viernes, 30 enero 2026

La gripe aviar saltó a las vacas y podría pasar a otros mamíferos, nosotros incluidos

Al azar

La gripe aviar, una enfermedad que históricamente ha afectado principalmente a aves, está atravesando un momento crítico. Desde diciembre de 2023, el virus H5N1, una cepa altamente patógena, ha sorprendido a la comunidad científica al infectar vacas lecheras en Estados Unidos, con el primer brote identificado en una granja de Texas en febrero de 2024. Hasta la fecha, se han detectado vacas infectadas en más de 1000 rebaños, lo que representa un cambio alarmante en el comportamiento del virus.

Los investigadores creen que la transmisión comenzó por contacto entre aves silvestres infectadas y vacas, y desde entonces, la propagación entre vacas se ha convertido en el principal mecanismo de contagio. Esta situación ha hecho sonar las alarmas entre expertos en salud pública: cuanto más tiempo circula el virus entre mamíferos, mayor es la posibilidad de que mute y se adapte mejor al ser humano.

El riesgo no es solo la infección en humanos, sino la posibilidad de que el virus evolucione para volverse más transmisible de persona a persona.

Desde 2024, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han informado de 70 infecciones humanas por H5N1 en Estados Unidos, la mayoría en trabajadores agrícolas en contacto directo con aves o vacas infectadas. Afortunadamente, estos casos han sido leves, pero el riesgo de evolución viral continúa latente.

En paralelo, un informe reciente confirma nuevos casos humanos de H5N1 en Camboya. Esto refuerza la preocupación global por el avance del virus en distintas regiones y especies.

En cuanto a otras variantes, no se han reportado nuevos casos de H5N6 ni de H7N9 en los últimos meses. El H5N6 ha afectado a 93 personas desde 2014, en su mayoría en China continental, mientras que el H7N9, que causó 1568 casos entre 2013 y 2019, permanece inactivo desde abril de 2019.

La situación en Estados Unidos ha activado medidas de vigilancia más estrictas. Se ha comprobado que el virus se concentra especialmente en las glándulas mamarias de las vacas infectadas y en su leche, lo que permite a los laboratorios realizar pruebas moleculares para detectar el virus a partir de muestras lecheras. Las granjas ya no pueden transportar vacas lactantes entre estados sin resultados negativos de estas pruebas.

El seguimiento de la gripe aviar en mamíferos es ahora una prioridad. La colaboración entre granjas, laboratorios y autoridades sanitarias será clave para contener esta nueva fase de un virus que sigue desafiando las fronteras entre especies y amenaza con convertirse en un nuevo problema de salud pública global.

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