La alimentación desempeñó un papel central en la evolución humana, y el estudio de las estrategias para obtener nutrientes en el pasado nos permite entender mejor cómo vivían y sobrevivían nuestros antepasados. Un ejemplo revelador de esto lo encontramos en el yacimiento de Neumark-Nord, en Alemania, donde se ha descubierto que los neandertales procesaban de forma intensiva grasas animales hace unos 125 000 años.
En entornos donde predominaban los alimentos de origen animal, como sucedía en muchas regiones durante el Pleistoceno, las grasas eran un recurso esencial. El consumo excesivo de proteínas, sin una fuente adecuada de grasas o carbohidratos, puede conducir a una dolencia potencialmente mortal conocida como «inanición por proteínas». Por eso, los cazadores-recolectores, incluyendo a los neandertales, necesitaban asegurar el acceso a fuentes de energía no proteicas, y la grasa, especialmente la contenida dentro de los huesos, era fundamental.
Uno de los métodos más eficaces para obtener grasa era la extracción de grasa ósea, que se realiza cocinando fragmentos de huesos esponjosos para liberar los lípidos atrapados en su estructura. Este proceso, aunque laborioso y que consume mucho combustible, permite obtener un alimento denso en calorías. Hasta hace poco, se creía que esta técnica era exclusiva del Paleolítico superior, pero los hallazgos en Neumark-Nord revelan que los neandertales ya la practicaban mucho antes.
Una fábrica de grasa
En el yacimiento NN2/2, junto a una pequeña laguna, se encontraron los restos fragmentados de al menos 172 grandes mamíferos, incluyendo caballos, ciervos y bóvidos. La evidencia indica que los neandertales transportaban partes seleccionadas de los animales hasta este lugar específico, donde las procesaban para extraer médula ósea y grasa. La cantidad y concentración de huesos rotos, artefactos líticos y herramientas pesadas sugiere una actividad sistemática, casi industrial: una auténtica «fábrica de grasa» prehistórica.
Este hallazgo no solo amplía nuestra comprensión sobre la dieta neandertal, sino que también demuestra una notable capacidad de planificación y especialización en el procesamiento de recursos. No se trataba simplemente de consumir carne, sino de maximizar cada elemento útil del animal, incluso aquellos que requerían técnicas complejas para su aprovechamiento.
El excelente estado de conservación del sitio y su alta resolución temporal —estimada entre 288 y 455 años de ocupación intermitente— nos proporciona un retrato detallado del comportamiento humano durante el Último Interglaciar. El entorno, con sus lagunas poco profundas y vegetación abierta, ofrecía las condiciones ideales para un asentamiento estacional centrado en la explotación intensiva de recursos animales.
En conjunto, Neumark-Nord revela que los neandertales no eran simples sobrevivientes del frío glacial, sino estrategas alimentarios sofisticados, capaces de transformar el paisaje y sus presas en fuentes sostenibles de energía. Este tipo de descubrimientos redefine lo que sabemos sobre la inteligencia, la organización social y las capacidades tecnológicas de nuestros parientes evolutivos más cercanos.

