Una grabación realizada en Australia aporta una de las evidencias más llamativas de aprendizaje social entre delfines: una cría parece que observó a su madre mientras esta utilizaba una gran concha marina para atrapar a un pez y, poco después, intentó hacer lo mismo.
Los delfines son célebres por su inteligencia y por su capacidad para aprender unos de otros. Pero pocas escenas resultan tan sugerentes como la registrada recientemente en aguas de Australia: una hembra de delfín mular del Indo-Pacífico (Tursiops aduncus) utiliza una concha vacía como una especie de recipiente para capturar un pez, mientras su cría observa atentamente.
Esta técnica de pescar con conchas no es nueva para los científicos. Lo extraordinario de las nuevas imágenes es que permiten contemplar una posible transmisión del comportamiento de madre a cría, casi como una pequeña clase práctica de pesca.
Una concha convertida en herramienta
El procedimiento parece sencillo, pero requiere una considerable coordinación. El delfín consigue que un pez quede atrapado dentro de una gran concha de gasterópodo marino vacía. Después, la transporta con el hocico hasta la superficie. Allí levanta y sacude la concha de manera que el agua y el pez salgan de ella y el delfín pueda tragarse a la presa. Es, en definitiva, una forma de utilizar un objeto del entorno como herramienta para obtener alimento.
La observación reciente tuvo lugar en la bahía de Hervey, en Australia, y fue realizada en 2025. Los investigadores consiguieron registrar en vídeo varios episodios de este tipo de pesca. En uno de ellos aparece una hembra adulta que emerge con una concha que contiene un pez. Pocos minutos después, su cría levanta la misma concha, un detalle que resulta especialmente revelador. La secuencia sugiere que el pequeño delfín podría estar aprendiendo la técnica mediante la observación de su madre.
La cautela es importante: los investigadores no pueden afirmar que hayan observado una «enseñanza» deliberada en el sentido humano. Lo que tienen es una evidencia particularmente sugestiva de aprendizaje social. La cría pudo haber observado la conducta de la madre y tratar de reproducirla.

Una cultura que pasa de un delfín a otro
El descubrimiento adquiere todavía más interés porque esta técnica de pesca ya había sido estudiada en otra población de delfines mulares del Indo-Pacífico, en la bahía de Shark Bay, en Australia occidental.
Un estudio publicado en Current Biology en 2020 analizó miles de encuentros con delfines y llegó a una conclusión sorprendente: la técnica se propagaba principalmente mediante aprendizaje social entre individuos que se relacionaban entre sí, y no exclusivamente de madres a crías. Los investigadores pudieron distinguir la influencia de factores genéticos y ambientales y encontraron evidencias de transmisión «no vertical», es decir, fuera de la relación madre-descendiente.
Esto encaja con una idea cada vez más aceptada en el estudio del comportamiento animal: algunos animales poseen tradiciones que se transmiten socialmente y que pueden considerarse formas elementales de cultura.
Los delfines ofrecen algunos de los ejemplos más espectaculares. En Shark Bay, por ejemplo, ciertas hembras utilizan esponjas marinas colocadas sobre el hocico para explorar el fondo y localizar presas. Esta conducta se transmite fundamentalmente de madres a sus descendientes y ha sido considerada un caso de cultura material en un mamífero marino.
Mucho más que una curiosidad
La escena de la madre y su cría resulta fascinante porque sitúa la inteligencia de los delfines en un terreno que nos resulta extraordinariamente familiar: observar, recordar y reproducir una conducta útil aprendida de otro individuo.
No sabemos todavía hasta qué punto la madre estaba realmente «enseñando» a su cría. Pero sí sabemos que los delfines pueden adquirir técnicas complejas de alimentación mediante observación y que esas técnicas pueden convertirse en tradiciones compartidas por una comunidad.
Quizá la lección más interesante de esta historia no sea que los delfines saben utilizar una concha. Es que, al hacerlo, el conocimiento puede pasar de una generación a otra sin estar escrito en los genes. Y esa capacidad de conservar y transmitir innovaciones —una pequeña tradición tecnológica bajo el agua— acerca de manera inesperada a estos cetáceos a uno de los rasgos que consideramos más característicos de nuestra propia especie.
Fuente: Earth.com.

