En el desierto blanco de White Sands, en Nuevo México, un hallazgo insólito ha puesto en jaque todo lo que creíamos saber sobre la llegada de los humanos a América. En un paisaje de dunas de yeso que parecen sacadas de otro planeta, el geólogo y arqueólogo Vance Holliday, de la Universidad de Arizona, descubrió en 2012 algo que cambiaría el curso de su carrera… aunque en ese momento no lo sabía.
Durante una visita al sitio —una parte protegida por el Parque Nacional y otra restringida por el Ejército de EE. UU.— Holliday inspeccionó unas trincheras abiertas por otros investigadores. A solo unos metros, enterradas bajo arcilla y yeso, yacían unas huellas humanas fosilizadas que años más tarde sacudirían los cimientos de la arqueología americana.
Las huellas fueron excavadas en 2019 por investigadores del Servicio de Parques Nacionales y la Universidad de Bournemouth, y publicadas en 2021. Su datación inicial indicaba que los humanos caminaron por allí hace entre 21 000 y 23 000 años, mucho antes de lo que se pensaba. Hasta entonces, la cultura Clovis, de unos 13 000 años de antigüedad, se consideraba la más antigua del continente.
El hallazgo fue muy cuestionado, sobre todo porque se basaba en restos de semillas y polen como marcadores de antigüedad. Pero ahora, Holliday encabeza un nuevo estudio que confirma las fechas, esta vez usando lodo antiguo para realizar una datación por radiocarbono. Un laboratorio independiente ha verificado los datos, que son consistentes con los de 2021.
El nuevo análisis, publicado en Science Advances, arroja una antigüedad de entre 20 700 y 22 400 años, reforzando la idea de que los humanos ya estaban en América durante la última glaciación. En total, ya existen 55 fechas coherentes obtenidas a partir de tres tipos distintos de muestras y por tres laboratorios diferentes.
Aunque aún persiste el debate sobre la falta de artefactos o señales de asentamientos, el investigador sugiere que los caminantes podrían haber sido nómadas cuidadosos, sin dejar rastros materiales. Si estas huellas resisten el escrutinio del tiempo, podrían obligarnos a reescribir la historia de la humanidad en el continente americano.

