Los esenios se sirvieron de la química para conservar los manuscritos de Qumrán

Los Manuscritos del Mar Muerto o Rollos de Qumrán forman una colección de casi 1000 documentos que datan de entre el 250 a. C. y el 66 d. C. Redactados la mayoría en hebreo y arameo, constituyen los testimonios más antiguos de los textos bíblicos. Los primeros documentos fueron encontrados en 1947 en una cueva por pastores que buscaban una res descarriada, en las cercanías de las ruinas de Qumrán, en la orilla noroccidental del Mar Muerto. Los habían escondido dentro de frascos en esa y otras cavidades miembros de la secta judía de los esenios para proteger su herencia religiosa y cultural de los invasores romanos.

El estado de conservación de muchas de estas piezas del patrimonio histórico es mejor del que cabría esperar, y, por eso, investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) han querido desvelar el secreto de esta circunstancia. Centraron su estudio en el llamado Pergamino del Templo, que es uno de los documentos más grandes y mejor conservados a pesar de que su espesor es de los más bajos (una décima de milímetro). Su superficie es especialmente blanca.

Imagen tomada de DOI: 10.1126/sciadv.aaw7494

El estudio se hizo por mapeado espectroscópico submicrométrico no destructivo y reveló que los fabricantes del pergamino habían usado una mezcla de sales del tipo evaporitas (rocas sedimentarias que se forman por cristalización de sales disueltas en lagos y mares) cuya composición era diferente a la de otros pergaminos. En especial, a los investigadores les sorprendió la proporción de azufre, sodio y calcio, llegando a la conclusión de que las sales empleadas son las que dan al pergamino su superficie blanca inusualmente brillante y que quizás contribuyeron a su buen estado de conservación, comprobando también que la composición no coincide con la del agua del Mar Muerto, por lo que o las evaporitas o los pergaminos ya preparados fueron traídos de otro lugar. Los investigadores creen que las técnicas utilizadas para elaborar el Pergamino del Templo (a partir de pieles de animales a las que se les quita el pelo y los residuos grasos por métodos físicos y químicos) compiten con las de la Edad Media y que incluso en algunos casos podrían superarlas.

Curiosamente, parece que gran parte del daño que han sufrido los pergaminos se produjo al ser manipulados inadecuadamente cuando fueron descubiertos, pero no por el paso del tiempo. Y, eso sí, las sales utilizadas son muy higroscópicas (absorben mucha humedad del aire), lo que las degrada rápidamente si no se conservan en los recipientes y condiciones que tenían en las cuevas.

El artículo de investigación está publicado en:

Roman Schuetz, Janille M. Maragh, James C. Weaver, Ira Rabin, Admir Masic. The Temple Scroll: Reconstructing an ancient manufacturing practice. Science Advances, 2019; 5 (9): eaaw7494 DOI: 10.1126/sciadv.aaw7494.