Silicona y cirugía estética facial

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“Incienso, cera, aceite de oliva fresco y juncia.
Aplasta, machaca dentro de leche fresca
y aplica sobre el rostro durante seis días”.
(Papiro Ebers, en tiempos de Amenofis I)

Fernando J. Pasquarelli »

El afán de perfeccionar y preservar la belleza dentro de los cánones estipulados por la sociedad actual no es más que la evolución a través de la historia de lo que se ha considerado hermoso. Aunque la coquetería se asocia al sexo femenino, no se debe dejar fuera esa búsqueda de la perfección estética del sexo contrario que ha llegado a influenciar y revolucionar a sociedades enteras.

Retrocediendo en el tiempo se puede llegar hasta el imperio de las grandes pirámides: Egipto, donde hay registros en el Papiro Ebers que explican los primeros trasplantes de tejidos orgánicos en seres humanos. Nadie se imaginaría en aquellos tiempos que siglos después sus técnicas serían perfeccionadas hasta llegar a la medicina actual. Tanto mujeres como hombres se maquillaban, depilaban y usaban diversos tipos de ungüentos para mantener su piel fresca. Por otro lado, los chinos que no toleraban tener la piel tostada por el sol y hacían lo imposible por mantener sus rostros tan blancos como el algodón, fueron pioneros en la experimentación y cirugías. Es importante destacar que las familias más poderosas contaban con cirujanos y personas que, sin ser lo que hoy se conoce como químicos, ya manejaban elementos, compuestos y hacían experimentos con el fin de alcanzar la eterna juventud.

En la Francia de los siglos XIV-XVII era conocido el maquillaje como la máxima expresión de la elegancia, sin importar cuán recargado fuera; cuanto más opulento o pomposo, más aceptado ya que era signo inequívoco de riqueza y poder. Hoy día es impensable salir a la calle maquillado como María Antonieta o Luis XVI solo para departir con amigos o quizás ir al cine sin pasar desapercibido.

Entrados en el siglo XX nuestra sociedad ha sido testigo de los grandes avances en cuanto a estética facial se refiere gracias a las pruebas de ensayo-error tal y como se puede observar en las siguientes imágenes.

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En los años 20 se tenía la creencia que colocando una máscara caliente que no permitiera la suficiente oxigenación del rostro lograría como resultado final un cutis rosado y terso durante mucho tiempo (imagen 2). La imagen 3 data de los años 40 y demuestra cómo con una especie de escafandra se pretendía bajar la presión atmosférica en la cabeza con el propósito de llegar a una piel suave y juvenil, aunque la persona que la usara acabara desmayada.

Ya en los años 60 del siglo XX llega la revolución de las cremas y productos que prometen un rejuvenecimiento sin precedentes solo con una o dos aplicaciones al día durante varias semanas. No obstante, a finales de esta década se comenzaron a realizar de manera más abierta las cirugías estético faciales que derivarían en lo que hoy día se conoce como procesos reconstructivos completos, retoques, refrescamientos o liftings, dermoabrasiones químicas, etc.

Llegados a este punto, se puede mirar atrás en el tiempo e imaginar cómo ha evolucionado el mundo de la estética desde los ungüentos egipcios hasta nuestros días, cuando existen infinidad de soluciones para alcanzar lo anhelado. Estas soluciones abarcan desde un simple maquillaje corrector hasta las dolorosas inyecciones de sustancias que a simple vista podrían pasar por milagrosas cuando en realidad pueden convertirse en la pesadilla de quien las utilice, como es el caso de los biopolímeros sintéticos.

Siliconas

Las siliconas se ofrecen en el mercado como la solución a diversos problemas tales como: busto caído, glúteos planos, pómulos hundidos o ausencia de labios. Pero, ¿qué son estos polímeros de aplicación biológica?, ¿cómo se utilizan en la cirugía estético facial?, ¿cuáles son sus ventajas y desventajas?

Estos polímeros son sustancias de origen sintético, inertes, estables e incoloras (ideal para las cirugías), creadas en laboratorio, no absorbibles por el cuerpo humano y con una consistencia gelatinosa densa que puede presentarse ante el paciente en forma de cápsulas o prótesis en función del lugar donde se deseen colocar o en forma líquida lista para su aplicación en inyecciones. Son polímeros organosiliconados, hidrófobos, resistentes a las altas temperaturas, que contienen cadenas alternadas de oxígeno y silicio con grupos sustituyentes R que pueden ser metilos o fenilos unidos al silicio.

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Ahora bien, respondiendo a las preguntas anteriores se puede llegar a conocer un poco más el producto del que se está hablando, de qué se trata en realidad y cómo puede afectar o favorecer su uso, recomendando siempre consultar a médicos expertos y nunca acudir a sitios de dudosa reputación.

  • Nombre correcto: para la silicona es polisiloxano, refiriéndose originalmente al polidifenilsiloxano Ph2SiO (imagen 4), descubierto por el químico inglés Kipping a principios del siglo XX.
  • Ventajas en su utilización: es capaz de resistir condiciones extremas de temperatura (entre -55 ˚C y 255 ˚C), lo que le confiere la característica de ideal para su uso quirúrgico. No conduce la electricidad, se deforma muy poco y además alcanza una vida útil muy prolongada.
  • Desventajas en su utilización: no apto para su uso en cirugías estéticas como producto de relleno mediante inyecciones directas, es decir, el producto puede usarse como prótesis pero no como líquido inyectable de forma directa. Su inadecuado uso provoca graves efectos secundarios.
  • Efectos secundarios: una vez aplicado de manera incorrecta (como relleno) comienza una deformación en la región que se puede notar a simple vista (imagen 5), enrojecimiento, inflamación, formación de granos, subidas y bajadas de temperatura casi a diario y dolores generalizados. Quienes se someten a este tipo de rellenos es muy probable que no se curen y sufran efectos secundarios el resto de su vida.
  • Tratamiento paliativo: lo más recomendable es colocar frío en la zona afectada en caso de detectar gran subida de temperatura, pero se aconseja su extracción en casos graves.
  • ¿Cómo se elimina? El único método utilizado es el quirúrgico. Una técnica es el raspado de la zona afectada, es decir, se levanta la piel y se raspa por completo. No se garantiza una extracción del 100 % y las cicatrices pueden generar grandes traumas posteriormente ya que son visibles. Otra técnica es menos invasiva y consiste en la aplicación de láser con el que se busca romper los gránulos de silicona como los que se muestran en la figura 6 para posteriormente absorberlos mediante una cánula. Si extracción tampoco es del 100%.

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En la cirugía estético facial se ha llegado a utilizar la silicona como producto de relleno infiltrándola bajo la piel o zona que se desee abultar. El ejemplo más sencillo es el de los labios, que pueden llegar a tener tamaños de cualquier tipo en función de lo que él o la paciente deseara.

La única ventaja que a simple vista puede ofrecer el uso de este producto es en la cirugía de aumento de busto siempre y cuando se tenga la garantía de que la prótesis está bien encapsulada y no se va a reventar; caso contrario sería muy complicada y dolorosa su extracción debido a su consistencia, llegando a provocar infecciones e incluso la muerte de la paciente.

Ante al grave aumento de pacientes con problemas causados debido al uso indiscriminado de biopolímeros, la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense junto a las autoridades sanitarias de la UE han decidido prohibir el uso y la comercialización con fines estéticos de esta sustancia dentro de sus territorios. Aunque se debe estar alerta, ya que hay quienes utilizan el nombre de la química y medicina para vender algo que no existe.

“Lo que es bello es amado, lo que no es bello no es amado”.
(Teognis, siglo VI AC)


Fuentes

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