sábado, 10 enero 2026

Meterse en agua fría tiene beneficios en general, aunque algún riesgo

Sumergirse en agua fría, desde duchas frías hasta baños de hielo, se ha vuelto una práctica cada vez más popular entre deportistas y entusiastas del bienestar. Se dice que mejora la recuperación, la salud y la calidad de vida, pero ¿qué dice la ciencia al respecto?

Un estudio reciente de la Universidad de Australia del Sur, publicado en PLOS ONE, es la revisión más completa hasta la fecha sobre los efectos de la inmersión en agua fría en la salud y el bienestar. Analizando datos de 11 estudios con 3177 participantes, los investigadores encontraron que esta práctica puede reducir el estrés, mejorar la calidad del sueño y aumentar la percepción de bienestar, aunque estos efectos son temporales.

El impacto de la inmersión en agua fría es dependiente del tiempo y varía según el contexto. Por ejemplo, los niveles de estrés pueden reducirse tras la exposición al agua fría, pero solo por unas 12 horas. También se observó que quienes tomaban duchas frías de 20, 60 o 90 segundos reportaban una leve mejora en su calidad de vida, pero estos efectos desaparecían tras tres meses.

Uno de los hallazgos más interesantes fue que los participantes que tomaban duchas frías regularmente tenían un 29 % menos de ausencias por enfermedad, lo que sugiere un posible beneficio inmunológico. Sin embargo, los investigadores advierten que no encontraron suficiente evidencia para afirmar que esta práctica mejora la inmunidad o el estado de ánimo de manera significativa. Además, no se debe confundir la causa con los efectos: quizá las personas saludables son las que más apetecen tomar duchas frías.

En cuanto al sueño, hubo algunas mejoras, pero los datos disponibles solo incluían participantes masculinos, lo que limita su aplicabilidad a la población general.

El estudio también examinó el impacto fisiológico de la inmersión en agua fría, que implica sumergir el cuerpo parcial o completamente en agua a temperaturas entre 10 y 15 °C durante al menos 30 segundos. Esto incluye duchas frías, baños de hielo y zambullidas en agua helada.

Inflamación

El estudio concluye que la exposición al agua fría genera un aumento temporal en la inflamación. Esto puede parecer contradictorio, ya que los atletas utilizan baños de hielo precisamente para reducir la inflamación y el dolor muscular. Sin embargo, el aumento inicial de la inflamación es una respuesta natural del cuerpo al frío como factor estresante, lo que ayuda a la adaptación y recuperación, similar al proceso de fortalecimiento muscular tras el ejercicio.

Dado este efecto, las personas con problemas de salud preexistentes deben ser cautelosas, ya que el aumento inicial de la inflamación podría ser perjudicial para su bienestar.

En conclusión, aunque la inmersión en agua fría ofrece algunos beneficios temporales, como la reducción del estrés y la posible disminución de enfermedades, sus efectos varían y dependen del contexto. La falta de investigaciones a largo plazo impide establecer recomendaciones definitivas sobre su eficacia y seguridad para diferentes grupos de personas. Por lo tanto, quienes deseen probar esta práctica deben hacerlo con precaución y conocer sus propios límites.

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