Un toxúngueno es, por lo pronto, una palabra feísima, difícilmente pronunciable. Es un intento de «traducir» al español o castellano la versión inglesa de la palabra, que es toxungen, la cual es un neologismo, a mi modo de ver, poco afortunado, como discuto a continuación.
El investigador David R. Nelsen y colaboradores, en un artículo que referencio al final de este texto, distinguen tres tipos de secreciones biológicas tóxicas, que denominan en inglés «poisons», «toxungens» y «venoms», con estas definiciones:
- «Poison»: una sustancia tóxica (compuesta por una o más toxinas) que causa daño fisiológico dependiente de la dosis que resulta en toxicidad autoinducida (p. ej., endotoxinas bacterianas) o se transfiere pasivamente sin un mecanismo de entrega de un organismo al medio interno de otro organismo sin daño mecánico, generalmente a través de la ingestión, inhalación o absorción a través de la superficie corporal.
- «Toxungen»: una sustancia tóxica (compuesta por una o más toxinas) que causa daño fisiológico dependiente de la dosis que se transfiere activamente a través de un mecanismo de entrega de un organismo a la superficie externa de otro organismo sin daño mecánico.
- «Venom»: sustancia tóxica (compuesta por una o más toxinas) que causa daño fisiológico dependiente de la dosis y que se transfiere pasiva o activamente de un organismo al medio interno de otro organismo a través de un mecanismo de administración y daño mecánico.
Los autores aclaran que la palabra «toxungen» es un neologismo creado por ellos a partir de las palagras latinas toxicum (tóxico) y unguentum (ungüento). Así lo explican:
We therefore propose the term toxungen, a new word derived by combining two Latin nouns: toxicum, meaning toxic, and unguentum, meaning balm or ointment. Thus, this word has the connotation of a toxic ointment, or a toxin that is applied to the outside of the victim’s body. Werealize that this combination of toxicum and unguentum does not follow proper Latin grammar, but we feel that the combination adequately refers to the original roots while being combined in a waytoproduceameaningful word with semblance to venom and poison.
En otro lugar establecen que se debe pronunciar /toxunj’en/.
La verdad es la palabra parece desafortunada. «Gen» (geno, en español) remite a «generador de». Así, oxigeno es generador de ácidos, hidrógeno es generador de agua y toxígeno es generador de toxinas. Por otro lado, en ingles, «un-» es un prefijo que significa «in-» o «des-«. Por ello, «ungen» parece que quiere dar a entender «no generador», y, en consecuencia, toxungen, parece remitir a «no generador de toxinas». En español estaría más en consonancia con el latín toxicum+unguentum toxúngüeno o bien toxúngueno. La versión española más directa del neologismo toxungen sería toxúngeno, pero, como he dicho, el sufijo -geno creo que sería desafortunado porque podría producir confusión etimológica (algo en lo que no parecen haer reparado los creadores de toxungen).
Como la forma toxúngueno es más fácil de leer, pronunciar y escribir que toxúngüeno, me quedo con ella. Es la que usaré en la explicación de este concepto, en la que seguiré a la Wikipedia inglesa.
Los toxúnguenos
Un toxúngueno es una secreción u otro fluido corporal que contiene una o más toxinas biológicas y que es transferido por un organismo a la superficie externa de otro mediante un mecanismo físico de entrega, con o sin contacto directo entre el organismo secretor y la víctima.
En el caso de los animales, los toxúnguenos pueden ser liberados mediante escupitajos, pulverización o untado. Como una de las tres categorías de toxinas biológicas, los toxúnguenos se distinguen de los venenos, que se transfieren pasivamente por ingestión, inhalación o absorción a través de la piel, y de los venenos inyectados, que se introducen mediante una herida generada por contacto directo en forma de mordedura, picadura u otra acción similar. El uso de toxúnguenos ofrece la ventaja evolutiva de introducir toxinas en los tejidos del objetivo sin necesidad de contacto físico. Los animales que utilizan toxúnguenos se denominan toxunguénicos.
Los toxúnguenos han evolucionado en una gran variedad de animales, incluidos platelmintos, insectos, arácnidos, cefalópodos, anfibios y reptiles. Es posible que también existan en aves, ya que algunas especies despliegan secreciones defensivas provenientes de sus estómagos, glándulas uropigiales o cloacas. Además, algunas aves se embadurnan con sustancias químicas adquiridas de milpiés, orugas, escarabajos, materiales vegetales e incluso pesticidas manufacturados. Algunas de estas sustancias pueden ser tóxicas, al menos para los ectoparásitos, lo que las calificaría como toxúnguenos.
