El auge de internet y las redes sociales ha facilitado el acceso a un mercado insólito y turbio: el de la compraventa de patrimonio cultural y restos biológicos. Un reciente estudio liderado por la Universidad de Staffordshire y publicado en el International Journal of Cultural Property ha encendido todas las alarmas al descubrir la presencia de crecimiento microbiano potencialmente peligroso en restos humanos y animales momificados comercializados a través de la red.
Un mercado desregulado y al alcance de un clic
El equipo de investigación, encabezado por la doctora Kirsty Squires, analizó 128 publicaciones de anuncios y subastas online. Los resultados revelaron un panorama preocupante:
- Los partes aisladas del cuerpo humano, como manos y pies, figuran entre los elementos más ofertados.
- Más de la mitad de la muestra examinada incluía cabezas momificadas en diversos estados de conservación.
Lo más alarmante no es solo la comercialización de estos especímenes, sino la absoluta falta de medidas de bioseguridad. Los investigadores detectaron que los vendedores apenas ofrecen información sobre el manejo seguro de los restos, e incluso se documentaron imágenes de personas manipulando tejido momificado sin guantes.
Esporas milenarias y sustancias tóxicas
Aunque muchos artículos no presentaban signos evidentes de deterioro o crecimiento fúngico, los científicos advierten que la colonización microbiana puede ser invisible a simple vista. Esto significa que piezas aparentemente bien conservadas siguen entrañando importantes riesgos sanitarios.
La alteración de restos momificados puede liberar esporas de hongos al aire. Un claro ejemplo histórico de este peligro es el caso de los científicos que abrieron la tumba del rey Casimiro IV Jagellón en Polonia o las leyendas asociadas a la maldición de Tutankhamun y la muerte de Lord Carnarvon, vinculadas a infecciones severas por Aspergillus tras inhalar esporas latentes durante siglos.
Además del riesgo biológico, los restos humanos y animales pueden contener sustancias químicas históricas utilizadas en los procesos de embalsamamiento, tales como arsénico, mercurio y plomo, aumentando la toxicidad para cualquier persona que los manipule sin protección.
El peligro invisible en el servicio postal
El estudio también puso de relieve el incumplimiento generalizado de las normativas postales. Se documentaron casos de envíos nacionales e internacionales de restos momificados a través de servicios postales regulares —como el correo británico (Royal Mail)—, que prohíben expresamente este tipo de transporte.
Esta práctica pone en grave riesgo a los trabajadores postales, oficiales de aduanas y al público general, debido al uso de embalajes deficientes que pueden fracturarse o liberar agentes patógenos y sustancias tóxicas durante el trayecto.
Llamamiento a una mayor regulación
Ante este escenario, los autores exigen un control mucho más estricto por parte de las plataformas de comercio electrónico, las empresas de mensajería y las autoridades competentes. Es fundamental cerrar vacíos legales y educar a la sociedad para evitar que la fascinación por lo macabro ponga en jaque la salud pública y la preservación ética del patrimonio arqueológico.
Referencia
Kirsty Squires et al, The real mummy’s curse: Health risks associated with the sale and trade of mummified remains, International Journal of Cultural Property (2026). DOI: 10.1017/s0940739126100393.

