lunes, 11 diciembre 2023

Ciencia + Literatura: un cóctel de infinitas posibilidades

Al azar

Francisco J. Plou Gasca »

Desde el comienzo de mi carrera científica comprendí que la divulgación era un aspecto inseparable de nuestra profesión. En un mundo en el que resulta complicado distinguir la información veraz de las noticias falsas o interesadas, los científicos y científicas tenemos la obligación de explicar con rigor a la sociedad los avances científicos y cómo la ciencia está presente en su vida cotidiana.

Existen tantas maneras de divulgar como divulgadores. Talleres, charlas, blogs, libros temáticos, mesas redondas, páginas web, hilos de Twitter (ahora de X), conferencias dramatizadas, revistas, cómics, juegos de escape… todo vale en este campo, con la única condición de ser rigurosos con el contenido científico. Cada divulgador puede elegir la metodología con la que se sienta más identificado o que mejor se adapte a sus cualidades. En mi caso particular, decidí centrarme en la literatura, en sus distintos estilos.

Comencé con un libro de divulgación pura y dura, «Qué sabemos de las enzimas» (Editorial Catarata-CSIC), en el que reflejé las bondades de las enzimas (mi campo de especialización) y cómo se manifiestan en nuestra vida diaria. Fue un trabajo arduo pero muy gratificante. He de confesar que me hizo gran ilusión contemplar mi primer libro en las estanterías de algunas librerías, eso sí, en rincones escondidos, aguardando con esperanza la aparición de algún lector friki interesado en la biotecnología.

Mi siguiente proyecto fue combinar la ficción con la ciencia en forma de relatos cortos. Así, escribí la historia de la disputa entre una enzima lipasa y la levadura que la creó («Lipasa contra Pichia») o la angustia de una molécula pegada a una columna de cromatografía («¡Sacadme de aquí!») ―la versión química de la historia de la cabina de Antonio Mercero que protagonizó José Luis López Vázquez―. Este tipo de relatos atrapan fácilmente al lector y son muy útiles para explicar uno o dos conceptos científicos. Mi humilde consejo es no querer ser demasiado ambicioso y sobrecargar el relato de términos técnicos.

Estreno de «Palíndromos» por el Grupo TreatrIEM (noviembre de 2022).

El siguiente género que abordé me provocaba un profundo respeto: el teatro. Desde joven he sido un gran aficionado al teatro, pero de ahí a escribir un guion existía un abismo. Con mi primera obra, «El 15-M de la Tabla Periódica», traté de homenajear a la Química y al papel que desempeña en nuestra vida diaria, una rebelión en toda regla contra la mala prensa que rodea nuestra disciplina. En «La Profecía de Bendandi» abordé el poder de las pseudociencias y «Palíndromos» homenajeó a las mujeres que se dedican profesionalmente a la ciencia. Una de las cosas más bonitas que me han pasado en esta vida ha sido ver representadas algunas de mis obras de teatro: ese mundo tejido en tu imaginación se convierte de repente en personajes de carne y hueso. El teatro tiene un poder hipnótico especial, y es un entorno perfecto para que el público asimile cualquier tipo de concepto científico. En este contexto, he tenido la suerte de colaborar en las dos últimas ediciones de las Jornadas de Teatro Científico de Medellín (Badajoz), un intento por acercar la ciencia a la población rural a través del teatro y otras disciplinas artísticas.

Estreno de «Palíndromos» por el Grupo TreatrIEM (noviembre de 2022).

Ya solo me faltaba la novela, un reto mayúsculo. Mi «Proyecto TTAGGG» (Amazon KDP) es la historia de un biólogo que, junto a su estudiante de doctorado, busca una molécula capaz de alargar la vida, una investigación que lo llevará a recorrer medio mundo y replantearse su visión de la ciencia, el amor y la propia existencia. Recientemente publiqué «Las nueve pruebas de la Casa Melgar» (Bubok), orientada a un público juvenil, un homenaje a esas novelas de aventuras y misterio con las que me enganché a la lectura en mi adolescencia. Divulgar a través de la novela es una excelente opción, ya que la historia mantiene en vilo al lector y la ciencia se va dosificando a lo largo de las páginas.

Mi última aventura en este terreno ha sido la poesía. Mi poema «Mutación» refleja la delgada línea que separa el orden y el caos en nuestro organism0, y cómo la simple mutación de un nucleótido del ADN trasciende a la vida. A través de la poesía se pueden transmitir los aspectos más humanos de la investigación científica, ese mundo interior que resulta tan determinante en nuestro trabajo.

Con este artículo he querido mostrar que la combinación de ciencia y literatura ofrece unas posibilidades tan atractivas como amplias. A través de la novela, los relatos cortos, el teatro o la poesía es posible divulgar ciencia a la vez que se establece un vínculo íntimo con el lector. Basta con dejar volar la imaginación…


Más información en https://www.franciscojplougasca.com/

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