La batalla contra los virus pudo hacer a los murciélagos longevos y resistentes al cáncer

El puertorriqueño Juan Manuel Vázquez encabeza una investigación que encuentra en los genomas de estos animales huellas de una evolución conjunta de tales singularidades

Al azar

Los murciélagos tienen una combinación de características que resulta excepcional entre los mamíferos: pueden vivir muchísimo más de lo que cabría esperar por su pequeño tamaño, toleran una notable variedad de virus y presentan una resistencia al cáncer que todavía no comprendemos bien. Un trabajo publicado en Nature dirigido por el biólogo puertorriqueño Juan Manuel Vázquez, aporta nuevas pistas sobre la posible relación entre esas capacidades.

Los investigadores no han descubierto un «gen de la longevidad» ni demostrado cuál es el mecanismo que hace que los murciélagos vivan tanto. Lo que han encontrado es un conjunto de adaptaciones genómicas que relacionan de manera particularmente estrecha la respuesta frente a los virus, la inmunidad, la resistencia al cáncer y la longevidad.

El estudio se centra en Myotis, uno de los géneros de murciélagos más diversos y que presenta una extraordinaria variación en la duración de la vida. El murciélago de Brandt (Myotis brandtii), por ejemplo, puede superar los 40 años y se conoce un ejemplar que fue anillado y recapturado medio siglo después. En el extremo contrario, Myotis nigricans, de América Central y del Sur, vive apenas unos siete años. Es una diversidad particularmente útil para buscar qué características genéticas acompañan a una vida excepcionalmente larga.

Vázquez y sus colaboradores secuenciaron los genomas de ocho especies de Myotis y los compararon entre sí y con los de otros mamíferos. Buscaron señales de selección positiva, es decir, cambios genéticos que parecen haber sido favorecidos por la evolución. El resultado más llamativo fue que los genes relacionados con la longevidad se solapaban mucho más de lo esperado con genes implicados en las interacciones entre los murciélagos y los virus.

Un equipo de investigadores toma muestras de tejido de murciélagos capturados para su estudio y posteriormente liberados / Juan Manuel Vázquez.

La conexión tiene sentido biológico. Los murciélagos soportan una enorme carga vírica sin desarrollar necesariamente las enfermedades que esos mismos virus pueden provocar en otros animales. Su sistema inmunitario permanece en un estado de elevada actividad, pero ha desarrollado mecanismos para evitar que la inflamación desencadenada por esa actividad resulte dañina. La investigación indica que esa adaptación frente a las infecciones puede haber dejado también una huella en los mecanismos que protegen contra el envejecimiento y el cáncer.

Una de las peculiaridades descubiertas es que en Myotis existe un enriquecimiento especialmente acusado de genes que producen proteínas capaces de interactuar con virus de ADN. Entre ellos hay proteínas que pueden favorecer la infección, pero también otras que participan en la defensa antiviral, por ejemplo mediante la regulación del interferón. Los autores encontraron, además, una abundancia elevada de variaciones en el número de copias de genes relacionados con virus de ARN. Entre estas últimas destaca EIF2AK2 (PKR), un importante factor de la inmunidad antiviral que aparece duplicado de distintas maneras en los linajes de Myotis.

Pero quizá la observación más reveladora procede de los experimentos con células. Vázquez y su equipo obtuvieron pequeñas biopsias de las alas de los animales y estableció cultivos celulares; dispone ya de células procedentes de 259 individuos de 32 especies. Cuando sometió las células del pequeño murciélago marrón (Myotis lucifugus), una de las especies más longevas de Norteamérica, a una sustancia tóxica que provoca daño celular, observó algo inesperado. En vez de responder principalmente activando genes destinados a reparar el ADN, las células incrementaron la expresión de genes que favorecen su propia muerte.

Puede parecer una estrategia paradójica, pero tiene una lógica evidente en términos de prevención del cáncer: cuando una célula está demasiado dañada para ser reparada, es mejor eliminarla que permitir que sobreviva y se convierta en una célula potencialmente cancerosa. Los investigadores señalan que una estrategia semejante se observa en otro mamífero extraordinariamente longevo y resistente al cáncer, el elefante. No significa que este mecanismo explique por sí solo la longevidad de los murciélagos, pero sí proporciona una pieza importante del rompecabezas.

De Puerto Rico a los murciélagos

Juan Manuel Vázquez y Elise Lauterbur, una de sus principales colaboradoras.

Para Vázquez, la pregunta viene de lejos. Según una nota informativa de la Universidad de Berkeley, cuando estudiaba en la Universidad de Chicago ya le intrigaba la posibilidad de que los genomas de animales extraordinariamente longevos pudieran revelar mecanismos capaces de protegernos del envejecimiento y el cáncer. Su tesis doctoral, dirigida por Vincent Lynch y concluida en 2020, se ocupó precisamente de la duplicación de genes y de la llamada paradoja de Peto, el hecho de que animales grandes y longevos no padezcan proporcionalmente más cáncer que los pequeños y de vida corta.

Después, como investigador posdoctoral en Berkeley, convirtió esa curiosidad en un trabajo de campo bastante poco parecido a la imagen convencional del científico pegado a un ordenador. Recorrió el oeste de Estados Unidos con estudiantes, instalando por la noche redes de niebla sobre arroyos, estanques y ríos para capturar murciélagos, tomar pequeñas muestras de tejido y devolverlos a la naturaleza. El objetivo era construir una colección de genomas y cultivos celulares que permitiera comparar especies con vidas muy diferentes.

Desde 2025 es profesor asistente de Biología en la Universidad Estatal de Pensilvania, donde ha creado su propio laboratorio. Su enfoque combina trabajo de campo, biología celular y molecular, genética de poblaciones y genómica funcional: una estrategia que él mismo denomina «genómica de la granja a la mesa». Su objetivo ya no se limita a los murciélagos, sino que incluye otros animales excepcionalmente longevos, como las ballenas, para intentar averiguar cómo ha conseguido la evolución resolver problemas —daño del ADN, cáncer, infecciones y envejecimiento— que siguen siendo difíciles para nuestra especie.

El estudio de Nature no ofrece todavía una receta para prolongar la vida humana. Sí proporciona algo quizá más valioso: una nueva manera de mirar conjuntamente la inmunidad, las infecciones, el daño genético y el envejecimiento. En los murciélagos, esas cuestiones parecen formar parte de una misma historia evolutiva. Y descifrarla puede ayudarnos a comprender por qué nosotros envejecemos y enfermamos mucho antes de lo que, al menos en principio, parecería inevitable.


Referencia

Vazquez, J.M., Lauterbur, M.E., Mottaghinia, S. et al. Insights into longevity and virus-driven adaptation from Myotis bat genomes. Nature (2026). https://doi.org/10.1038/s41586-026-10932-7

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