La retatrutida acerca la pérdida de peso a la lograda con la cirugía, pero aún plantea interrogantes

Es inyectable y hace perder casi un tercio del peso corporal en menos de dos años de tratamiento

Al azar

La lucha contra la obesidad podría estar a las puertas de un nuevo salto histórico. Un medicamento experimental denominado retatrutida, desarrollado por la farmacéutica Eli Lilly, ha conseguido que los participantes en un gran ensayo clínico perdieran, de media, el 28,3 % de su peso corporal después de 80 semanas de tratamiento. Se trata de una reducción tan importante que comienza a acercarse a los resultados obtenidos mediante algunas técnicas de cirugía bariátrica, hasta ahora consideradas el tratamiento más eficaz para la obesidad grave.

El dato resulta especialmente llamativo porque supera incluso la eficacia de los medicamentos que han revolucionado este campo en los últimos años, como la semaglutida o la tirzepatida. Mientras estos tratamientos ya suponían un avance extraordinario, la retatrutida parece elevar todavía más el listón.

Mecanismo

La explicación está en su mecanismo de acción. A diferencia de otros fármacos, que imitan a una o dos hormonas intestinales, la retatrutida actúa simultáneamente sobre tres receptores hormonales: GLP-1, GIP y glucagón. Esta combinación no solo disminuye el apetito y retrasa el vaciamiento del estómago, sino que también parece aumentar el gasto energético, lo que contribuye a una pérdida de peso aún mayor.

Los resultados del ensayo clínico han impresionado a los especialistas. Casi la mitad de los participantes que recibieron la dosis más alta perdió al menos un 30 % de su peso inicial, una cifra que hasta hace pocos años parecía inalcanzable sin recurrir a la cirugía. Además, algunos pacientes que continuaron el tratamiento durante dos años llegaron a superar ese porcentaje.

¿Es seguro?

Sin embargo, conviene evitar una conclusión precipitada: que un medicamento sea muy eficaz no significa automáticamente que sea completamente seguro. Por ejemplo, la semaglutida aumenta el riesgo de degeneración macular.

No existen por ahora evidencias suficientes para afirmar que el fármaco sea completamente seguro a largo plazo, aunque los datos disponibles son prometedores. Los ensayos de fase III muestran un perfil de efectos adversos similar al de otros agonistas de GLP-1: náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento y molestias digestivas, generalmente durante el aumento progresivo de la dosis. También se han observado pequeños incrementos de la frecuencia cardíaca. Además, algunos estudios han registrado un mayor abandono del tratamiento por efectos secundarios en comparación con placebo. En la mayoría de los casos son leves o moderados, pero no todos los pacientes los toleran igual y por eso algunos abandonan el tratamiento.

Todavía falta el seguimiento de varios años tras su comercialización para conocer posibles efectos infrecuentes o tardíos. En uno de los ensayos más recientes en pacientes con enfermedad cardiovascular apareció una señal que requiere investigación adicional, aunque los datos son aún insuficientes para extraer conclusiones firmes. La propia compañía prevé solicitar la aprobación regulatoria en 2027, lo que indica que el proceso de evaluación aún no ha concluido.

Existen además algunas incógnitas importantes. La retatrutida sigue siendo un medicamento experimental y aún no ha recibido la autorización de las principales agencias reguladoras. Los ensayos clínicos permiten evaluar miles de pacientes durante uno o dos años, pero no pueden detectar con facilidad efectos adversos muy infrecuentes ni conocer qué sucede tras cinco o diez años de uso continuado. Precisamente por eso, todos los nuevos medicamentos pasan después por una fase de vigilancia una vez comienzan a utilizarse de forma masiva.

Algunos de los estudios más recientes han detectado señales que merecen un seguimiento cuidadoso, especialmente en pacientes con enfermedad cardiovascular previa. Los investigadores insisten en que estos datos todavía son preliminares y que será necesario completar el análisis antes de saber si representan un riesgo real o simplemente una fluctuación estadística.

Si finalmente confirma tanto su eficacia como su seguridad, la retatrutida podría transformar el tratamiento de la obesidad. No solo ayudaría a perder peso, sino que también podría reducir complicaciones asociadas, como la diabetes tipo 2, la apnea del sueño, la artrosis o algunas enfermedades cardiovasculares, aspectos que se están evaluando en ensayos específicos.

La historia de la medicina demuestra, sin embargo, que los avances más espectaculares deben ir acompañados de prudencia científica. La retatrutida representa probablemente uno de los desarrollos más prometedores en décadas para combatir la obesidad, pero todavía no puede calificarse como un fármaco plenamente seguro. Para responder a esa pregunta será necesario esperar a que concluyan las evaluaciones regulatorias y, sobre todo, a la experiencia acumulada cuando millones de personas la utilicen fuera del entorno controlado de los ensayos clínicos.


Fuentes: Eli Lilly and Company, PubMed Central (PMC), Reuters.

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