La vacuna contra la gripe podría algún día dejar de necesitar una actualización anual. Investigadores de la Universidad de Michigan han desarrollado una estrategia que combina levadura de panadería modificada genéticamente y unas estructuras conocidas como partículas similares a virus. En experimentos con ratones, el sistema ha protegido frente a varias cepas de gripe. Pero conviene poner la noticia en su sitio: por ahora no es una vacuna preparada para probarse en personas, sino un prometedor resultado preclínico.
El problema que los investigadores intentan resolver es bien conocido. Las vacunas estacionales contra la gripe se diseñan fundamentalmente alrededor de proteínas de la superficie del virus, especialmente la hemaglutinina. El inconveniente es que estas proteínas cambian con relativa facilidad. Por eso cada temporada es necesario decidir qué variantes incluir en la vacuna del año siguiente.
El equipo de Michigan ha seguido otro camino. En lugar de concentrarse en la hemaglutinina, ha elegido como objetivo la proteína M2, mucho más conservada entre distintas cepas de gripe A. M2 participa en procesos esenciales para que el virus pueda multiplicarse y, según los investigadores, ha cambiado relativamente poco a lo largo del último siglo. La hipótesis es sencilla: si el blanco de la vacuna cambia menos, las defensas que genera podrían reconocer muchos virus diferentes.
Para presentar M2 al sistema inmunitario, los científicos han utilizado partículas similares a virus. Se parecen en tamaño y estructura a un virus, pero carecen de material genético y, por tanto, no pueden provocar una infección. La particularidad del nuevo procedimiento consiste en fabricarlas utilizando Saccharomyces cerevisiae, la misma especie de levadura que se emplea en la elaboración del pan y la cerveza. La levadura modificada produce grandes cantidades de M2, que acaba incorporándose a estas partículas.
Lo que demuestra el experimento
Los investigadores vacunaron a 18 ratones con las partículas de M2. Los animales produjeron anticuerpos capaces de reconocer M2 procedente de cinco cepas de gripe. Después fueron expuestos a tres cepas distintas y, según los resultados presentados, los ratones vacunados quedaron protegidos frente a la infección. Es un resultado llamativo: demuestra que una vacuna basada en una proteína relativamente conservada puede proporcionar protección que trasciende a una única cepa.
Pero aquí termina, por ahora, lo que se puede afirmar con seguridad. No se ha probado en seres humanos. No existe todavía un ensayo clínico. No se sabe cuánto durará la inmunidad. Tampoco se ha demostrado que proteja frente a todos los tipos de gripe ni que pueda sustituir a las vacunas estacionales. Los propios investigadores señalan que antes de llegar a los ensayos humanos tendrán que estudiar, entre otras cosas, la duración de la protección en los ratones. Por otro lado, estamos ante resultados comunicados en un congreso científico, no ante una vacuna que haya completado las fases de desarrollo clínico.
Vacunas universales
Eso no significa que la idea sea puramente especulativa. La investigación de vacunas universales contra la gripe es un campo activo: la OMS contabilizaba en febrero de 2026 46 vacunas de nueva generación contra la gripe en desarrollo clínico, utilizando plataformas muy diferentes. Algunas ya han llegado a ensayos en humanos.
Por tanto, la levadura de Michigan no representa «la vacuna universal contra la gripe» que ya tenemos al alcance de la mano. Representa algo más modesto y, científicamente, quizá más interesante: una nueva demostración de que es posible diseñar vacunas contra una parte relativamente estable del virus y conseguir protección amplia en animales.
El siguiente salto —de 18 ratones a seres humanos— será mucho más difícil. Y será entonces cuando habrá que comprobar si esta prometedora idea puede convertirse realmente en una vacuna que nos libre de la cita anual con la gripe.
Fuente: American Chemical Society.