El uso de toxúnguenos también podría darse en ciertos mamíferos. Los loris perezosos (género Nycticebus), un grupo de primates nocturnos del sudeste asiático, producen una secreción en sus glándulas braquiales (ubicadas cerca de la axila) que posee una aparente toxicidad. Cuando esta secreción se lame y se combina con saliva, su mordedura puede introducirla en una herida, causando lesiones graves en la piel de congéneres y otros agresores, funcionando así como un veneno. También pueden frotar esta secreción en su pelaje o lamer a sus crías antes de ocultarlas en un lugar seguro, lo que sugiere un posible uso como toxúngeno. Las mofetas y otros miembros de las familias Mephitidae y Mustelidae rocían una secreción nociva y potencialmente dañina desde su glándula anal cuando se sienten amenazadas. En altas concentraciones, esta secreción puede ser tóxica, habiéndose documentado casos raros de víctimas que han sufrido lesiones graves e incluso la muerte.
A pesar de la representación del dinosaurio Dilophosaurus en las películas Jurassic Park y Jurassic World Dominion como capaz de escupir una secreción tóxica, no existe evidencia de que algún dinosaurio poseyera toxúnguenos o venenos.
Algunos animales emplean sus toxinas de múltiples maneras y pueden clasificarse como venenosos, toxunguénicos y/o ponzoñosos. Por ejemplo, el escorpión Parabuthus transvaalicus puede tanto rociar su toxina como inyectarla, mientras que la serpiente Rhabdophis tigrinus es venenosa (al acumular toxinas de sapos o luciérnagas en sus glándulas nucales, tóxicas para sus depredadores), toxunguénica (sus glándulas nucales pueden liberar toxinas cuando se rompen) y ponzoñosa (sus glándulas orales secretan toxinas que pueden ser inyectadas mediante los dientes). Incluso los seres humanos pueden considerarse facultativamente venenosos, toxunguénicos y ponzoñosos, ya que utilizan toxinas en los tres modos con fines científicos, agrícolas o bélicos.
El uso de toxúnguenos ofrece una ventaja evolutiva clave en comparación con los venenos y ponzoñas tradicionales. Mientras que estos últimos requieren contacto directo con la presa o depredador, lo que expone al animal que los posee al riesgo de sufrir daños, los toxúnguenos permiten la liberación de toxinas a distancia, reduciendo el peligro de un enfrentamiento directo.
Las toxinas utilizadas como toxúnguenos pueden adquirirse de diferentes maneras. Muchas especies sintetizan sus propias toxinas y las almacenan en glándulas, pero otras las obtienen exógenamente de otras especies. Dos ejemplos ilustran este fenómeno: las serpientes del género Rhabdophis adquieren las toxinas de sus glándulas nucales a partir de su dieta de sapos y/o luciérnagas, mientras que los pulpos de anillos azules (Hapalochlaena) acumulan tetrodotoxina, un potente componente tóxico de sus glándulas salivales, a través de la alimentación y/o de bacterias simbióticas productoras de tetrodotoxina.
Los toxúnguenos se emplean principalmente con fines defensivos, pero también pueden utilizarse en otros contextos. Algunos ejemplos de toxúnguenos usados para la depredación incluyen al pulpo de anillos azules, que puede expulsar su secreción al agua para inmovilizar o matar a su presa, y a las hormigas del género Crematogaster, que cooperativamente someten a sus presas sujetándolas y untándoles toxinas en la superficie del cuerpo. También pueden usarse para la comunicación y la higiene. Muchos himenópteros poseen secreciones que, además de ser venenosas (inyectadas para depredación o defensa), pueden ser rociadas para comunicar alarma entre compañeros de nido, marcar rutas de forrajeo o mantener a sus crías libres de parásitos.
Debido a su sistema de entrega único, los toxúnguenos pueden estar químicamente diseñados para penetrar mejor las superficies corporales. Algunos artrópodos que rocían o untan sus secreciones sobre presas incluyen agentes dispersantes en su toxina para aumentar su eficacia. Por ejemplo, algunas cobras escupidoras han modificado su secreción para que los cardiotoxinas sean más dañinas para las membranas oculares de sus objetivos.
Fuentes
- Nelsen DR, Nisani Z, Cooper AM, Fox GA, Gren EC, Corbit AG, Hayes WK. Poisons, toxungens, and venoms: redefining and classifying toxic biological secretions and the organisms that employ them. Biol Rev Camb Philos Soc. 2014 May;89(2):450-65. doi: 10.1111/brv.12062. Epub 2013 Sep 17. PMID: 24102715.
- Toxungen, Wikipedia, Toxungen – Wikipedia, la enciclopedia libre
- Imagen de cabecera: Zia Nisani, William K. Hayes, Venom-spraying behavior of the scorpion Parabuthus transvaalicus (Arachnida: Buthidae), Behavioural Processes, 115 (2015) 46-52, https://doi.org/10.1016/j.beproc.2015.03.002.

