sábado, 10 enero 2026

Consejos para mantener el hogar fresco durante una ola de calor

Últimamente, millones de personas sufren periódicamente en todo el mundo temperaturas y niveles de humedad récord, lo que lleva a un aumento en el uso del aire refrigerado doméstico. Pero no todos pueden acceder a él, y quienes lo usan deben hacerlo con eficiencia. Afortunadamente, existen medidas sencillas y económicas para mantener el hogar más fresco, incluso sin aire refrigerado.

Cada persona es diferente

Lo primero es entender que no todos toleramos el calor de la misma manera. Algunas personas, como los bebés, los ancianos o quienes toman ciertos medicamentos, son más vulnerables a las altas temperaturas. Además, la aclimatación influye: lo que resulta insoportable para alguien en Cantabria puede ser cotidiano para otro en Andalucía. Conocer las necesidades de los habitantes de tu hogar es clave para tomar decisiones efectivas.

Aire refrigerado: eficiencia ante todo

El aire refrigerado es la forma más efectiva de mantenerse fresco, pero debe usarse bien. Revisarlo con frecuencia y cambiar el filtro cada tres meses asegura que funcione sin gastar energía de más. Un filtro sucio obstruye el paso del aire y fuerza al sistema a trabajar más, lo que aumenta el consumo y disminuye la efectividad. Además, el peor momento para que se averíe es en plena ola de calor, cuando los técnicos están más demandados.

Un dilema común es si dejarlo encendido o no al salir de casa. Si buscas comodidad, conviene dejarlo funcionando a una temperatura más alta y bajarla al regresar. Si tienes un termostato programable, puedes activarlo para que comience a enfriar media hora antes de tu llegada. Si tu prioridad es ahorrar, apagarlo durante el día puede consumir un poco menos de energía, aunque la diferencia no es muy grande.

Ventanas: aliadas o enemigas

La luz solar aporta alegría… pero también calor. Durante una ola de calor, lo mejor es bloquear el ingreso de luz con cortinas, persianas o incluso papel aluminio en el exterior de la ventana, mejor aún si va acompañado de cartón como aislante. Esto impide que la luz caliente el vidrio y se irradie al interior.

Además, conviene sellar bien las ventanas y cualquier rendija por donde pueda escaparse el aire fresco. Para quienes sean propietarios, una buena aislación térmica en el techo, paredes y suelo ayuda a mantener el interior más fresco en verano (y más cálido en invierno).

Por otra parte, es elemental abrir todas las ventanas de noche y cerrarlas de día.

Ventiladores: más útiles de lo que crees

Aunque no enfrían el aire, los ventiladores hacen que nos sintamos más frescos al acelerar la evaporación del sudor. Si tienes ventiladores de techo, asegúrate de que giren en sentido antihorario en verano, creando una corriente descendente. También puedes usar ventiladores en las ventanas por la mañana, cuando el aire es más fresco: uno que sople hacia dentro por una ventana al norte y otro hacia fuera por una al sur ayuda a renovar el aire interior. Eso sí, no lo hagas cuando la temperatura exterior ya es muy alta.

Electrodomésticos: enemigos silenciosos

Muchos aparatos generan calor. Durante el día, evita usar el horno, la plancha, la secadora o el lavavajillas. Mejor hacerlo por la noche, cuando hace menos calor y la tarifa eléctrica suele ser más baja. Para cocinar, prefiere el microondas o un tostador.

Incluso la iluminación puede influir. Las luces LED generan menos calor que las incandescentes. “Son los pequeños detalles los que marcan la diferencia”, señala Jami Seymore, de Energy Trust of Oregon.

En resumen

Combatir el calor extremo no requiere grandes inversiones. Conociendo las necesidades de tu hogar y aplicando algunos consejos prácticos —uso inteligente del aire refrigerado, bloqueo de luz solar, ventilación estratégica y reducción del calor generado dentro de casa— es posible mantenerse fresco, cuidar el planeta y ahorrar dinero al mismo tiempo.

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