Pulsando en el botón de reproducción se puede oír el escalofriante estruendo del campo magnético terrestre durante una tormenta geomagnética que fue consecuencia de una llamarada solar.
No se trata de un ruido real, sino de la conversión en sonido realizada por científicos daneses de señales magnéticas terrestres captadas por la misión Enjambre (Swarm, en inglés) de la Agencia Espacial Europea. Esta misión consistió en el envío de tres satélites para medir con alta precisión y gran resolución la fuerza la dirección y las variaciones del campo magnético de la Tierra.
Sus objetivos concretos principales fueron estudiar la dinámica de núcleo de la Tierra, los procesos de la geodinamo, la interacción núcleo-manto, la magnetización de la litosfera y su interpretación geológica, el mapeo tridimensional de la conductividad eléctrica del manto y la determinación de las corrientes que fluyen en la la magnetosfera y la ionosfera.

El campo magnético de la Tierra se extiende desde el núcleo interno de la Tierra hasta el espacio, donde se encuentra con la corriente de partículas generadas por el Sol que llamamos viento solar.
Lo crea en gran parte el océano de aleaciones de hierro fundido que existe a unos 3000 kilómetros de profundidad (la geodinamo). Al moverse este líquido produce corrientes eléctricas que a su vez generan un campo magnético dinámico. Este campo crea una burbuja que nos protege de la radiación cósmica y de las partículas cargadas generadas por el Sol. Cuando estas partículas chocan con los átomos y moléculas de nuestra atmósfera, parte de la energía de las colisiones se transforma en las espectaculares auroras boreales.

