El wolframio como arma de guerra

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Roberto Martín Tello »

imageEn este artículo me gustaría dar a conocer un elemento químico que me parece muy curioso y que ha estado relacionado con nuestro país desde sus orígenes hasta la actualidad. Lo descubrieron los hermanos D’Elhuyar en el País Vasco, lo necesitó la Alemania nazi para su maquinaria de guerra e incluso como consecuencia de aquella fiebre del “oro negro” que trajo a nuestro país la II Guerra Mundial, todavía hoy sufrimos las consecuencias de aquella salvaje y descontrolada explotación.

clip_image004Se trata del wolframio. ¿O deberíamos llamar tungsteno al elemento químico de número atómico 74 y cuyo símbolo es W? Porque la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada, por sus siglas en inglés IUPAC, en su última edición del libro rojo de 2005, no reconoce “wolframio” como nombre de un elemento químico. Según esta organización, es tungsteno, aunque su símbolo sea W. Esto ha creado controversia, ya que el descubridor del elemento es el que le pone el nombre, lo que no ha respetado la IUPAC, probablemente por la influencia del mundo anglosajón, ya que en EE.UU. el apelativo más extendido es tungsteno.

El wolframio es usado en las lámparas incandescentes, electrodos para soldadura, resistencias eléctricas e incluso en los tornos de los dentistas a los que tanto nos gusta visitar.

Fue descubierto por los hermanos Fausto y Juan José D’Elhuyar en 1783 en su laboratorio de Bergara. Cabe mencionar que fue el segundo elemento descubierto por españoles, ya que el primero elemento fue el platino, cuya existencia fue publicada en 1748 por quien fuera oficial de la Marina Francisco de Ulloa, que había hecho una expedición científica a Colombia y Ecuador. (Después vendría el tercer elemento descubierto por un español: el vanadio).

Fausto y Juan José, provenientes del país vasco francés y antiguos estudiantes de medicina de la universidad de París (profesión que ejerció su padre, que era francés, y por ello existen discrepancias en la manera de escribir el apellido), se dieron cuenta de que tenían ante sí un elemento desconocido hasta la fecha formando parte de un mineral que si era conocido, la wolframita (Mn, Fe)WO4, de ahí que eligieran el nombre de wolframio para llamar al nuevo elemento químico y que curiosamente significa baba de lobo en alemán, debido a las supersticiones de los mineros sobre los espíritus diabólicos con forma de lobo que habitan en las profundidades. Esta creencia tiene su explicación científica y es que cuando estos mineros recogían el mineral casiterita (SnO2) y lo fundían junto con la wolframita, el estaño “desaparecía”, tal como hace el lobo con las ovejas.

imageAl wolframio no se le da importancia como elemento estratégico hasta el comienzo de la II Guerra Mundial cuando Alemania se lanza a la conquista de Europa y se da cuenta de que para ello necesita una ventaja sobre sus rivales; esa ventaja residía en el wolframio. ¿Por qué? Muy sencillo: es el metal con el mayor punto de fusión, y al estar cerca de este punto (3410°C), no pierde sus propiedades físicas. Esta capacidad la aprovecharon los nazis para crear proyectiles que atravesaran los blindajes enemigos y corazas que no pudieran atravesar los proyectiles aliados. Para entender la importancia del wolframio en el conflicto bélico citaré esta frase del embajador alemán en España en aquella época: “El wolframio es para nosotros prácticamente lo que la sangre para el hombre”. Y se sabe que buena parte del wolframio que utilizaron lo consiguieron precisamente en España.

imageAntes de la II Guerra Mundial, en España existían 6 empresas dedicadas a la explotación de wolframio y al acabar la guerra eran más de 100 empresas intentando aprovecharse de las circunstancias. Hay un dato que resume perfectamente la fiebre que se vivió en nuestro país y es que el wolframio pasó de valer 42 €/tonelada en 1941 a más de 2000 € en 1944. Como es de imaginar se empezó a extraer el mineral en cantidades ingentes, pero esto trajo consigo un problema que aún hoy estamos sufriendo y al cual no se le pone remedio.

El principal problema de la extracción de wolframio es el arsénico, una de las 10 sustancias más preocupantes para la salud pública según la Organización Mundial de la Salud, ya que causa lesiones cutáneas y cáncer de piel con un periodo prolongado de exposición. En las explotaciones mineras de wolframio y estaño se obtiene como subproducto la arsenopirita (FeAsS), que se acumula en escombreras pudiendo provocar un problema medioambiental y de salud pública para los habitantes de la zona si el arsénico contenido en este mineral se libera al medio. Actualmente existen minas abandonadas en el territorio español con una alta cantidad de productos de desechos derivados como consecuencia de la explotación de tungsteno. Se encuentran en su mayoría en Madrid, Galicia y Castilla y León, aunque bien es cierto que hay estudios que demuestran que este arsénico no será liberado al medio si se mantienen las condiciones actuales ya que se encuentra formando parte de un mineral y no en su forma libre. Se deberían realizar las investigaciones pertinentes para valorar si se deben o no retirar estos subproductos y acumularlos en un lugar seguro.


Bibliografía

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