viernes, 9 enero 2026

Mitos y realidad del chocolate: ni es un afrodisíaco ni gusta más a las mujeres

El chocolate ha sido considerado durante mucho tiempo un símbolo de amor y romance. Sin embargo, la ciencia ofrece una perspectiva diferente sobre los mitos que rodean a este dulce placer.

Barry Katz, profesor de psicología y neurociencia en la Universidad de Brandeis, ha estudiado el gusto y los sentidos, y sus investigaciones desmitifican algunas creencias populares sobre el chocolate. Una de ellas es la idea de que las mujeres disfrutan más del chocolate que los hombres. En un experimento, se pidió a hombres y mujeres que probaran chocolate con los ojos vendados. Ambos grupos reportaron una mejora en su estado de ánimo sin diferencia significativa entre géneros. Sin embargo, cuando se repitió el experimento sin la venda, las mujeres dijeron sentirse más relajadas que los hombres. Esto sugiere que no hay una diferencia biológica en la apreciación del chocolate, sino más bien una influencia cultural y de márketing.

¿Afrodisíaco?

Otro mito común es la idea de que el chocolate actúa como afrodisíaco. Según Katz, no hay evidencia científica que respalde esta afirmación. Los únicos componentes psicoactivos del chocolate son la cafeína y el azúcar, pero sus niveles no son lo suficientemente altos como para provocar un aumento significativo en la excitación o el deseo. Más bien, el placer del chocolate proviene de su dulzura, que activa estímulos placenteros en el cerebro.

El sabor dulce tiene un papel fundamental en la percepción del chocolate. El cacao puro es amargo y, sin azúcar, probablemente no sería tan popular. Katz explica que los estímulos dulces en el cerebro inhiben los estímulos amargos, transformando el sabor y generando una sensación de placer. Este fenómeno tiene raíces evolutivas, ya que los humanos están biológicamente predispuestos a preferir lo dulce debido a su relación con fuentes de energía seguras.

Para ilustrar la relación entre el gusto y la experiencia social, Katz ha realizado experimentos con ratas. En ellos, las ratas bien alimentadas evitan el cacao puro por su sabor amargo. Sin embargo, si una rata hambrienta se ve obligada a comerlo para sobrevivir, otra rata que la observe imitará su comportamiento, demostrando que la experiencia y el contexto influyen en la percepción del sabor.

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