Desde el espacio, la isla de Fogo, parte del archipiélago de Cabo Verde, aparece como una joya volcánica flotando en el océano Atlántico. La imagen capturada por el satélite Copérnico Centinela-2 el 24 de febrero de 2025 ofrece una vista impresionante de su relieve accidentado, donde las cicatrices de antiguas erupciones aún marcan el terreno. En el centro de la isla se impone el Pico do Fogo, el punto más alto del país con casi 2830 metros de altitud.
Este volcán activo domina no solo el paisaje físico, sino también la vida cultural y económica de la isla. Su última erupción, en 2014, dejó huellas visibles desde el espacio: oscuros ríos de lava solidificada que se extienden desde el cráter hacia las laderas. A pesar del peligro que representa, la vida humana ha encontrado una manera de coexistir con este gigante geológico.
En el corazón del volcán yace la Chã das Caldeiras, una caldera colapsada de unos 8 kilómetros de diámetro. Esta depresión, formada por antiguas erupciones explosivas, es el hogar de una pequeña aldea que persiste a pesar de la amenaza constante. Sus habitantes cultivan vides y café en suelos volcánicos muy fértiles y han desarrollado una fuerte identidad ligada al volcán.
Hacia el suroeste de la isla, sobre un acantilado de 100 metros de altura, se encuentra la capital de Fogo, São Filipe. Esta ciudad colonial, con vistas a una playa de arena negra, destaca por su arquitectura de influencia portuguesa y su entorno escénico. Desde allí, la inmensidad del Atlántico y la presencia constante del volcán ofrecen un paisaje tan bello como imponente.
La imagen del Centinela-2 evoca la relación entre los humanos y los entornos extremos. Fogo es un ejemplo de cómo una comunidad puede adaptarse a condiciones volcánicas, transformando la amenaza en oportunidad. Los suelos enriquecidos por la lava permiten cultivos únicos, y el propio volcán se ha convertido en un atractivo turístico para senderistas y amantes de la geología.
Más allá de su belleza, esta imagen representa un registro vital para el estudio de fenómenos naturales. Las misiones como Copérnico permiten hacer un seguimiento de los cambios en la superficie terrestre, especialmente en zonas activas como Fogo, lo cual es muy importante para la prevención de desastres naturales.

