El nombre del conocido fenómeno climático El Niño se originó en Perú en el siglo XIX

Al azar

El nombre de El Niño tiene un origen mucho más modesto y local que el fenómeno climático al que hoy se refiere. Nació en las costas del norte de Perú, entre los pescadores y marinos que conocían por experiencia los cambios periódicos del mar mucho antes de que la ciencia comprendiera sus causas.

Frente a las costas peruanas predominan normalmente las aguas frías de la corriente de Humboldt, extraordinariamente ricas en nutrientes y, por ello, fundamentales para la pesca. Pero hacia el final del año los habitantes de la costa norte observaban la llegada desde el norte de aguas más cálidas, que alteraban las condiciones habituales del mar y modificaban la composición de las capturas. Aquella corriente costera aparecía alrededor de las fiestas de Navidad.

La asociación resultaba natural en una sociedad de tradición católica: la llegada de aquellas aguas cálidas coincidía con la celebración del nacimiento de Jesús, el Niño. Los marinos de la zona de Paita llamaron por ello a aquella corriente «El Niño», o «corriente de El Niño». Una explicación recogida posteriormente señala precisamente que era especialmente perceptible después de Navidad.

El término no nació, por tanto, para designar inicialmente un fenómeno climático mundial. Su entrada en la literatura científica se produjo a finales del siglo XIX. En 1892, la Sociedad Geográfica de Lima publicó observaciones sobre una contracorriente cálida entre Paita y Pacasmayo y dejó constancia del nombre que utilizaban los marinos locales. Camilo N. Carrillo figura entre quienes documentaron entonces estas observaciones.

Con el desarrollo de la oceanografía y la climatología durante el siglo XX, los científicos descubrieron que algunos de estos episodios de calentamiento no eran simplemente una corriente costera estacional. Formaban parte de una compleja interacción entre el océano y la atmósfera que afecta a buena parte del Pacífico tropical y puede provocar alteraciones meteorológicas en regiones muy alejadas. Así, el antiguo nombre local terminó designando la fase cálida del fenómeno El Niño – Oscilación del Sur (ENOS).

La historia del nombre es, en cierto modo, un buen ejemplo de cómo la ciencia puede apropiarse de una expresión nacida de la observación cotidiana. El Niño no recibió su nombre porque el fenómeno climático mundial ocurra cada Navidad. Lo recibió porque una corriente cálida que los pescadores observaban en la costa peruana solía aparecer alrededor de esas fechas y fue asociada al Niño Jesús.

Y «La Niña», aunque hoy se emplea para la fase fría de ENOS, es una denominación científica posterior, creada como contrapartida de El Niño; no nació simultáneamente con el nombre original.

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