Crean chaleco contra la tormenta solar para proteger a los astronautas de la radiación

Al azar

Viajar a la Luna no solo significa enfrentarse al vacío, a las temperaturas extremas o a la ausencia de gravedad. Hay un enemigo invisible mucho más difícil de combatir: la radiación espacial. Un estudio publicado en Science Advances demuestra que una prenda diseñada para proteger determinados órganos puede reducir de forma considerable la dosis de radiación recibida por un astronauta durante una tormenta solar.

La investigación analiza los resultados del experimento realizado durante Artemis I, la misión no tripulada que rodeó la Luna en 2022. Aunque en aquella misión no viajaron astronautas, sí lo hicieron dos maniquíes antropomórficos, bautizados como Zohar y Helga, especialmente instrumentados para medir la radiación que habría recibido una persona.

La diferencia fundamental entre ambos era que Zohar llevaba un chaleco AstroRad de unos 26 kilogramos, mientras que Helga no llevaba esta protección. El chaleco, desarrollado por StemRad y Lockheed Martin, está fabricado principalmente con polietileno de alta densidad y no pretende blindar todo el cuerpo por igual. Su diseño concentra el material protector alrededor de algunos de los órganos y tejidos más sensibles: médula ósea, pulmones, aparato gastrointestinal, mamas y ovarios.

¿Por qué resulta tan importante proteger precisamente esas zonas? Porque durante una misión lunar o interplanetaria los astronautas pueden quedar expuestos a eventos de partículas solares, episodios en los que el Sol lanza grandes cantidades de partículas energéticas, sobre todo protones, al espacio. En la Tierra estamos protegidos en buena medida por la atmósfera y el campo magnético, pero esa defensa desaparece parcialmente al abandonar nuestro planeta.

Durante sus 25 días de la misión Artemis I no se produjo una gran tormenta solar. Sin embargo, los sensores de Zohar y Helga registraron la radiación existente al atravesar los cinturones de Van Allen. A partir de esos datos, los investigadores pudieron calcular cómo habría funcionado el chaleco durante tormentas solares históricas especialmente intensas.

Los resultados son llamativos. Para un episodio comparable al ocurrido en agosto de 1972, el chaleco habría reducido la dosis estimada de unos 222 milisieverts a 87,5 milisieverts, aproximadamente un 60 % menos de radiación. Para un acontecimiento como el de octubre de 1989, la reducción calculada fue cercana al 40 %.

Esto no significa que un astronauta pueda ignorar una tormenta solar simplemente poniéndose el chaleco. No es un escudo absoluto ni sustituye a un refugio especialmente protegido. Su interés reside en que proporciona una capa adicional de seguridad y podría resultar especialmente valioso en una emergencia en la que un astronauta tuviera que abandonar temporalmente el refugio para realizar una tarea imprescindible.

Además, el concepto plantea una cuestión fundamental para las futuras misiones a la Luna y, sobre todo, a Marte: es mucho más eficiente proteger selectivamente el cuerpo que intentar aumentar enormemente el blindaje de toda una nave. Un traje o chaleco personal permite concentrar masa en las regiones donde puede aportar mayor beneficio.

Los investigadores trabajan ahora en versiones más ligeras y modulares, capaces de adaptarse a distintos astronautas. El objetivo es reducir la masa que debe lanzarse desde la Tierra sin perder capacidad de protección.

La idea recuerda que la exploración espacial del futuro no dependerá únicamente de grandes naves y potentes cohetes. También necesitará materiales inteligentes y soluciones muy concretas para proteger el cuerpo humano. Un sencillo chaleco, probado primero sobre un maniquí que viajó hasta las proximidades de la Luna, podría acabar convirtiéndose en una pieza importante del equipo de los primeros seres humanos que vivan y trabajen lejos de la protección natural de la Tierra.


Referencia

  • Jordan M. Houri et al.: First evaluation of wearable radiation protection for human deep space exploration, as flown on Artemis I.Sci. Adv.12,eadz1892(2026).DOI:10.1126/sciadv.adz1892.

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