Dos niños, con sus palas en mano, desenterraron con asombro los restos de unos calzoncillos que habían sido enterrados dos meses antes. La mayor parte del algodón orgánico había desaparecido, consumido por lombrices, insectos y bacterias. “¡Los organismos del suelo se comieron nuestros calzoncillos!”, exclamaron emocionados. Su descubrimiento era solo uno de los aproximadamente 1000 experimentos llevados a cabo en Suiza dentro de un innovador proyecto de ciencia ciudadana.
Este experimento tenía un doble propósito: generar conciencia sobre la importancia del suelo y recopilar datos sobre su actividad biológica. Inicialmente, los organizadores consideraron usar cuadrados de algodón o calcetines, pero surgió una idea más llamativa: calzoncillos de algodón con esqueleto elástico. La iniciativa fue un éxito, atrayendo a agricultores y jardineros aficionados de todo el país, quienes rápidamente ocuparon las 1000 plazas disponibles.
Cada participante recibió un par de calzoncillos idénticos para enterrar y registró información sobre el manejo del suelo en su área. Además, enviaron cerca de 900 muestras de suelo para ser analizadas en el laboratorio. Al comparar los datos de degradación del algodón con las características del suelo, los investigadores confirmaron que los calzoncillos pueden funcionar como un indicador accesible de la salud del suelo.
El proyecto tuvo una gran repercusión en los medios de comunicación y pronto traspasó fronteras, con reportes provenientes de más de 25 países en casi todos los continentes. Más allá de la recopilación de datos, esta iniciativa ofreció a los participantes resultados personalizados, herramientas para interpretar el estado de su suelo y consejos para una gestión sostenible.
Al final, la experiencia sensorial de desenterrar un par de calzoncillos descompuestos ayudó a los ciudadanos a ver el suelo no solo como tierra, sino como un sistema vivo y esencial. Con suerte, esta interacción directa con el ecosistema ha inspirado a muchos a convertirse en guardianes responsables del suelo, promoviendo su conservación tanto en Suiza como en el resto del mundo.
Fuente: Science.

