viernes, 30 enero 2026

Climatopías: asentamientos resilientes al cambio climático

Al azar

Un estudio reciente analiza la amenaza del cambio climático y la subida del nivel del mar, que podrían aumentar más de un metro para el año 2100 si no se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto pone en peligro a las zonas costeras, donde viven casi mil millones de personas, exponiéndolas a la erosión y las inundaciones. Como ejemplo, en Lagos, Nigeria, fuertes lluvias, mareas altas y erosión provocaron inundaciones que afectaron a 2000 propiedades en julio de 2024.

En este contexto, las comunidades costeras buscan adaptar sus infraestructuras para mitigar los efectos del cambio climático. Un enfoque novedoso es la creación de asentamientos resilientes al clima, conocidos como «climatopías«. Estas ciudades futuristas estarían diseñadas para resistir inundaciones y son promovidas por gobiernos y desarrolladores como soluciones que también pueden expandir la disponibilidad de viviendas, reducir la presión sobre la tierra, mejorar la eficiencia energética y promover el transporte ecológico. Sin embargo, algunos críticos argumentan que estos proyectos pueden ser fantasías tecnológicas cuyo objetivo principal es aumentar el valor del mercado inmobiliario cerca de cuerpos de agua.

Por tanto, aunque las climatopías podrían ser una solución técnica al desafío global del cambio climático, su éxito depende de procesos de planificación estrictos, evaluaciones de impacto ambiental rigurosas, protección de los ecosistemas y justicia para las comunidades.

Seis criterios de evaluación

Efectivamente, el estudio defiende que, aunque estas críticas son válidas, con el enfoque adecuado, las climatopías pueden ser viables. Propone seis criterios para evaluar estos proyectos: tipo de diseño, viabilidad, efectos en el ecosistema, riesgo de maladaptación, preocupaciones de justicia y marcos regulatorios.

La idea de vivir sobre el agua no es nueva; ya se practicaba en la Dinastía Tang en China (alrededor del año 700 d.C.) y sigue vigente en comunidades indígenas como los Uros en el lago Titicaca, Perú, y en asentamientos sobre pilotes en Vietnam, Camboya, Benín y Nigeria. Sin embargo, las climatopías modernas se diferencian de estas comunidades tradicionales porque están diseñadas como ciudades de alta tecnología, equipadas con paneles solares, sistemas de enfriamiento marino, centros de salud, escuelas, áreas recreativas y negocios.

Tres métodos de creación de climatopías

Los desarrolladores están proyectando espacios habitables en océanos y áreas cercanas a la costa mediante tres métodos principales.

  1. Tierra recuperada. Se crean nuevas tierras depositando arena dragada, arcilla, cemento o rocas en el océano, lo que permite la construcción sobre estas áreas. Estos proyectos, como la Isla Ocean Flower en China y Eko Atlantic en Lagos, suelen tener una arquitectura icónica y buscan atraer inversiones transnacionales. Sin embargo, se los critica por sus impactos ambientales y en las comunidades cercanas.
  2. Casas anfibias. Estas viviendas están ancladas al suelo, pero flotan cuando sube el nivel del agua. Son ideales para zonas con niveles de agua fluctuantes, como riberas y planicies aluviales. Ejemplos como el barrio de IJburg en Ámsterdam muestran su potencial, pero escalar estos proyectos podría incentivar la ocupación de zonas de alto riesgo.
  3. Ciudades flotantes. Estas estructuras prefabricadas y estancas se sitúan permanentemente en el océano o lagunas. Proyectos como la Ciudad Flotante de Maldivas y las cápsulas flotantes en Panamá representan este tipo de desarrollo, aunque su sostenibilidad a largo plazo y resistencia a tormentas graves sigue siendo incierta.

Viabilidad

Para asegurar la viabilidad de las climatopías, se debe evaluar su construcción, integridad estructural, seguridad, costo, demanda del mercado y sostenibilidad financiera. Las casas anfibias son relativamente económicas, mientras que las islas recuperadas son las más costosas debido al extenso trabajo de ingeniería. Las ciudades flotantes requieren menos inversión inicial, pero sus costos de mantenimiento son altos, y los materiales de construcción son susceptibles a la corrosión y daños por oleajes.

Los desafíos climáticos, como tormentas y tsunamis, presentan un riesgo significativo para todas estas infraestructuras. Es fundamental que los gobiernos, aseguradoras y comunidades afectadas trabajen juntos para establecer estándares de la industria y sistemas de alerta temprana.

Evaluaciones ambientales

Además de los retos prácticos, las climatopías también pueden tener efectos adversos en los ecosistemas. La construcción de islas recuperadas puede acelerar la acidificación del océano, la pérdida de biodiversidad y la degradación de los arrecifes de coral. Las casas anfibias y ciudades flotantes pueden alterar patrones locales de viento, evaporación, luz solar y calor, así como generar ruido y contaminación que afectan a la vida marina. Proyectos como los de Maldivas y OCEANIX en Corea del Sur proponen el uso de materiales como el «biorock» para minimizar estos impactos.

El estudio enfatiza la importancia de realizar evaluaciones ambientales y socioeconómicas rigurosas e independientes, exigiendo transparencia en la difusión de los resultados. Además, se deben monitorear estos proyectos para asegurar su cumplimiento con estándares sostenibles. Sin embargo, llevar a cabo estos proyectos puede aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero y degradar el medio ambiente, incluso si se utilizan sistemas energéticamente eficientes.

Justicia social y regulaciones

Otro aspecto crítico es la justicia social. Las climatopías suelen estar dirigidas a personas adineradas, con precios prohibitivos para la mayoría de la población local. Además, estos proyectos a menudo implican la privatización de tierras y aguas previamente accesibles al público, lo que puede agravar las desigualdades socioeconómicas.

Por ejemplo, el proyecto Eko Atlantic en Lagos ha coincidido con inundaciones severas que han afectado principalmente a comunidades de bajos ingresos, mientras que las áreas protegidas por un muro de contención han visto aumentar los precios de las propiedades. El estudio argumenta que el crecimiento económico no debe priorizarse a expensas de la justicia social o la identidad cultural.

El estudio también destaca la necesidad de marcos regulatorios robustos. En Estados Unidos, por ejemplo, existen guías para la construcción de casas flotantes, pero no son vinculantes. La falta de regulación clara para ciudades flotantes plantea un desafío, ya que pueden tener un estatus legal ambiguo en alta mar. Se sugiere que la ONU podría reconstituir el mandato de la Organización Marítima Internacional o crear una agencia internacional para desarrollar directrices claras para estas ciudades flotantes.

Finalmente, se subraya la importancia de abordar las preocupaciones ambientales, sociales y de justicia intergeneracional. Esto incluye la creación de fondos de reparación para restaurar la biodiversidad y los ecosistemas dañados. Además, los gobiernos deben establecer leyes de zonificación, códigos de construcción y protocolos de seguridad actualizados regularmente. Los desarrolladores también deben ser obligados a incluir viviendas asequibles para grupos de bajos ingresos.


Fuente: Nature 632, 733-736 (2024), doi: https://doi.org/10.1038/d41586-024-02679-w

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