe que ha golpeado la frontera entre Nepal y el Tíbet a finales de agosto de 2026 no fue un único fenómeno, sino una secuencia encadenada de procesos en un entorno de alta montaña cada vez más inestable. Aunque la investigación sigue en curso, los científicos coinciden en que el evento comenzó con un colapso masivo de hielo y roca en una ladera glaciada del Himalaya, que generó una avalancha de enorme energía y desencadenó una serie de impactos que terminaron en inundaciones devastadoras aguas abajo.

Un colapso inicial de hielo y roca

Las primeras interpretaciones apuntaron a un terremoto, pero el Servicio Geológico de Estados Unidos aclaró después que el supuesto sismo era en realidad la señal sísmica generada por una avalacha de hielo y roca: un volumen gigantesco de material que se desprendió de una ladera glaciada y descendió violentamente hacia el valle. Este tipo de avalanchas pueden generar ondas sísmicas comparables a las de un terremoto moderado, como ocurrió aquí, reinterpretándose la señal como equivalente a un evento de magnitud 5.2.

La masa desprendida cayó sobre el cauce del río Lhende Khola, bloqueándolo temporalmente. Ese bloqueo actuó como una presa improvisada: el agua se acumuló detrás del dique de hielo, roca y sedimentos, hasta que finalmente cedió. Cuando la presa natural se rompió, liberó una oleada de agua, lodo y escombros que arrasó las aldeas y carreteras aguas abajo, elevando el nivel del río Trishuli hasta nueve metros en apenas media hora.

Un ejemplo de cascada de peligros

Los especialistas describen este tipo de eventos como cascadas de peligros: un proceso inicial altera el paisaje y desencadena otros fenómenos que amplifican el impacto. En este caso, el colapso glaciar generó un bloqueo fluvial; el bloqueo produjo una inundación súbita; la inundación movilizó enormes cantidades de sedimentos previamente acumulados en el valle; y todo ello se propagó decenas de kilómetros río abajo.

Este encadenamiento es característico del Himalaya, donde las pendientes extremas, los glaciares en retroceso y los depósitos de sedimentos inestables convierten cada perturbación en un detonante potencial de procesos mayores.

¿Qué papel juega el cambio climático?

Aunque los científicos insisten en que no puede atribuirse automáticamente este evento concreto al cambio climático, sí existe consenso en que el calentamiento global está alterando las condiciones de fondo que hacen más probables estos colapsos. Tres factores destacan:

  • Retirada acelerada de los glaciares: la pérdida de hielo elimina el soporte estructural que estabiliza muchas laderas. Cuando el hielo retrocede, deja expuestas superficies de roca fracturada y sedimentos sueltos, más propensos a fallar.
  • Degradación del permafrost: el permafrost actúa como un “cemento” natural que mantiene cohesionados los materiales de alta montaña. Su deshielo reduce la estabilidad de las pendientes y favorece desprendimientos de gran escala.
  • Cambios en la humedad y la precipitación: aunque en este caso no hubo lluvias previas —algo que desconcertó a los hidrólogos—, el calentamiento aumenta la capacidad del aire para retener humedad y favorece episodios de lluvia extrema que pueden actuar como desencadenantes en otros eventos similares.

Modelos recientes muestran que, en el Himalaya septentrional, el deshielo de glaciares y permafrost contribuye ya a cerca de un tercio de los deslizamientos registrados en las últimas décadas, una proporción que seguirá aumentando en zonas donde la criosfera se degrada rápidamente.

Un paisaje cada vez más inestable

La región del Hindu Kush–Himalaya está experimentando transformaciones profundas: los glaciares pierden masa a un ritmo que se ha duplicado desde el año 2000, el permafrost se degrada y los patrones de nieve cambian. Esto crea nuevas zonas de inestabilidad, favorece la formación de lagos glaciares y expone grandes volúmenes de sedimentos que pueden ser movilizados por cualquier perturbación.

Los científicos coinciden en que la tragedia de esta semana es un ejemplo extremo de cómo un paisaje alterado por el calentamiento global puede convertir un colapso inicial en una catástrofe de gran escala. No es que el clima “cause” directamente cada evento, sino que modifica el tablero sobre el que ocurren, haciendo que el Himalaya funcione cada vez más como un sistema de peligros encadenados.

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