En la primeros 15 años de este siglo la producción de ropa se duplicó, los consumidores la compraron a la mitad de precio que antes y la usaron la mitad de tiempo. Esta explosión productiva genera tal cantidad de residuos (cada segundo se quema o tira un camión de ropa usada, según National Geographic) que las Naciones Unidas han declarado el fenómeno una «emergencia social y ambiental».
Gran parte de esta ropa usada está acabando en el desierto de Atacama, en Chile. Especialmente en las cercanías de la ciudad de Alto Hospicio, en la Región de Tarapacá, se acumulan cada año ingentes cantidades. La ropa que llega al vertedero es de baja calidad y está muy deteriorada. La mayoría de ella no se puede vender ni reciclar, por lo que se acumula en el desierto, donde se descompone lentamente. Este proceso libera gases contaminantes que contribuyen al cambio climático, así como a la contaminación del suelo y el agua.
Quizá la raíz del problema chileno está en el establecimiento de un puerto libre de impuestos en 1975 en Iquique, en el extremo occidental del desierto de Atacama, para mejorar la economía de la región. Se consiguió, pero esto ha provocado que cada año lleguen millones de toneladas de ropa a Chile (44 millones el año pasado) que no se puede reprocesar completamente. Así es que buena parte de ella simplemente la tiran
El vertedero de ropa usada en el desierto de Atacama es un problema ambiental grave. Representa un riesgo para la salud humana y el medio ambiente. También es un ejemplo de la problemática de la industria de la moda rápida, que produce ropa de manera masiva y a bajo costo, pero que genera grandes cantidades de residuos.

