sábado, 10 enero 2026

Una marca en un hueso prueba que los gladiadores luchaban contra leones

Por primera vez, los arqueólogos han encontrado evidencia física directa de un combate entre un ser humano y un gran felino en la antigua Roma. El hallazgo proviene de un esqueleto descubierto en 2004 en Driffield Terrace, York (Reino Unido), considerado el único cementerio romano de gladiadores bien conservado del mundo.

El esqueleto pertenece a un hombre joven, de entre 26 y 35 años, y presenta marcas de mordedura en la pelvis que, tras exhaustivos análisis forenses, se han atribuido a un león. Al parecer, se trata de la primera prueba física de combates entre gladiadores y grandes felinos, un tipo de enfrentamiento hasta ahora conocido solo por textos antiguos y arte romano.

Gracias a escaneos en 3D y comparaciones con mordidas de felinos realizadas en el zoológico de Londres, los científicos confirmaron que el patrón de las heridas corresponde al de un león. Lo más revelador: las marcas se produjeron en el momento de la muerte, lo que descarta que el animal simplemente mordiera el cuerpo tiempo después de muerto.

La mordida en la pelvis también ofrece pistas sobre la escena del combate. No es una zona donde los leones suelen atacar, lo que sugiere que el gladiador estaba ya herido o incapacitado cuando fue mordido, quizás en pleno espectáculo, y fue arrastrado por el león desde la cadera.

El esqueleto se halló junto a otros dos cuerpos y restos de caballos. Estudios previos habían sugerido que se trataba de un bestiarius, el tipo de gladiador especializado en enfrentarse a fieras. Sus huesos, moldeados por músculos fuertes y marcados por lesiones en hombros y columna, delatan una vida corta, intensa y violenta.

Además de confirmar la existencia de leones y otros animales exóticos en el norte del Imperio romano, el hallazgo respalda la teoría de que York pudo tener un anfiteatro, aún no descubierto, donde se celebraban espectáculos similares a los del Coliseo.

Este descubrimiento, publicado en la revista PLOS One, no solo nos ofrece un vistazo a la brutalidad del entretenimiento romano, sino que también reconstruye, hueso a hueso, la historia de un hombre que vivió —y murió— en la arena.


Fuente: PLoS One.

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