El cadmio (Cd) es un metal de transición ubicado en el grupo 12 de la tabla periódica, junto con el zinc y el mercurio, con quienes comparte algunas propiedades químicas, aunque también presenta rasgos distintivos. Es un elemento blando, maleable, de color blanco azulado, que se oxida lentamente al aire y no reacciona con el agua, pero sí con ácidos, formando compuestos solubles.
El uso más extendido del cadmio ha sido históricamente el de n baterías recargables de níquel-cadmio (Ni-Cd), aunque su empleo ha disminuido en muchos países debido a preocupaciones ambientales y toxicológicas. También se utiliza en pigmentos, recubrimientos metálicos y como estabilizador de plásticos, si bien estos usos están cada vez más restringidos.
Lo que más diferencia al cadmio de otros elementos es su alta toxicidad biológica: incluso en cantidades pequeñas, puede acumularse en el organismo y causar daños severos a los riñones, los huesos y otros tejidos. Esto lo convierte en uno de los metales pesados más peligrosos para la salud humana y el medio ambiente. Su presencia en suelos y aguas contaminadas, a menudo por actividades industriales, representa un grave riesgo ecológico.
Así, aunque comparte con el zinc y el mercurio cierta química básica y una historia ligada a la metalurgia y a los recubrimientos, el cadmio se distingue ante todo por su toxicidad y por las implicaciones sanitarias y ambientales derivadas de ella, lo que lo ha convertido en un símbolo de la necesidad de control riguroso en el uso de elementos industriales.

