Un supercentenario, es decir, alguien que ha superado los 110 años, no solo ha vivido mucho: suele haber esquivado también las enfermedades típicas de la vejez, como el cáncer, la demencia o los problemas cardiovasculares. ¿Cuál es su secreto? Un nuevo estudio publicado en Cell Reports apunta a una posible pieza del rompecabezas: su sistema inmunitario parece conservar, incluso a edades extremas, una notable capacidad de adaptación.
Un tipo de célula poco común
El trabajo, liderado por el biólogo Kosuke Hashimoto, de la Universidad de Osaka (Japón), profundiza en un hallazgo que su equipo ya había descrito en 2019: los supercentenarios tienen cantidades inusualmente altas de un tipo raro de linfocito T, los llamados linfocitos T citotóxicos CD4 (LTC CD4). Se trata de células capaces de destruir a otras células, y aunque normalmente representan menos del 5 % del total de linfocitos T del organismo, hay indicios de que pueden eliminar células cancerosas, incluidas las de pulmón y el melanoma.
Para averiguar a qué edad empiezan a proliferar estas células, los investigadores reclutaron a 28 participantes: ocho personas de entre 70 y 90 años, diez centenarios (100-109 años) y diez supercentenarios. Los resultados mostraron una progresión llamativa: mientras que en el grupo más joven los LTC CD4 suponían en torno al 4 % de los linfocitos T, esa proporción subía a cerca del 10 % en los centenarios y a alrededor del 18 % en los supercentenarios.
Señales de una respuesta dirigida
Cada linfocito T fabrica un receptor único que le permite reconocer una amenaza concreta. Cuando encuentra su objetivo, se multiplica generando copias idénticas de sí mismo especializadas en atacarlo. Los investigadores observaron que, en los centenarios y supercentenarios del estudio, unas pocas líneas de células clonadas dominaban la población de LTC CD4: en el caso de un centenario, más de la mitad de estas células eran copias idénticas entre sí. Esto sugiere que el sistema inmunitario de estas personas no solo tiene más células de este tipo, sino que las está movilizando de forma activa contra algún estímulo persistente.
Como las células se analizaron en sangre, el equipo no pudo determinar en qué tejidos actúan ni qué función cumplen exactamente allí. Para obtener alguna pista, compararon las secuencias de los receptores de las líneas celulares más comunes con una base de datos de receptores procedentes de pacientes con cáncer. Alrededor de treinta secuencias del estudio coincidieron con las de personas que habían tenido cáncer —sobre todo de pulmón—, pese a que ninguno de los participantes había padecido la enfermedad. Esto podría indicar que estas células vigilan y responden a amenazas tumorales incipientes antes de que lleguen a desarrollarse.
Cautela ante los resultados
Los propios autores insisten en que estos hallazgos son, por ahora, correlativos: no está demostrado que la abundancia de LTC CD4 sea la causa de la longevidad excepcional de los supercentenarios, ni se sabe con certeza qué función cumplen realmente estas células en su organismo. Como recuerda Hashimoto, buena parte de la investigación sobre el envejecimiento del sistema inmunitario se ha centrado tradicionalmente en su deterioro; este estudio, en cambio, sugiere que incluso a edades extremas el sistema inmunitario conserva cierta capacidad de adaptación selectiva.
Aparte de esto, no se sabe si la proporción de LTC CD4 aumenta con la edad o los supercentenarios lo son precisamente por tener muchos LTC CD4 durante toda su vida. Porque se trata de un estudio transversal, no longitudinal: los investigadores no siguieron a las mismas personas a lo largo de décadas viendo cómo evolucionaban sus CD4 CTL con la edad. Lo que hicieron fue comparar tres grupos de personas distintas en un mismo momento: un grupo de 70-90 años, otro de centenarios y otro de supercentenarios. Es una «fotografía» de tres poblaciones diferentes, no una «película» del envejecimiento de los mismos individuos.
Esto significa que, con los datos disponibles, son compatibles dos hipótesis:
- Hipótesis del aumento con la edad. Cualquier persona, al superar los 100 años, empieza a acumular más LTC CD4 como parte del proceso de envejecimiento inmunitario (quizá por exposición acumulada a virus, células tumorales incipientes, etc.). En ese caso, la abundancia de estas células sería más bien un marcador o consecuencia del paso del tiempo, y el papel de una posible variable de confusión (por ejemplo, algún factor genético o fisiológico que promoviera a la vez la longevidad y la respuesta inmunitaria) sería plausible.
- Hipótesis del rasgo previo. Las personas que están «destinadas» a llegar a supercentenarias ya tendrían, desde jóvenes, una mayor propensión a generar estas células, y eso —vía vigilancia más eficaz frente al cáncer— contribuiría causalmente a que vivan más. Aquí sí habría una relación causal más directa.
El propio equipo de Hashimoto es consciente de esta limitación: en el artículo se subraya explícitamente que la relación es, por ahora, una correlación, y que no está demostrado que estas células sean la causa de la longevidad ni se sabe con precisión qué función cumplen. Para distinguir entre ambos escenarios haría falta un diseño longitudinal (seguir a las mismas personas desde la mediana edad hasta edades muy avanzadas) o, alternativamente, estudios genéticos o funcionales que muestren si la capacidad de generar estas células está ya determinada tempranamente en quienes acaban siendo longevos. Es exactamente el tipo de investigación de seguimiento que cabría esperar como continuación de este hallazgo.
Estudiar a los supercentenarios no es tarea fácil, pero Japón es el lugar ideal por su gran población y altísima esperanza de vida (la más alta del mundo sin contar la de algunos microestados). En Japón viven unas 150 personas de 110 años o más. Además, bate récords en la categoría inmediatamente inferior: solo en 2025 alcanzó unos 100 000 centenarios (de 100 años o más), la cifra más alta jamás registrada en el país y probablemente la más alta del mundo en términos absolutos.
En cualquier caso, cada nuevo estudio sobre este grupo tan singular aporta pistas valiosas sobre los mecanismos que podrían ayudar a que más personas envejezcan con mejor salud.
Fuente: Bourzac, K. (2026). How do people live beyond 110? Abundance of cancer-killing cells might be key. Nature, 19 de agosto de 2026. https://www.nature.com/articles/d41586-026-02587-1

