Un enlace de hidrógeno es una interacción atractiva entre un átomo de hidrógeno que está covalentemente unido a un átomo electronegativo, como oxígeno (O), nitrógeno (N) o flúor (F), y otro átomo electronegativo cercano. Aunque se llama «enlace», es más débil que los enlaces covalentes o iónicos, y se considera una fuerza intermolecular.
¿Cómo se forma un enlace de hidrógeno?
En una molécula, un átomo altamente electronegativo (como O, N o F) unido a hidrógeno (H) atrae con fuerza los electrones compartidos en el enlace covalente correspondiente (O–H, N–H, F–H), creando una distribución desigual de carga. Esto deja al átomo de hidrógeno con una carga parcial positiva (δ+).

Este hidrógeno con carga parcial positiva puede interactuar con otro átomo electronegativo cercano, que tiene una carga parcial negativa (δ–). La atracción entre estas cargas opuestas forma el enlace de hidrógeno.

Ejemplos de enlaces de hidrógeno

En el agua, cada molécula de agua tiene un átomo de oxígeno unido a dos átomos de hidrógeno. El oxígeno es mucho más electronegativo que el hidrógeno, por lo que atrae más los electrones, creando una carga parcial negativa en el oxígeno y positiva en los hidrógenos. Estos hidrógenos (δ+) de una molécula de agua son atraídos por los átomos de oxígeno (δ–) de otras moléculas de agua, formando enlaces de hidrógeno. Esta es la razón de muchas propiedades únicas del agua, como su alto punto de ebullición y su capacidad de formar puentes entre moléculas.
Los alcoholes también forman enlaces de hidrógeno. En moléculas como el etanol (C2H5OH), el oxígeno del grupo hidroxilo (–OH) puede formar un enlace de hidrógeno con el hidrógeno del OH de otra molécula de etanol. Si hay agua presente, la molécula de etanol también puede formar enlace de hidrógeno con una molécula de agua. Esto explica por qué el etanol es miscible con agua.
Los enlaces de hidrógeno tienen importancia fundamental en moléculas biológicas como el ADN, ya que dichos enlaces permiten que se mantengan unidas las dos hebras de la doble hélice.

Las bases nitrogenadas (adenina, timina, guanina y citosina) forman pares específicos (A-T y G-C) unidos por enlaces de hidrógeno. La adenina (A) se empareja con la timina (T) mediante dos enlaces de hidrógeno, mientras que la guanina (G) se empareja con la citosina (C) mediante tres enlaces de hidrógeno. Aunque estos enlaces son relativamente débiles individualmente, colectivamente mantienen la estructura del ADN de manera estable.
Por qué el hielo flota en el agua
Los enlaces de hidrógeno juegan un papel esencial en muchas propiedades físicas y químicas de las sustancias. Determinan la estructura tridimensional de biomoléculas como las proteínas y los ácidos nucleicos, y son responsables de fenómenos como la alta tensión superficial del agua y la solubilidad de ciertos compuestos en disolventes polares.
Los enlaces de hidrógeno son también responsables de que el hielo flote en el agua. Sorprendentemente, a diferencia de la mayoría de las sustancias, el agua en estado sólido (hielo) es menos densa que en estado líquido. Esto es lo que permite que el hielo flote sobre el agua.
En el estado líquido, las moléculas de agua están continuamente formando y rompiendo enlaces de hidrógeno debido a su energía térmica. Esto permite que las moléculas se acerquen bastante entre sí, lo que da lugar a una estructura más densa.
A medida que el agua se enfría, las moléculas pierden energía y se mueven más lentamente. Cuando el agua llega al punto de congelación (0 °C), las moléculas de agua forman una estructura cristalina altamente ordenada, sostenida por enlaces de hidrógeno.
En esta estructura cristalina, cada molécula de agua está unida a otras cuatro mediante enlaces de hidrógeno, formando una red tridimensional que crea espacios vacíos entre las moléculas. Este patrón geométrico en forma de red es más abierto y menos denso que la disposición más desordenada de las moléculas en el estado líquido. Como resultado, el hielo tiene menos moléculas por unidad de volumen que el agua líquida.
Dado que el hielo tiene una estructura más abierta y es menos denso que el agua líquida, ocupa más espacio para la misma cantidad de masa. Por eso, el hielo tiene una densidad menor que el agua y flota.
El hecho de que el hielo flote tiene importantes consecuencias para la vida en la Tierra. Por ejemplo, cuando un lago o un río se congela, el hielo se forma en la superficie, aislando el agua líquida de abajo y permitiendo que la vida acuática sobreviva en temperaturas frías. Si el hielo fuera más denso que el agua, se hundiría, congelando los cuerpos de agua desde el fondo hacia arriba, lo que sería catastrófico para los ecosistemas.

